Análisis

Análisis de Saints Row IV

Por Borja Abadie
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Volition se pasa al absurdo total con Saints Row IV, donde nos convertimos en el presidente de los EE.UU. más disparatado de su historia: le gusta beber, trasnochar, las armas de fuego, está muy loco y tiene superpoderes. Igualito que Bush pero volando y lanzando rayos por las manos.  

Tener una idea original y rompedora en el mundo de los juegos no es nada fácil, pero tampoco lo es copiar un juego ya existente, aunque parezca raro decirlo. La saga Saints Row, así, nació bajo la sombra del todopoderoso GTA, aunque lo que en un principio era un clon absoluto ha ido ganando identidad propia con el paso de las entregas, al tiempo que perdía el realismo, el dramatismo y hasta la vergüenza por el camino.

Saints Row: The Third ya era un verdadero desfase, pero es que en esta última entrega, y aunque parecía imposible, Volition se ha superado. Como sabéis, este nuevo Saints Row surge de un contenido descargable, “enter the dominatrix”, que Volition preparaba para la tercera entrega y que nunca llegó a publicarse por los problemas de la bancarrota de THQ. Definitivamente, ese DLC se les fue de las manos hasta convertirse en la cuarta entrega de la franquicia.

De presidente a superhéroe

La imaginería yanqui, y en especial la factoría de Hollywood, siempre ha estado dispuesta a mostrarnos al presidente de los EE.UU. como un verdadero héroe y hombre de acción. Desde Harrison Ford pilotando el Air Force One o el humorístico Peter Sellers en Teléfono Rojo hasta los que incluso ya se han visto en la misma tesitura que nuestro protagonista en Saints Row IV, una invasión alien, como Bill Pullman pilotando cazas en Independence Day o el inolvidable Jack Nicholson de Mars Attacks. Bueno, pues Volition ha ido un paso más allá y han transformado al presidente, directamente, en un superhéroe.

Y es que nuestro protagonista y su banda, los Saints, han ganado tanto poder que ahora somos el presidente de EE.UU. Todo son risas y la ciudad de Steelport parece estar a nuestros pies, hasta que unos alienígenas deciden aguarnos la fiesta invadiendo la Tierra. Además, el líder de los aliens, el emperador Zinyak, nos mete en una especie de “Matrix”, una versión virtual de Steelport que se convierte en nuestro nuevo campo de fechorías.

Lo mejor es que en este universo alternativo contamos con superpoderes que terminan de convertir la aventura en un auténtico desmadre. Gracias a dos de los primeros poderes que recibimos, el supersalto y el supersprint, la manera de movernos por la ciudad cambia radicalmente. Podemos saltar edificios de 10 plantas o correr mucho más rápido que un coche, por lo que la experiencia se parece mucho más a InFamous o Prototype que a lo que vivimos en anteriores entregas.

Además, contamos con más poderes, como congelar a los enemigos, envolverlos en llamas, controlarlos mentalmente para que luchen a nuestro lado, encogerlos de un pisotón o lanzarlos por los aires usando nuestra telequinesis, entre otros muchos. Incluso podemos mejorar todas estas habilidades para aumentar su radio de acción, su fuerza, altura del salto… hasta convertirnos en una imparable máquina de matar, mutilar y humillar aliens. Eso sí, para poder mejorarlos tenemos que encontrar los clústeres que hay repartidos por el mapa (hay más de 1200). 

¿Poderes o armas? No me decido

A la fiesta se une un completo arsenal, que también podemos mejorar e incluso cambiar de apariencia. Además de las típicas pistolas, escopetas y metralletas, contamos con un elenco alien mucho más disparatado. La “dubstepadora” nos permite hacer que la gente empiece a bailar a nuestro alrededor, el cañón de singularidad crea pequeños agujeros que se tragan todo lo que tienen cerca (sí, como Shaundi), la secuestramátic abduce a nuestros enemigos, el hinchador hace que sus cabezas crezcan hasta reventar, etc…

Uno de los puntos fuertes de la aventura es, sin duda, la gran variedad de misiones. Además de las 37 misiones principales podemos completar decenas de tareas secundarias. Hay carreras, resistir oleadas de enemigos, el mítico fraude al seguro, desactivar generadores alien, escalar gigantescas torres extraterrestres… Aunque las hay mucho más locas, como las batallas de tanques, sembrar el caos pilotando un ovni o el concurso Profesor Genki Mind Over Murder, en el que lanzamos personas, coches y cabezones Genki a través de unos anillos colocados por el mapeado usando nuestros poderes telequinéticos.

Para amenizar nuestras locuras, la banda sonora incluye 7 emisoras de radio, que podemos reproducir también fuera de los coches, con temas de Blur, Outkast o Aerosmith, por ejemplo. Hay de todo: reggae, pop, rock, rap, clásica… Con temazos como “What is love” de Haddaway que resultan extrañamente apropiados para el juego. Las voces, eso sí, están en inglés y resulta molesto seguir la acción al tiempo que leemos los subtítulos.

Ningún presidente es perfecto, pero este es divertido

La aventura es un desmadre desde los primeros minutos de juego hasta los últimos segundos de las 25-30 horas que nos lleva completarlo al 100%. La pantalla es un incesante bombardeo de efectos de luz, partículas, explosiones, con decenas de enemigos en pantalla y situaciones cuando menos inverosímiles, pero muy divertidas.

El sentido del humor también es una constante, con referencias a Star Wars o parodias de juegos como Mass Effect. Y es que poco a poco vamos rescatando a nuestros colegas de banda y despertándoles del sueño Matrix, con lo que se unirán a la tripulación de nuestra nave. Y al más puro estilo de la saga de Bioware, podemos intentar tener un romance con ellos. Como no podía ser de otra manera, aquí todos dicen que sí, sin importar el sexo ni el número de veces que se lo pidamos, con escenas tronchantes.

Las opciones de personalización abarcan desde el aspecto de las armas o de nuestra banda hasta, y sobre todo, la de nuestro querido presidente. También podemos personalizar al máximo los coches, motos, camiones, ovnis o aviones que podemos pilotar, aunque no tiene mucho sentido utilizarlos, ya que nos desplazamos mucho más deprisa utilizando nuestros poderes. Y ese es, precisamente, uno de los puntos flacos de Saints Row IV, ya que aquí lo interesante, y lo más divertido, son los poderes, y todo lo demás es superfluo e innecesario.

El apartado técnico es algo flojo, con texturas muy planas o modelos algo cutres. Tampoco falta a la cita el “tearing” (esa molesta línea que aparece por un mal refresco de la imagen en pantalla), aunque en parte se compensa por la cantidad de efectos en pantalla y el imponente tamaño de los escenarios. Además, nos queda la sensación de que se han reciclado la mayoría de los elementos de la anterior entrega. Lo que no se le puede negar a la obra de Volition es que ofrece acción desenfrenada y sin complejos, humor absurdo, situaciones surrealistas y, en definitiva, grandes dosis de diversión (más aún jugando con un amigo en el modo cooperativo online) y que engancha desde el principio hasta el final, lo que lo convierte en una de las grandes opciones del verano. Hasta que llegue GTA V, por lo menos

Valoración

Una oda al absurdo, el surrealismo y la diversión sin complejos, con un desarrollo que mezcla la mecánica de anteriores entregas con juegos como Prototype o Crackdown. Engancha.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

La variedad de situaciones y su loca propuesta, mezcla de sandbox, poderes y humor.

Lo peor

Técnicamente está anticuado. La conducción no tienen sentido al ir más rápido corriendo.

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