Análisis

Análisis de Senran Kagura Burst

Por Laura Gómez
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Versión comentada: 3DS

Se ha levantado una polémica muy comprensible con Senran Kagura Burst, lo nuevo de Marvelous y Tamsoft. No es la primera vez (ni la última) que jugamos alrededor del despelote gratuito, sobre todo tratándose de Japón, pero quizá sea una de las propuestas eróticas con peor gusto. Adolescentes estereotipadas y magníficas guerreras sin rastro de parodia. No para todos los públicos. 

Con el desarrollo de Marvelous y Xseed Games nacía Senran Kagura Burst, una compilación del original Senran Kagura de 2011 y de su secuela de 2013, Senran Kagura Burst. Apenas tres años de vida y el icono Senran Kagura ya cuenta con una serie de anime, una colección de mangas y un juego exclusivo de lucha para PS Vita. No parecía que en España fuéramos a disfrutar de este festín de sujetadores, pero Nintendo colgaba el juego en la eShop rememorando un aluvión de críticas tremendamente justas. No se ha renombrado su título con la llegada a 3DS, algo que habría facilitado mucho la información sobre el juego para la nueva audiencia, aunque ese “Burst” final describe bastante bien lo que nos vamos a encontrar: una explosión de fetichismo nipón, como siempre, poco sutil.

Los juegos se centran en dos bandas rivales de ninjas adolescentes repletas de clichés de la llamada comedia harem: están la seria, la disciplinada, la insegura, la infantil y la lujuriosa, el rol más aprovechado a lo largo del título. Sorprendentemente, todas ellas cuentan con una historia dramática de superación personal representada de forma banal, dibujando a los personajes como unidimensionales y recordándole al jugador que el detalle no implica necesariamente profundidad. Aunque es apreciable el esfuerzo por representar a las chicas como figuras desamparadas y escondidas de la sociedad, queda claro que el objetivo principal de sus desarrolladores era otro mucho más primario.

 

Desfile de bikinis

Las batallas de Senran Kagura Burst son planas y rápidas. Nuestras chicas suben de nivel con gran velocidad y patean traseros en combos aéreos con una facilidad asombrosa; sin embargo, un detalle marca el desarrollo de las luchas: la transformación shinobi (bueno, kunoichi para ser más exactos) de cada guerrera es un desfile de bikinis. El traje especial de cada una de ellas pierde tela a medida que reciben más golpes, ofreciendo una cinemática detallada de sus curvas imposibles cada vez más desnudas. Cualquier otro elemento narrativo fuera de la provocación y la exposición se siente secundario.

En la sala central es donde se van alojando los coleccionables del juego: nuevas canciones, vídeos o complementos con acceso directo en la pantalla táctil. Este espacio nos permite hablar con todas nuestras compañeras, guardar partida, elegir nueva misión o probarnos modelitos. Cinco (con un personaje jugable extra en cada juego) son las shinobi dibujadas por Nan Yegashi a las que podemos vestir con nuevos outfits y complementos al más puro estilo Barbie en la “Dressing room”, un vestuario incorporado para examinar con lupa la delantera de nuestras muñecas. Las alumnas de la Hanzō Academy (fase inicial recomendada) y la Hebijo Clandestine Girls' Academy tienen diferentes estilos combativos y magias que implementar en peleas con finalidades curiosas: hacer la compra en el mercado, luchar por un peluche o recuperar un USB perdido.

Las kunoichi son guerreras

El apartado gráfico, por supuesto, ayuda a la exhibición insana. Si bien su acabado tiene bastantes picos y no es ninguna maravilla en cuanto a potencia, el 3D de la consola está bien exprimido (aunque no se utiliza en la acción) y apoya al exceso gratuito de carne. Primeros planos cercanos, trucos de cámara y la posibilidad de menear los pechos de las guerreras agitando la consola.

 

Si queremos llevar la “explosión pechugona” más lejos aún, la ropa de nuestras protagonistas explota al principio del combate si activamos un llamado “Frantic Mode” que te deja en ropa interior. Con este modo, somos más vulnerables a daños, pero también más ágiles. Completar los niveles en este modo genera una recompensa, pero para los desarrolladores la mayor recompensa es la de ver a una ninja adolescente en bikini que maneja armas que salen de entre sus piernas. ¿Necesario? Nunca. ¿Recurrente? Años nos avalan.

Nuestros enemigos son una panda de luchadores de lo más surrealista, desde compañeras de escuela hipermusculadas hasta robots de color rosa. A pesar de su variedad, todos luchan igual y te los cargarás con estrategias muy similares. Las peleas finales son contra rivales ninjas que se caracterizan por la misma desnudez y comentarios sexuales que los que lanzáis tus compañeras y tú, así que los golpes arbitrarios no te supondrán ningún reto especial que no hayas vivido en las luchas anteriores. Senran tiene más de 100 misiones entre las dos campañas, con escenarios planos que se repiten porque, de nuevo, ya nos ha quedado más que claro su objetivo.

Rejugabilidad al cubo

Si algo hay que conceder a este producto demencial es su duración. Coleccionables eternos, casi 150 misiones en las que entra en juego el factor rejugable, cinco personajes a los que evolucionar, nuevos movimientos que aprender, muchas estadísticas que mejorar (puro clasicismo en los contadores de golpes, barras de Boost y ataques especiales) y una cantidad de outfits que raya lo absurdo. Sus combates, aunque simples, pueden llegar a ser divertidos si exploramos sus posibilidades; las ilustraciones 2D están muy bien hechas y los recursos dedicados a los fans del género como las imágenes fijas tipo libro para contar la historia de cada chica son un buen detalle.

 

Sin embargo, es ese exacerbado fan service el que aglutina las escenas subidas de tono más desagradables del beat ‘em up con la ausencia del buen diseño del que presumen muchos de ellos. Todo junto, agitado y servido en el tanga de una bailarina exótica. Sin entrar hoy en el problema sexista evidentemente presente en el 95% de sus dibujos, diálogos (con texto en inglés) y artimañas técnicas, la obsesión sexual que se representa en Senran Kagura Burst distrae de sus virtudes.

No es que no podamos apreciar la presunta profundidad de sus personajes, es que sus pechos y sus nalgas no nos dejan verla. Sin un presupuesto con el que llevar a cabo un producto bien elaborado, el equipo se apoya en aquello que (errónea y universalmente concebido) no requiere demasiada artesanía: sexo y violencia. Seguimos así. Una lástima.

Valoración

Un decente juego de acción de la vieja escuela que se empaña con los desmesurados fetiches eróticos de los nipones. Gran gama de contenidos, pero también repetitivo y plano.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

Reúne en un solo descargable los dos Senran Kagura. El estilo novela gráfica para el fan.

Lo peor

Un canto chusco a la voluptuosidad y la mujer irreal. Naturaleza machacabotones.

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