Análisis

Análisis de Splinter Cell Blacklist

Por David Martínez
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Después de actuar como agente de la NSA, infiltrarse en una célula terrorista y perder a su familia (en los Splinter Cell anteriores) Sam Fisher regresa para acabar con Los Ingenieros, un grupo rebelde que ataca objetivos americanos por todo el mundo.  

La lista negra que da nombre a Splinter Cell Blacklist contiene objetivos terroristas situados por todo el mundo: desde Oriente Medio a Los Estados Unidos, pasando por Europa, ningún lugar está a salvo de Los Ingenieros (un grupo rebelde que quiere vengarse del gobierno americano con un atentado cada siete días). Por eso la presidenta ha tenido que recurrir a su mejor hombre: Sam Fisher, ahora convertido en líder del equipo Fourth Echelon.

Se trata de una herramienta quirúrgica; un soldado capaz de internarse en territorio hostil y llevar a cabo operaciones de rescate, eliminación, desactivación de explosivos... sin ser descubierto. Y en esta ocasión, actúa con el respaldo de Anna Grimsdottir (Grim) como enlace en base, Charlie Cole como ingeniero e Isaac Briggs como apoyo sobre el terreno. Juntos se van a enfrentar a una campaña profunda y compleja, que se apoya sobre un argumento "made in Tom Clancy" que crece en intensidad (y que guarda algunas sorpresas para los veteranos de la saga).

Infiltración clásica

Podemos jugar de tres formas diferentes: el modo asalto consiste en afrontar las misiones como si fuese un juego de acción, eliminando a los enemigos que se crucen en nuestro camino. El modo fantasma es todo lo contrario: aquí Fisher trata de pasar desapercibido, sin llamar la atención de los centinelas, y haciendo uso de los gadgets más sofisticados. En el punto intermedio se encuentra el modo pantera, en que eliminamos a los rivales de forma silenciosa. Cuanto más sigilosos seamos, mayor será nuestra puntuación (dinero que luego podemos invertir en mejoras). Aquí tenéis un vídeo de las múltiples formas en que podemos resolver una situación.

Todos los recursos de los juegos anteriores se incroporan perfectamente en Blacklist: vuelve el estilo de infiltración basado en mantenerse en las sombras, con la posibilidad de marcar a nuestros enemigos y ejecutarlos de modo automático. También se queda nuestra silueta "grabada" en el último lugar en que nos descubrieron, para saber cómo piensan los guardias enemigos, y así poder flanquearlos. Y hasta se recupera el interfaz dinámico, en que la información aparece "proyectada" en paredes del escenario.  Lo más nuevo es el uso de gadgets, como el dron trirrotor o el cuchillo karambit, del que ya os he hablado en un blog.

Incluso encontramos niveles que rompen el desarrollo por completo, como  jugar en primera persona encarnando a Briggs, huir de un bombardeo con drones predator o disparar con un rifle de precisión mientras caemos en paracaídas. Sin embargo, este esfuerzo por añadir variedad al desarrollo se estropea al encontrar algunos escenarios muy similares, por ejemplo, a Splinter Cell Chaos Theory, y otros demasiado rígidos, en que avanzamos mediante la técnica de ensayo y error. Si sois conocedores de la saga de Ubisoft, vais a tener una sensación de "deja vu" constante.

A bordo del Paladín

Los niveles de Splinter Cell Blacklist están ambientados en zonas muy diferentes del globo (donde se supone que los Estados Unidos conservan intereses geopolíticos). Se trata de lugares tan variados como Guam, Libia, Irak, Chicago, Paraguay, Londres... y para movernos entre ellos contamos con el Paladín. Hablamos de un enorme avión de transporte tipo C-147 B, reconvertido en la base de operaciones de 4th Echelon. Esta aeronave está dividida en zonas como la celda, el mapa IME, el laboratorio... por los que nos movemos libremente entre misiones para hablar con nuestros compañeros de misión, mejorar nuestro equipo o comprar armas en el mercado negro.

Estos momentos recuerdan bastante a Mass Effect -aunque la Normandy nos ofrece más posibilidades- y de hecho, las misiones (campaña, secundarias y multijugador) se escogen a través de un mapa, igual que en el juego de Bioware. En cuanto reconocemos el interior del avión y lo adoptamos como base de operaciones, la integración de misiones, menús de personalización y el metajuego Shadownet es total, y mejora bastante nuestra experiencia. Ya no tenemos la sensación de que cada escenario permanece aislado, como ocurría en anteriores entregas de la saga.

El multijugador

Si ya hemos comentado que Splinter Cell Blacklist mejora lo visto en la campaña de los cinco juegos anteriores, el salto de calidad es todavía más evidente en el modo multijugador. Por un lado tenemos las misiones cooperativas, en que uno de los jugadores encarna a Fisher y otro dirige a Isaac Briggs. Estas misiones se pueden jugar online, a pantalla partida (salvo en Wii U) o en solitario, y están integradas con la campaña, como si se tratase de objetivos secundarios. Hay más de 10 de estas operaciones, y si conseguimos compenetrarnos con nuestro compañero, las situaciones son mucho más electrizantes que en el modo historia. Aquí os lo mostramos en vídeo.

Charlie también nos encarga una serie de misiones por oleadas, en que tenemos que resistir el asedio de numerosos enemigos en un entorno cerrado. Este modo de juego nos recuerda al multijugador cooperativo de Mass Effect 3, y resulta más intenso si aprovechamos nuestras habilidades de sigilo en lugar de imponernos por la fuerza.

Dejamos lo mejor para el final, el regreso del modo asimétrico espías contra mercenarios. Los primeros juegan en tercera persona, como en la campaña principal, y pueden personalizar su soldado con los mismos gadgets que utiliza Fisher. Los mercenarios, por el contrario, juegan desde una perspectiva subjetiva, van acorazados y armados hasta los dientes... Así se enfrentan en partidas online cuatro contra cuatro, en que unos deben hackear ordenadores, mientras sus rivales les dan caza.  Lo podéis ver aquí mismo.

La versión de Wii U

La adaptación para la máquina de Nintendo está bien equilibrada. Al contrario que en los primeros juegos de Wii U donde el uso del mando era algo forzado, en Splinter Cell Blacklist, parece natural y nunca nos saca de la acción. El desarrollo es exacto a las otras versiones de consola, y sólo varía en momentos puntuales: utilizamos la pantalla táctil para seleccionar nuestras armas y gadgets desde un menú, o para ver -en primera persona- lo mismo que Fisher vería a través de su microcámara. La pantalla del Wii U Gamepad también nos permite controlar el trirrotor o usar las gafas de visión nocturna con el giroscopio, para marcar a los centinelas enemigos.  

Sin embargo, las mejoras de esta versión también tienen un precio. Aunque la experiencia durante la campaña sea más inmersiva, no podremos disfrutar del modo cooperativo a pantalla partida, como en las otras versiones. Esto parece lógico, ya que sólo uno de los jugadores contaría con la pantalla adicional. Por otro lado, nos hubiera gustado que el juego hiciese uso de la cámara para personalizar el camuflaje de nuestro traje, como en Metal Gear Solid Snake Eater 3D o que facilitase la personalización del equipo con un interfaz táctil optimizado.  

Puede que tenga un desarrollo conservador, con algunos niveles demasiado rígidos, y que el apartado técnico (que vuelve a hacer uso del motor Unreal) no sea tan "puntero" -habrá que ver qué ocurre con las versiones para PS4 y Xbox One que ya se han anunciado- pero la infiltración táctica está ajustada al milímetro, y nos brinda una experiencia muy intensa, sobre todo para los "recién llegados".

Valoración

Las últimas entregas, Double Agent y Conviction, habían perdido la esencia de Splinter Cell. Pero Fisher ha reaccionado a tiempo, y ahora recoge lo mejor de la infiltración, con modos adicionales, un estilo más fluido y nuevas localizaciones.

Hobby

85

Muy bueno

Lo mejor

La integración de la campaña, las misiones secundarias y el modo multijugador (cooperativo y versus)

Lo peor

Algunos niveles recurren al ensayo y error. Técnicamente justito.

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