Análisis

Análisis de Tearaway para PS Vita

Por Rafael Aznar
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El cartapacio de Media Molecule está lleno de grandes ideas. Tras tocar la fibra sensible del personal con Little Big Planet, el estudio inglés llega al rescate del catálogo de PS Vita, al menos en lo que a exclusividades se refiere, con Tearaway, una encantadora y original aventura de papel cuyo protagonista, Iota, tiene un mensaje urgente que entregarnos. A la portátil de Sony aún le late el corazón.

Durante el año y medio largo que lleva en la calle, PS Vita se ha hartado a recibir adaptaciones de juegos de PlayStation 3, un recurso tan fácil para los desarrolladores como poco atractivo para los usuarios. Al margen de títulos como Uncharted: El Abismo de Oro, Gravity Rush, Soul Sacrifice o Assassin's Creed III Liberation, el catálogo de la portátil de Sony ha ido engrosándose con infinitas toneladas de "ports": los dos Ninja Gaiden Sigma, Metal Geard Solid HD Collection, Ultimate Marvel vs Capcom 3, Street Fighter X Tekken, Need for Speed Most Wanted, FIFA… Todas esas traslaciones, más que notables en buena medida, han conformado un buen repertorio jugable, pero se echaban en falta exclusividades que llevarse a la muela, todo lo contrario que en 3DS.

Por suerte, en este final de 2013, se está mitigando un poco esa preocupante tendencia. En septiembre, Killzone Mercenary desplegó un buen arsenal de disparos y, ahora, llega Tearaway para mitigar un poco la parquedad de catálogo exclusivo. El estudio Media Molecule ha sido el encargado de incubar esta nueva IP, que, con algunas reminiscencias de Little Big Planet, logra hacerle un buen boca a boca a la consola para insuflarle vida. Desde el primer minuto de partida, el juego es una declaración de intenciones. Dos voces en off claman por la necesidad de ser original y contar una historia novedosa, y lo cierto es que el título lo consigue, con el valor añadido de ser uno de los que mejor han sabido explotar las peculiaridades jugables de la máquina.

La nueva monería del estudio británico cuenta con un protagonista de lo más peculiar. Se trata de Iota (o Atoi, si optamos por la versión femenina), una carta vivificada a la que le surgen extremidades para poder valerse por sí misma y, así, entregar el mensaje que guarda en su cocorota de papel. El destinatario de la misiva es un Tú, una especie de semidiós que le contempla desde otro lado del sol y que está encarnado por nuestro propio rostro, que se integra en el mundo del juego gracias a la cámara frontal de PS Vita. En ésas, unos enemigos conocidos como pedacitos empiezan a caer desde el astro rey, poniendo en peligro la seguridad de Valledoblado. Así, Iota tiene una doble misión: hacer lo que haría un buen empleado de MRW y, a la vez, darles matarile a los aparentemente inofensivos pedacitos.

Una aventura papirofléxica

El desarrollo del juego es el de una aventura tridimensional con toques plataformeros y destinada a todos los públicos. Hay que avanzar por diversos escenarios, más o menos lineales, superando todo tipo de obstáculos. Inicialmente, Iota no tiene ninguna habilidad, pero, poco a poco, obtiene la capacidad de saltar y la de rodar, así como un acordeón que le permite succionar enemigos o lanzar ráfagas de aire para activar mecanismos. Todo eso se gestiona con el joystick y los botones. Ahora bien, es en el aprovechamiento de las características de PS Vita donde el título da lo mejor de sí. Con permiso de Gravity Rush, seguramente sea el título que más partido ha logrado sacarle a la consola.

En primer lugar, se hace un uso intensivo del panel táctil trasero. Valledoblado es un mundo de papel que está contenido en el interior de la consola, pero el Tú (que somos nosotros) puede meter sus dedos en él a través de ese panel táctil. Así, hay numerosos zonas con iconos de Sony (cuadrados, aspas, triángulos y círculos) que nos indican que podemos interactuar, para eliminar enemigos, hacer girar mecanismos, frenar el agua de una cascada… Destaca, sobre todo, la presencia de una serie de pieles de tambor, que, como si fueran camas elásticas, pueden proyectar a Iota por los aires, previo toquecito por detrás de la consola. Asimismo, hay ciertos tramos donde toca empujar y colocar diversas plataformas móviles.

La pantalla táctil también tiene un peso determinante. Gracias a ella, podemos descorrer cortinas, plegar y desplegar plataformas necesarias para poder avanzar, ralentizar discos musicales vinculados a plantas móviles, desplazar balsas sobre el agua… Lo más relevante es la conversión habitual de la pantalla en una mesa de trabajo donde crear recortables. Así, se nos ofrecen cartulinas de diversos colores, un lápiz y unas tijeras para que creemos diversos elementos que, luego, pasan a integrarse en el mundo del juego.

El giroscopio, por su parte, sirve para agitar piedras y balancear algunas estructuras arquitectónicas, aunque su uso es muy esporádico. En cambio, las cámaras sí que se usan con frecuencia, pues hay que sacar fotografías a diversos personajes e incluso a Iota y a nosotros mismos, con un estilo mucho más artístico que el de las típicas “fotos Tuenti”. Finalmente, el micrófono se utiliza en un par de ocasiones para integrar gritos, pero de forma muy anecdótica.

Todos esos controles, especialmente los táctiles, entroncan de maravilla con los controles clásicos de joystick y botones. Hay numerosas combinaciones: mover un rodillo con el panel trasero mientras mantenemos a Iota sobre él con la palanca, hacer saltar plataformas con ese mismo panel mientras el protagonista pasa por debajo, rotar planchas con el giroscopio mientras se salta con el botón X… A eso, hay que añadir la existencia de una gran variedad de situaciones: asustar cuervos poniéndoles cabezas con forma de calabaza a diversos espantapájaros, montar a lomos de un cerdo, rodar por empinadas rampas, desequilibrar balanzas con ayuda de bellotas, activar mecanismos mediante lanzamientos de manzanas, caminar por paredes verticales anegadas de pegamento… Hay algún pequeño problemilla con la cámara, que no siempre es rotatoria, pero no logra empañar el genial diseño jugable del título.

Un universo de manualidades

Una de las grandes características de Tearaway, heredada de Little Big Planet, es la posibilidad de personalizar numerosos elementos. No es tan vasta como en la saga de los Sackboy, pero hay múltiples opciones para darle al mundo nuestros particulares tijeretazos artísticos. Los más imaginativos disfrutarán, particularmente, de este aspecto.

Podemos personalizar a Iota de pies a cabeza, ya sea comprándole objetos (ojos, bocas, adornos) o pintándoselos, en momentos concretos, en los que se nos pide que nos hagamos unos mitones o un tatuaje con forma de corazón. En relación con eso, también podemos personalizar numerosos elementos del mundo, a base de cartulina, lápiz y tijeras. Por ejemplo, diversos personajes nos pedirán que les creemos una corona, un bigote, una calabaza, copos de nieve, llamas, estrellas… En realidad, podemos dibujar todas esas cosas como nos venga en gana, ya que no hay ningún juez que tenga que dar el visto bueno, lo cual deja mano ancha a la originalidad y la imaginación. Por ejemplo, se puede dar pie a una tormenta que no esté compuesta por copos, sino por cualquier objeto que se nos ocurra trazar.

La cámara también se presta a la personalización del mundo. Por un lado, hay diversos personajes que han perdido su color y que nos piden, amablemente, que los “vistamos” con patrones fotografiados de nuestro entorno. Hay incluso que sacar fotos a nuestra propia cara (con gesto neutro, con los ojos cerrados, con la boca abierta), que luego también se integran en ciertos tramos de los niveles.

Portafolios de corte sencillo y desenfadado

En términos gráficos, Tearaway no es una aventura que haga grandes alardes, pero, aun así, el colorido conjunto queda tan vistoso como simpático. Todos los escenarios simulan ser de papel, con una gran variedad de entornos, como un huerto, un granero, una montaña nevada, un puerto o una caverna. Pese a los límites que autoimpone el material papelero, hay efectos muy curiosos, como el de las olas del mar o el de algunos puentes colgantes, que se comban bajo el peso de Iota. De vez en cuando, coincidiendo con algunas zonas de transición de los escenarios, hay pequeños tirones.

No hay que olvidar que se trata de un título pensado para todos los públicos, y eso repercute en una amabilidad que alcanza a todo. No sólo el protagonista es entrañable, sino también las ardillas, los marineros o los alces con los que nos topamos. Además, el jugador puede contribuir a darle aún más belleza al conjunto.

El apartado sonoro está marcado por la ausencia de diálogos, ya que los personajes, simplemente, balbucean palabras ininteligibles. Para compensar, hay dos narradores que se dirigen al protagonista y cuyas voces están en castellano. La banda sonora es muy notable, con sonidos tribales y melodías muy desenfadas, si bien se echa en falta un poco más de variedad, pues llega un punto en que se repiten.

Tan efímero como un papel bajo la lluvia

Todo lo referido hasta ahora hace de Tearaway un estupendo título. Ahora bien, cuenta con una cortapisa muy considerable: sus quince capítulos se finiquitan en unas cinco o seis horas. Tan parca duración se intenta compensar con elementos coleccionables disgregados por los escenarios: el confeti que hace las veces de dinero, regalos ubicados en zonas recónditas y una serie de personajes a los que hay que fotografiar para desbloquear recortables de papel que se pueden imprimir a través de una página web. Pese a ello y pese al precio reducido de 29,95 euros, la extensión temporal se antoja escasa, aunque exista un tópico falaz que afirme que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Uno se queda con ganas de disfrutar más del adorable Iota. Parece como si hubiera prisa por hacer llegar al jugador al desenlace.

A esa limitada duración contribuye la reducida dificultad del juego, que es un auténtico paseo. Fenecer es poco habitual y si, por alguna circunstancia, se da el caso, aparecemos instantáneamente en el mismo sitio, para poder hacer pruebas de ensayo y error todas las veces que deseemos, sin ninguna penalización. Con eso, se gana un gran nicho de mercado, pero se habría agradecido que la aventura fuera un poco más desafiante.

Pese a ello, el juego desborda personalidad estética y jugable por las cuatro esquinas de su cartulina. Sabe aunar elementos clásicos con otros que sólo son concebibles en PS Vita, lo que hace de él una exclusividad muy notable. A Media Molecule nadie podrá reprocharle su buen gusto por la originalidad y lo naíf.

Valoración

La aventura rebosa originalidad y encanto, con uno de los mejores aprovechamientos que se hayan visto de PS Vita, aunque es más efímera que una cartulina a la intemperie.

Hobby

84

Muy bueno

Lo mejor

La manera de aunar los controles táctiles con los clásicos. La personalización y la simpatía.

Lo peor

Dura seis horas a lo sumo, en buena medida por lo facilón que es. Iota dispone de pocas habilidades.

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