Análisis

Análisis de Valentino Rossi: The Game

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: PS4

El análisis de Valentino Rossi: The Game, alias MotoGP 16, está ya en la parrilla de salida. Este año, Milestone Studios no se ha limitado a recrear el Mundial de Motociclismo en curso, sino que ha rendido homenaje a las dos décadas que lleva en él un mito como el ‘Doctor’, y la receta tiene dos caras, como los antiguos cascos del sol y la luna del piloto italiano.

En este análisis de Valentino Rossi: The Game para PS4, Xbox One y PC, no se va a hablar de patadas ni de polémicas, y menos una vez que el ‘Doctor’ y Marc Márquez han firmado ya la paz, tras la trágica muerte de Luis Salom. Habrá a quien le caiga mejor y a quien le caiga peor, pero es un hecho que el italiano es el piloto más carismático y mediático de la historia, hasta el punto de que hay quien sigue el Mundial de Motociclismo sólo por verle a él. Sus fans son legión, y no hay un solo gran premio en que el amarillo chillón no se deje notar en las gradas. Tanto es así que, aprovechando que se acaban de cumplir los veinte años de su debut en el Campeonato del Mundo, Milestone Studios ha decidido alterar la denominación de lo que, en circunstancias normales, habría sido MotoGP 16.

La propuesta es, seguramente, la más ambiciosa que ha llevado a cabo el estudio milanés. Se incluyen todos los contenidos del campeonato en curso, como siempre, pero, además, hay motos y pilotos de todas y cada una de las veinte temporadas previas. No sólo eso: ‘Rossifumi’ ha sido siempre un gran aficionado al motor, lo que le ha llevado a participar en rallies, coquetear con la Fórmula 1 e, incluso, construirse una pista de tierra cerca de su casa, en Tavullia (el famoso MotoRanch), para entrenarse junto a los miembros de su academia de jóvenes talentos. Casi todo eso se ha plasmado en el producto, para el que el estudio de desarrollo se ha valido de su experiencia en otras sagas de velocidad, como MXGP, WRC o Sébastien Loeb Rally Evo, que, curiosamente, se lanzó hace sólo unos meses y también estaba construido en torno al legado de una leyenda del motor.

Un popurrí de disciplinas

Como no podía ser menos, el punto fuerte del juego son sus carreras de motos, que siguen la línea de lo visto en las tres entregas anteriores desde que Milestone recuperara los derechos de explotación del Mundial, allá por 2013. A caballo entre arcade y simulación, las opciones son muy configurables: físicas de la moto, ayudas a la conducción, daños, penalizaciones, rebobinado… El manejo varía notablemente entre las diferentes categorías, pues poco tiene que ver la facilidad para meter en vereda una Moto3 con los trallazos que pega una MotoGP a poco que se sea brusco con el puño del gas. Hay efectos de lluvia, pero no afectan a la conducción todo lo que deberían.

Como novedad, se ha introducido un supuesto medidor de cansancio, que, junto con el desgaste de los neumáticos, afecta al rendimiento. Es difícil ponderar esto, porque uno no se da cuenta a la hora de jugar, pero, haciendo carreras a distancia completa, sí que hemos notado que, en las últimas vueltas, nuestros tiempos de vuelta se resentían. En general, el control es muy satisfactorio, aunque la IA tiene altibajos, en especial en las primeras curvas de las carreras, lo que permite que, hasta jugando en la dificultad más elevada, podamos pasar desde la última fila de la parrilla a los puestos de cabeza en apenas un par de curvas.

Como decíamos, Rossi es un culo inquieto y no sólo ha competido con motos de circuito. Así, el juego incluye pruebas de dirt track, derrapes y rallies, con la participación de pilotos invitados, como su padre Graziano o el campeón de motocross Toni Cairoli. Se agradece esa variedad, pero lo cierto es que esas pruebas tienen más de anecdótico que de efectivo. El dirt track, que cuenta con carreras individuales, pruebas por equipos y eventos con rondas eliminatorias en el MotoRanch y en Misano, es lo que mejor funciona, con sus exagerados derrapes sobre tierra, aunque el manejo está lejos de estar tan pulido como el de la saga MXGP. En segundo lugar, en las competiciones de drifting, en las que hay que acumular derrapes para sumar puntos, el Mustang que conducimos es tan liviano que parece flotar.

Ahora bien, lo peor es el Rally de Monza, en el que manejamos un Ford Fiesta en una serie de trazados artificiales sobre el mítico circuito de Fórmula 1. A base de barreras y pilas de neumáticos, se plantean una serie de ‘ratoneras’ en las que tirar de freno de mano, con un control tosquísimo. El problema, sobre todo, es que las pruebas se hacen repetitivas y tediosas hasta decir basta. Hay una decena de tramos, lo que hace que la duración final de la competición supere los 40 minutos, con el agravante de que los insípidos recorridos son casi calcados. Aparte, hay sanciones absurdas, como que nos añadan segundos por salirnos a la grava por el exterior de una curva y, en cambio, nos dejen irnos de rositas si empujamos una barrera de plástico y recortamos a través de ella. Por suerte, el automovilismo no es el corazón del juego, así que podemos ignorarlo y correr un tupido velo.

Dos décadas de nostalgia

Por su propia filosofía, Valentino Rossi: The Game es uno de los juegos de motociclismo más extensos que recordamos. No sólo se han incluido los dieciocho circuitos de 2016, entre los que debuta el Red Bull Ring, sino también otras cinco pistas históricas: Phakisa Raceway, Donington Park, Laguna Seca, Estoril y la versión de Assen 2002, previa a su remodelación. Eso sí, hay que decir que Milestone ya había creado la mayoría de esos circuitos para entregas anteriores, así que tampoco se ha calentado mucho la cabeza.

Donde sí que ha acelerado a fondo la compañía italiana ha sido en la retrospectiva a los últimos veinte años del Mundial de Motociclismo. Para empezar, destaca el modo Eventos históricos de VR46, que incluye veinte pruebas que repasan los mejores momentos de la trayectoria del italiano, con uno por cada temporada. Como ya se hizo en Sébastien Loeb Rally Evo, antes de empezar, hay un pequeño vídeo de introducción en el que Rossi rememora, con su particular acento, por qué fue especial aquella prueba. Lo malo es que esos eventos apenas duran una o dos vueltas y, a veces, sólo presentan a dos pilotos en pista, para plasmar algún duelo concreto, lo cual queda muy extraño. Paralelamente, hay otros dos modos que juegan con la figura del italiano: Reta al Doctor, donde hay que batir un tiempo con una determinada moto en cada uno de los veintitrés circuitos, y Retos, que ofrece desafíos con fecha de caducidad que irán cambiando, aunque, en el momento de hacer este análisis, aún no estaban disponibles.

Si sois seguidores de largo recorrido del Mundial, os harán chiribitas los ojos con la cantidad de contenido histórico que se ha creado para poder ambientar las peripecias de Rossi. Además de la licencia de 2016 de MotoGP, Moto2 y Moto3, hay trece pilotos de las temporadas 1996-1997 de 125cc (Haruchika Aoki, Emilio Alzamora, Jorge Martínez ‘Aspar’, Noboru Ueda), once de las temporadas 1998-1999 de 250cc (Loris Capirossi, Tetsuya Harada, Olivier Jacque, Fonsi Nieto), once de las temporadas 2000-2002 de 500cc (Kenny Roberts Junior, Max Biaggi, Garry McCoy, Carlos Checa), 34 de las temporadas 2002-2014 de MotoGP (Sete Gibernau, Casey Stoner, Nicky Hayden) y todos los de la temporada 2015 de la máxima categoría. Esta vez, no se ha incluido a pilotos históricos con los que Rossi no coincidiera, como Doohan, Schwantz o Rainey, porque no tendría sentido, pero la selección es sensacional. Todas las motos se han recreado con todo lujo de detalles, y viajaréis en el tiempo al ver publicidades como las de Airtel.

Además, con el dinero acumulado, podemos comprar cosas de la Rossipedia, una biblioteca que recoge todas las motos, los cascos y las decoraciones especiales que Rossifumi ha utilizado a lo largo de su trayectoria, aunque sólo fuera en un gran premio. Hay hasta camisetas humorísticas como la de la Pollería Osvaldo o la de gallina vieja que hace buen caldo. A poco que os guste el Mundial, daréis palmas con las orejas.

En contraposición, hay que dar un tirón de orejas a Milestone por descolgarse de la moto, por segundo año consecutivo, con un DLC de pago disponible ya el mismo día de lanzamiento. En esta ocasión, se trata de los eventos reales de 2015, escamoteados del producto estándar sin ninguna justificación, igual que algunos eventos históricos adicionales de la trayectoria del ‘Doctor’.

Un box familiar por el que se ha pasado la escoba

La oferta de contenidos se extiende con las típicas modalidades de juego: campeonato, gran premio, contrarreloj, pantalla dividida, tablas de clasificación y multijugador online. En este último caso, pueden competir hasta doce personas, de modo que, si no se llega a ese número, las vacantes se cubren con pilotos manejados por la CPU. En el momento de hacer este análisis de Valentino Rossi: The Game, no había mucha gente online, pero pudimos conectarnos ya a los servidores y disputar algunas carreras sin aparentes problemas.

La joya de la corona es el modo Trayectoria, que se beneficia de la ambientación ‘rossista’ para convertirnos en miembros de la VR46 Riders Academy, la escuela de pilotos de la que forman parte promesas como Romano Fenati, Franco Morbidelli, Nicoló Bulega o Francesco Bagnaia. Nada más empezar, debemos crearnos un piloto y elegir el número, la edad, el apodo, la nacionalidad o el estilo de pilotaje. Lo malo es que el trasfondo es bastante plano y, más allá de un chat donde los otros pilotos y Rossi sueltan sus vaguedades, no vemos ni celebraciones de podio, ni entrevistas, ni las revistas que había en temporadas anteriores…

Sí nos ha gustado mucho el toque rolero que se le ha dado, lo que otorga cierta sensación de progresión. A medida que jugamos y obtenemos experiencia, progresamos en siete grandes campos: control de la aceleración, frenada, toma de curvas, agilidad, habilidad en lluvia, posición del cuerpo y condición física. Por desgracia, es muy fácil subir de equipo y el sistema de contratos es tan básico que sólo depende de la reputación acumulada, lo que nos permite elegir, cada varios grandes premios, a qué equipo queremos ir, siempre que entremos dentro del límite mínimo de puntos que tenga asignado. Por ejemplo, podemos dar el salto de Moto3 a MotoGP en nuestra primera temporada completa… Al final, el esqueleto que subyace es el que Milestone Studios lleva un lustro utilizando para, prácticamente, todos sus proyectos.

A medio gas, con el motor congelado

Hoy en día, Milestone es la compañía más prolífica en lo que a juegos de velocidad se refiere. Sólo en la primera mitad de 2016, la compañía italiana ha sacado hasta cuatro juegos: Sébastien Loeb Rally Evo, MXGP 2, Ducati 90th Anniversary y el título que nos ocupa. En otoño, llegará también Ride 2, lo cual es significativo. No en vano, muchos de los juegos que publica la compañía suelen sufrir de falta de testeo y de un apartado técnico obsoleto. Valentino Rossi: The Game se salva de la primera de esas lacras, porque una licencia tan determinante así lo aconseja (aunque el ‘bug’ de las carreras infinitas de MotoGP 13 quedará para la posteridad), pero no de la segunda.

A la espera de estrenar la tecnología de Unreal Engine 4 el año que viene, el actual motor de la compañía podría pasar perfectamente por el del equipo Repsol Honda o, incluso, el de McLaren Honda: está congelado y, lejos de ser un ‘pata negra’, ofrece muy poco margen de mejora. El rendimiento general es aceptable, incluso en las carreras de Moto3, donde se juntan hasta 34 pilotos, pero es innegable que el grado de detalle es más propio de PS3-360 que de PS4-One-PC. Juegos como Forza Horizon 2, Project CARS o DriveClub (que tuvo la expansión de motos Bikes) le quitan las pegatinas en la recta, como haría una Ducati con una simple Kalex.

La IA, que cuenta con cinco niveles de dificultad, tiene sus altibajos. Por lo general, se muestra competitiva, salvo en el embudo de las primeras curvas de cada carrera, un mal endémico a muchos títulos de velocidad, pero no resulta imposible batirla en el nivel máximo. Llama la atención su comportamiento en algunas carreras de MotoGP, en las que se forman grandes grupos y los pilotos se tiran en paralelo en las curvas de una manera poco acorde a la realidad. No son muy comunes, pero también hemos visto algún que otro ‘bug’, como una carrera que nos ganó un piloto de clase media como Yonny Hernández, porque se ‘teletransportó’ en las primeras curvas, apareció mucho más adelante y ya no pudimos darle caza (de esto, nos dimos cuenta a la hora de revisar la repetición). Para que os hagáis una idea, firmó una vuelta rápida de 1:48 en el Circuito de las Américas, por un 2:05 del segundo mejor registro…

En el apartado sonoro, el ruido de las motos es cumplidor y se han mejorado un poco el chirrido de los neumáticos al derrapar y los gritos del público. Llama la atención, sobre todo, la participación de Rossi, en inglés. En el modo Trayectoria, lo que dice es intrascendente y suena enlatado, pero las entrevistas de los eventos históricos son un gran documento para los apasionados de las motos. Como ya es costumbre, antes de las carreras, se escucha una pequeña presentación a cargo del gran Ernest Riveras, el periodista de Movistar+ que, con permiso del mítico Valentín Requena y su tarro de las esencias, es la voz del motociclismo en España. Eso sí, se le podría haber sacado más partido, porque, como otros años, lo único que hace es una breve introducción del gran premio en el que nos encontramos y de las condiciones atmosféricas. La banda sonora, por su parte, es intrascendente.

Continuidad y gasolina nostálgica

Por ir dándole el banderazo a cuadros a este análisis de Valentino Rossi: The Game, lo que nos encontramos es un juego que se puede ver desde dos perspectivas. Como MotoGP 16, es cumplidor, pero no presenta grandes novedades, ni en lo jugable ni en lo técnico. En ese sentido, es una mera extensión de lo que Milestone lleva haciendo desde que recuperara la licencia en 2013. Ahora bien, los fans de largo recorrido del Mundial de Motociclismo y, en especial, los del ‘Doctor’ encontrarán aquí el mejor homenaje posible a los últimos veinte años del certamen. La parte automovilística podría haberse pulido más, pero correr con todas las motos que ha pilotado Rossifumi a lo largo de su trayectoria, junto con otras, como las de Stoner, Gibernau, Kenny Roberts Junior y otros muchos, es un auténtico golpe de nostalgia. Si sois de los que vibraban ya en 1996, cuando un imberbe italiano logró su primera victoria en Brno, el mismo día en que Álex Crivillé batía a Mick Doohan por sólo dos milésimas de segundo, os volveréis a sentir como niños.

Valoración

Como MotoGP 16, no ofrece cambios jugables ni visuales significativos, pero lo compensa con su homenaje a Valentino Rossi y a los últimos veinte años del Mundial.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

El contenido histórico. El toque rolero del modo Trayectoria. El control cumple con creces.

Lo peor

Discreto en lo técnico. El DLC de eventos reales de 2015. Las pruebas con coches son olvidables.

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