Análisis

Análisis encarnizado de Pandora's Tower

Por Gustavo Acero
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La última cosecha de RPG's recolectada por los usuarios de Wii culmina con Pandora's Tower, una aventura mitológica donde la acción se come al rol, aunque los carnívoros también os vais a poner las botas.

Hemos tenido el placer de exprimir Pandora's Tower, un nuevo canto de cisne para Wii. A pesar de la sequía de títulos propia de todo fin de ciclo (y esto no es ningún paralelismo futbolístico), Wii lleva meses viviendo su época dorada en lo que a aventuras de rol japonés se refiere. Antes de deslumbrarnos con Zelda Skyward Sword, Nintendo Europa nos trajo el descomunal Xenoblade Chronicles, y después nos embarcó en el universo medieval de The Last Story.

Aun así, a este pastel RPG le faltaba una guinda, y eso mismo es lo que viene a poner Pandora's Tower: acidez argumental y jugable gracias a un desarrollo más directo y centrado en la acción, género que hasta ahora había sido la especialidad de Ganbarion, estudio vinculado a sagas como Jump Super Stars o One Piece. Pues bien, una vez presentados los chefs, pasemos a degustar el plato entrante: la historia.

Esta chica es un demonio

Helena, la hermosa joven encargada de amenizar el festival de la cosecha, sufre una maldición que la irá transformando en un monstruo horripilante, como consecuencia del ataque de una bestia oscura que ha dejado la ciudad de Hélicon hecha un patatal. Para remediar tamaña desgracia, Aeron, un valeroso joven del reino de Atos, deberá recorrer las Trece Torres de la Cicatriz (el abismo que une las tierras del mundo), y llevarle a su chica las tripas de los enemigos abatidos, ahí, sin "táper" ni nada. Aunque la religión de Aios le prohíbe comer carne, Helena tendrá que hacer de tripas corazón, pues es el único antídoto que revierte los efectos de la maldición.

Si hubiesen existido las hamburgueserías en el año 511 de la Era Unificada (la época imaginaria que da pie a la trama), nos habríamos evitado el tener que adentrarnos en estas laberíticas mazmorras en busca de carne cruda. De todos modos, en sus abundantes y enormes pisos, salas y patios nos esperan más puzles que monstruos, basados en activar mecanismos, trepar por enmohecidos muros y colgarnos de salientes con la agilidad de un príncipe de Persia. Por tanto, la acción queda relegada a un segundo plano por la exploración y la habilidad plataformera... hasta que llegamos a la cámara de los amos, donde reside la auténtica "chicha" de Pandora's Tower.

Hasta entonces, la desasosegante atmósfera y la sensación de soledad evocan reminiscencias de obras como ICO o Shadow of the Colossus, título con el que comparte una premisa muy similar: salvar a nuestra amada dorrotando a doce amos, valga la repugnancia, pero es que es eso lo que sentiréis al arrancarles su palpitante corazón tras largos minutos de cruentísimas y difíciles batallas, que ponen a prueba nuestros reflejos, puntería y paciencia. Desde un árbol antropomorfo hasta un minotauro, pasando por una especie de escorpión gigante o un dragón de fuego, estos mitológicos jefes encarnan la parte más difícil de nuestra gesta. Vamos, que la carne viene con nervios, pero el segundo plato es un poquito más fácil de digerir, aunque a veces se nos atragante: la jugabilidad.

Cadena perpetua

Aeron está armado con una cadena multiusos cual Motorista Fantasma, pero sin el gato muerto que Nicolas Cage lleva en la cabeza. Y gatos no hemos visto, pero sí lobos y alimañas de todas las formas y tamaños. Para darles caza sin riesgo de dispararnos en el pie, la fiable cadena de Oraclos se emplea como un látigo casi tan versátil como el de Link, aunque sin sensor Wii Plus. No obstante, hace un uso estupendo del cursor del Wiimote, que nos permite disparar cadenazos a los enemigos, atraparlos por la cabeza o las extremidades, lanzarlos a Cuenca, unirlos o arrancarles las tripas una vez caídos. Y si agitamos el nunchuk, los haremos girar a nuestro alrededor mientras arrasamos con todo bicho viviente. Esto, sumado a la mayor precisión del cursor, hace que valga la pena jugar con Wiimote y nunchuk en lugar del mando clásico Pro, con el que a fin de cuentas tampoco podemos controlar la cámara, uno de los mayores lastres del juego.

El problema es que los ángulos están predefindos en función de nuestra ubicación, y éstos cambian a medida que pasamos de un módulo a otro del escenario. Si bien es cierto que la cámara aplica travellings, panorámicas y rotaciones en lugar de ángulos estáticos como en los primeros Resident Evil, la imposibilidad de manejarla a nuestro antojo afecta negativamente al control, obligándonos a cambiar de dirección sobre la marcha para caminar hacia un punto concreto. Y es una pena, porque las salas circulares de los amos, que se convierten en ejes de rotación, funcionan de maravilla y elevan la intensidad del combate a su punto álgido. Esto provoca un desequilibrio entre las mazmorras (los puzles) y los jefes, lo que transmite la sensación de estar ante dos juegos distintos.

Todo tiene un límite

Pero Pandora's Tower todavía se guarda un arma en la manga... aunque de doble filo. No nos referimos a las hojas gemelas de Aeron, ni a la guadaña, ni a la espada (que se usan con el botón 'A'), sino al medidor temporal que se activa cada vez que pisamos el suelo de una torre. En efecto, hay límite de tiempo, que nos obliga a salir y entrar cada dos por tres para alimentar a nuestra querida mutante. Lo que al principio tiene su gracia, se va volviendo cada vez más tedioso, y eso, unido a la linealidad estructural de las torres, provoca un desarrollo repetitivo y monótono.

Por tanto, con el fin de prolongar la duración de la aventura, que apenas roza las 20 horas, se ha optado por interrumpir el ritmo de la acción con este componente arcade que más bien provoca arcadas, pero no a nosotros, sino a Helena, que es la que tiene que zamparse las viandas de bestia cada vez que la visitamos para cargar el reloj. Entre tanto, podemos agasajarla con regalos, darle conversación o entregarle textos antiguos para aumentar el medidor de afinidad que la une a Aeron, cuya intensidad determinará el tipo de final veremos al acabar la aventura. Este desenlace múltiple, los cambios de objetos en el interior de las torres según la hora del día, así como una segunda vuelta más difícil, contribuyen a fomentar la rejugabilidad, lo cual es de agradecer.

Volviendo a las visitas clandestinas a Helena, éstas se producen en el Observatorio, cuartel general de Aeron, aunque en este caso las limitaciones son espaciales. No pedimos una ciudad Lázulis, ni una Colonia 9, pero sí un "hall principal" mucho más extenso, vivo y plagado de misiones secundarias que enriquezcan la tarea principal, pero por desgracia, no hay ninguna. Entonces, ¿dónde está el rol en Pandora's Tower, más allá de ganar experiencia, subir el nivel de nuestras armas e incrementar el poder de la cadena? Mejor será que se lo preguntéis a Mavda, que es la que lleva el tema del inventario y esas burocracias...

Esta enigmática anciana es la buhonera, dispuesta a comprarnos la carne sobrante (a saber para qué demonios la quiere) y vendernos objetos como elixires, antídotos, amuletos, bombas, piedras preciosas y demás archiperres a cambio de leots, la divisa que se maneja en Hélicon. Sin embargo, la capacidad del inventario es tan limitada que nos obliga a desechar ítems constantemente, aunque para ello haya que abrir y cerrar el menú cada dos por tres, o guardar los trastos en el baúl del Observatorio. Bien es cierto que esto añade un toque de estrategia, pero su mayor utilidad se ve reducida a recuperar salud en los momentos críticos, y para eso, podrían haberse ahorrado tanto papeleo innecesario.

La belleza de lo imperfecto

Y llegó el momento del postre: la dirección artística, cuyo sabor podría calificarse de agridulce. Por un lado, se aprecian momentos de gran virtuosismo, especialmente en el diseño arquitectónico de las torres, en la imponente apariencia y las animaciones de los amos, así como en ciertas secuencias de vídeo, como las de la ceremonia de apertura. Pero por otra parte, los pocos exteriores transmiten una sensación de inconsistencia, las saturadas texturas crean confusión en ciertas estancias y el aspecto poligonal de personajes y enemigos menores queda lejos de lo visto en este último año. Eso sí, la banda sonora, en la que resuenan ecos de compositores clásicos como Tchaikovsky o Verdi junto a coros muy efectistas, aporta la solidez que le falta al apartado visual.

En conclusión, se nota que los chicos de Ganbarion han puesto toda su carne en el asador para ofrecer una aventura oscura, madura y entretenida, pero les han faltado demasiados ingredientes para confeccionar un menú capaz de satisfacer los paladares que aún saborean las mieles de RPG's tan redondos como The Last Story. Desde luego, torres más altas que Pandora's Tower han caído, pero si os molan las mazmorras repletas de puzles y la acción "hack and slash" sin pretensiones, no tardaréis en pillarle el punto a este bistec tradicional, siempre y cuando no seáis vegetarianos... ni gourmets del rol muy hecho.

Valoración

Una aventura menor con destellos de brillantez, empañada por su cámara intocable y la tosquedad de los combates. La historia y los amos impactan, pero su linealidad y la falta de profundidad lo alejan de los grandes RPG de Wii.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

Los amos, variados y muy desafiantes. La versatilidad de la cadena y sus controles. Los escenarios.

Lo peor

El límite de tiempo. Puzles típicos, desarrollo lineal y repetitivo. Visualmente irregular.

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