Análisis

Análisis de The Witness para PS4 y PC

Por Alejandro Alcolea
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Versión comentada: PS4

Os traemos el análisis de The Witness tras muchas horas explorando el mundo que ha creado Jonathan Blow, el padre de una auténtica obra de arte indie como Braid. The Witness es un videojuego especial, único, inmenso y endiabladamente complicado. 

Tras mucho tiempo esperando, por fin ha llegado The Witness a PS4 y PC, la segunda obra de Jonathan Blow. En agosto del 2008 llegó Braid, un juego que difuminó la línea que separaba los juegos ‘grandes’ y los independientes y dio un golpe en la mesa demostrando que obras de este calibre podían pasar, en muchos aspectos, la mano por encima de la cara a las millonarias producciones de los estudios consolidados.

Braid tenía un diseño artístico brutal, una banda sonora que da gusto escuchar en cualquier ocasión y unos puzles con una curva de dificultad muy ajustada que nos permitían avanzar en una historia ‘de cuento de hadas’. Podría decirse que Braid fue quien abrió la puerta de los grandes independientes de consolas, siendo el precursor de juegos de la talla de Limbo, Fez, Super Meat Boy o Bastion, entre muchos otros.

Ocho años después, Blow vuelve a la carga con una maravilla para PS4 y PC que no es un juego más. Se trata de una apuesta del todo por el todo, ocasionando incluso el endeudamiento del propio Blow para terminar el juego. Esta afirmación, que bien podría parecer una exageración, se comprende a la perfección una vez nos perdemos por la colorida isla de The Witness, donde estaremos nosotros, los puzles, muchas puertas y el sonido de las olas.

El mundo ante nosotros

The Witness comienza con nuestro personaje en una especie de sótano. No se ve nada alrededor y los controles nos ‘animan’ a avanzar. Será entonces cuando, caminando por un estrecho túnel cilíndrico que parece la entrada a un refugio nuclear, veamos una luz que nos invite a seguir caminando. Al salir del oscuro túnel descubriremos un mundo maravilloso, con colores saturados, verdes, violetas, azules intensos y mucho naranja. The Witness nos conquistará, en primer lugar, gracias a un apartado visual que derrocha buen gusto por los cuatro costados.

De hecho, el apartado visual es la principal faceta con la que desde Thekla Inc. han promocionado The Witness ya que es lo más fácil de mostrar cuando hablamos de este juego. En esta ocasión nos olvidaremos de motores gráficos con nombres que destilan potencia por si mismos, y demás jerga técnica. Sólo hay que resaltar que, en ciertos momentos, cuando corremos encontraremos algo de popping, no es frecuente ni molesta pero ahí está.  

El diseño artístico del juego denota una atención al detalle y un gusto exquisito ya que los objetos, los árboles, las sombras… nada está puesto ‘porque sí’ sino que todo, absolutamente todo, tiene una razón de ser que se plasma en la faceta jugable ya que no todo es lo que parece. Se nota que el equipo de Thekla ha puesto toda la carne en el asador para mostrar un mundo precioso que no nos impactará por ningún motivo en especial pero que nos atrapará gracias a su conjunto. El molino, el castillo, la playa, los túneles, los campos… todo rezuma belleza y nos invitará a pasear, explorar la isla y, sobre todo, dejarnos llevar.

Es más, me atrevería a decir que no serán las primeras horas las que nos animarán a explorar el fantástico mundo que tenemos ante nosotros sino los propios puzles ya que, como en la vida real cuando nos enfrentamos a un problema, pasear tranquilamente escuchando el sonido de fondo, observar una panorámica de los escenarios y replantearnos nuestra estrategia mientras caminamos por la zona que más nos guste en el juego será la clave para no desesperarnos o volvernos rematadamente locos debido a los enfermizos retos que Blow nos ha preparado.

Puertas cerradas

Aunque el apartado visual es preciosista, la principal virtud del juego son sus puzles. Desde el primer paso que damos fuera del túnel donde comienza la partida, si no nos perdemos embelesados por el apartado artístico, hasta el último de esta fascinante obra, estaremos resolviendo rompecabezas. La mecánica será muy sencilla, simplemente tendremos que detenernos frente al panel que queramos resolver, seleccionarlo y guiar el trazo de color por el camino correcto. Es muy sencillo, los cuatro, cinco o seis primeros puzles serán extremadamente fáciles y nos invitarán a confiarnos.

Eso es lo que busca Blow, que nos confiemos. El concepto será el mismo en todos los puzles, encontrar el camino para conectar dos puntos. Sin embargo, la cosa se complicará cuando en lugar de una sola línea, la azul, tengamos la azul y la amarilla, o cuando la amarilla se mueva en espejo o sea, directamente, invisible. ¿Os parece poco? Con esa línea amarilla que se mueve en espejo tendremos que conectar varios puntitos dentro del laberinto. ¿Queréis más? Bien, siempre podréis encontraros que no tenéis el trazo dibujado en el laberinto y vais completamente a ciegas.

Puede que leyendo estas líneas ya os esté pareciendo un juego complicado pero, creedme, no he hablado de algunos de los puzles más difíciles del juego ya que siempre se cumplirá la máxima del ‘más difícil todavía’ en el siguiente reto que tengamos que cumplir, algo que no sólo nos hace avanzar a nosotros como jugadores sino que nos engancha de tal forma que puede que nos tiremos toda la tarde jugando sin darnos cuenta de que el Sol se ha puesto.

El gran reto para Blow ha sido el de crear más de 600 laberintos y, además, ir haciéndolos cada vez más difíciles, por no hablar del desafío mental para el creador que supone dotarlos de coherencia con el paisaje en el que se encuentran y con los bloques de puzles que debemos resolver para abrir nuevas zonas. Y es que, en la isla de The Witness habrá 10 zonas, cada una con diferentes bloques de puzles. Cuando completemos los puzles de un determinado bloque, abriremos otra puerta que nos conducirá a otro bloque de retos hasta entonces inaccesible y, si tenemos suerte, ese mini-bloque desbloqueará una de las cerraduras de otra puerta que creímos haber dejado atrás hace tiempo.

Todo en la isla está conectado y esto será otra de las virtudes del juego, el poder dejar reposar un determinado puzle y aun así avanzar en el juego resolviendo puzles de otro bloque situado en, por ejemplo, el otro extremo de la isla. Excepto las puertas cerradas, tendremos un espacio bastante grande para explorar, perdernos, interactuar, relajarnos y pensar la forma de superar ese maldito laberinto con el que llevamos media hora. Quién sabe si durante uno de esos paseos nos meteremos sin quererlo en un puzle donde no hay que guiar un trazo sino que debemos cuidar dónde pisamos para no errar. The Witness es maravilloso y nos sentiremos dioses cuando superemos ciertos rompecabezas, esa es una de las grandes virtudes del juego.

Descúbrete a ti mismo

Además de un reto, cuando hayamos superado un par de bloques descubriremos que no sólo debemos motivarnos con la resolución de los diversos laberintos sino que habrá una historia, un contexto que, aunque pueda parecernos algo vago, está ahí y conseguirá intrigarnos.  

Esto significa que no resolveremos puzles porque sí sino que tendremos varios elementos, como cintas (con voces como las de Ashley Johnson o Phil LaMarr), que nos harán plantearnos qué ha pasado con las esculturas humanas con vestimentas y objetos de diversas épocas que encontramos en ciertas zonas del juego. Esto se irá desbloqueando ante nuestros ojos pero, además de la ‘historia principal’ (en inglés con subtítulos de buen tamaño al castellano), podremos optar por buscar nuevos elementos que nos ayuden a descubrir el contexto de The Witness.

Este es otro logro que consigue Blow y es que, sin llegar a ser un Dark Souls con todo su ‘lore oculto’, el juego nos premiará si investigamos. De hecho, parece que los propios rompecabezas son un entrenamiento para nuestro espíritu investigador ya que no tendremos ningún tipo de ayuda ni indicación a la hora de resolver los retos y, además, muchas veces la solución no será obvia sino que tendremos que fijarnos en el propio escenario que rodea los paneles de puzles, en la iluminación, los reflejos, las sombras, todo lo que se nos ocurra, por muy retorcido que nos parezca, ya se le ha ocurrido a Jonathan antes que a nosotros y lo ha plasmado en un panel. Lo bueno de este sistema es que siempre obtendremos una recompensa, una ‘galletita’ por el trabajo bien hecho y, creedme, es ciertamente reconfortante.

The Witness

Conviértete en testigo

The Witness es un juego que no se anda con medias tintas. Si os gustan los puzles, os encontráis ante un juego imprescindible, con un montón de retos en los que tendremos que rompernos la cabeza para salir victoriosos y donde también disfrutaremos de una línea narrativa que no era necesaria pero que, bueno, ahí está, además de un precioso apartado visual que nos mete de lleno en una paradisíaca isla llena de color. Eso sí, aunque los efectos sonoros son correctos, se echa en falta una banda sonora original que acompañe. Podremos ponernos nuestra música, si, pero ahí estamos supliendo una carencia de un juego que pide una BSO de corte chill-out a gritos. Por el contrario, si no os gusta el género es mejor que no os acerquéis a The Witness porque acabaréis odiando los puzles. Lo que parece fácil en un principio, al cabo de treinta minutos os parecerá una auténtica locura.

Se trata de un juego que puede parecer demasiado caro, 39,99€ en PS4 y 36,99€ en Steam, pero cuyo rendimiento euro-tiempo invertido es el adecuado. Es muy difícil determinar la duración del juego pero, dependiendo de la habilidad, The Witness se puede superar en un marco de 15 horas hacia delante ya que depende de la pericia y de los paseos que nos demos por la isla. Eso sí, si queremos resolver el juego al 100%, ya podemos ir preparándonos porque, según los creadores, puede llevarnos más de 70 horas. ¿Conseguiréis resolver el puzle que el propio Blow estima que sólo un 1% de los jugadores podrán completar? Mientras esperamos el nuevo juego de Jonathan Blow intentaremos completar al 100% esta maravillosa y retorcida obra llamada The Witness.

Valoración

The Witness no entusiasmará a parte del público. Es difícil y desesperante, dos cualidades que, precisamente, atraparán a los entusiastas de los puzles. Es precioso, inteligente, reconfortante y, en definitiva, único.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

Juego muy inteligente que nos satisfará plenamente. Su isla es preciosa y esconde muchos secretos.

Lo peor

Su precio puede parecer elevado. La dificultad para novatos en puzles. Ausencia de BSO.

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