Análisis

Análisis de WRC 4 para PS3, 360 y PC

Por Rafael Aznar
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WRC 4, el juego oficial del Mundial de Rallies 2013, ya está en las tiendas y presto para el análisis de su gasolina. En la realidad, el francés Sébastien Ogier se proclamó campeón hace ya unas cuantas semanas, pero, en el mundo virtual, la contienda no ha hecho más que empezar. ¿A quién no le apetece un buen cóctel de alquitrán, gravilla, barro y nieve?

El Mundial de Rallies es una de las disciplinas más espectaculares del mundo del motor. No se alcanzan velocidades de 300 km/h como las de la Fórmula 1, pero da igual, porque la incidencia del entorno sobre la conducción lo compensa con creces. Hay que tener mucha pericia para ir rápido por caminos secundarios repletos de baches, piedras o vados de agua, sin pifiarla en el intento.

Es cierto que el World Rally Championship, como se refiere a él medio mundo, ya no es tan atractivo como lo pudo ser en los años 90 o a principios de siglo, cuando Tommi Makinen, Carlos Sainz, Colin McRae, Richard Burns, Marcus Gronholm, Didier Auriol o Petter Solberg eran capaces de ganar campeonatos, y marcas como Lancia, Mitsubishi, Toyota, Subaru, Ford o Peugeot invertían grandes cantidades de dinero para desarrollar sus coches. Muchas de las marcas huyeron despavoridas, pero Citroën y Ford mantuvieron a flote el campeonato, hasta el punto de alumbrar la marca francesa el nacimiento del mayor mito de la historia de los rallies: el de Sébastien Loeb, ganador de nueve títulos consecutivos. El piloto galo ya no está, pero le ha relevado su compatriota y tocayo Sébastien Ogier, cabeza visible de una camada de pilotos deseosos de demostrar su valía.

En ésas, Milestone Studios vuelve a la carga con WRC 4, disponible desde el 25 de octubre. Aunque no cuenta con tantos medios como los grandes referentes del género de la velocidad, a lo largo de los últimos años el estudio italiano ha demostrado que sabe hacer juegos de velocidad, como Superstars V8, MUD, los basados en el Mundial de motociclismo, los de Superbikes o, por supuesto, los de rallies. Tras lanzar MotoGP 13 el pasado mes de junio, la escudería transalpina despliega la nueva creación de su túnel del viento, a la que sometemos a análisis.

Con licencia para derrapar

El juego cuenta con la licencia de la temporada 2013 del Mundial de Rallies, que está a punto de finalizar (sólo queda por celebrarse la prueba de Gales, y el título ya está sentenciado en favor de Sébastien Ogier). Se incluyen las cuatro categorías del campeonato, es decir, WRC 1, 2, 3 y Junior. En total, hay 65 pilotos y 15 modelos de coches diferentes. Por supuesto, los más destacados son los de la categoría superior, que son el Volkswagen Polo R, el Citroën DS3, el Ford Fiesta RS y el Mini John Cooper Works, a los cuales se añade el Hyundai i20, un anticipo de la temporada 2014. Como es lógico, se incluyen todos los pilotos reales, como el citado Ogier, Sébastien Loeb, Dani Sordo, Mikko Hirvonen, Thierry Neuville, Jari-Matti Latvala, Mads Ostberg o Robert Kubica, el antiguo piloto de Fórmula 1. Todo es bastante fiel, salvo el hecho de que hemos visto a Loeb ganar su décimo entorchado… Los que sigáis el Mundial sabréis que eso es imposible, pues está parcialmente retirado y ya no corre más que un par de pruebas por temporada. No es nada grave, pero lo aclaramos por si hay algún purista entre el público.

La otra parte importante de la licencia es que se incluyen los trece rallies de que consta el campeonato: Montecarlo, Suecia, México, Portugal, Argentina, Grecia, Italia, Finlandia, Alemania, Australia, Francia, España y Gran Bretaña. Cada uno de ellos consta de seis tramos, lo que se traduce en un total de 78 recorridos diferentes, lo cual es una cifra considerable, si bien hay material reciclado del año pasado (nada demasiado reprochable, pues es algo inherente al género de la velocidad, si bien es más frecuente en los juegos que transcurren en circuitos). En relación con esto, se incluye la Power Stage, es decir, un tramo de cada rally en el que se conceden uno, dos y tres puntos a los que logren los mejores tiempos parciales (independientemente del resultado final del rally). Asimismo, se incluyen detalles como las fotografías de todos los pilotos e incluso de los directores de equipo.

WRC 4 es un juego de rallies al uso. Es decir, sólo hay un coche en pista, sin enfrentamientos directos entre pilotos. El cronómetro es quien determina quién es el mejor. El control se sitúa a caballo entre arcade y simulación. Hay ayudas como el freno automático, el estabilizador, la desactivación de los daños o el ya innegociable rebobinado, pero lo cierto es que el juego es bastante asequible. No es un simulador puro, de modo que no hay contravolantes y, en cuanto se pisa el botón del freno a fondo, el coche se queda casi clavado al instante. De hecho, no conviene abusar en demasía de los derrapes, ya que la máquina tiende a quedarse “matada”. No obstante, sí conviene usarlos en las horquillas de 180º, donde resulta muy útil la técnica de la “sacudida escandinava”, consistente en girar primero hacia el exterior para, a continuación, dar un volantazo hacia el interior y que el coche culee más. En materia de reglajes, se pueden hacer modificaciones sobre varios elementos de las suspensiones, la transmisión y la carrocería. En cuanto a los niveles de dificultad, hay diez, que pueden hacer que el juego sea un paseo o un enorme desafío, según lo que prefiera el jugador.

El control responde bastante bien, y se ve favorecido por el inspirado diseño de los tramos. Por ejemplo, nada tienen que ver los saltos ciegos del Mil Lagos con las arboledas galesas, las cuestas de Montecarlo o las horquillas de Cerdeña. A eso, se añaden puertas estrechas, puentes, terraplenes y otras vicisitudes orográficas que obligan a estar siempre ojo avizor, pues, si nos saltamos una curva tratando de atajar, el coche vuelve a ser “recolocado” antes del giro. Ahora bien, decepciona bastante el hecho de que el manejo se sienta igual sobre asfalto que sobre gravilla, barro o nieve. No temáis trompear por pisar una placa de hielo, por ejemplo, porque el título no contempla esa posibilidad…

Economizando en modos de juego

A grandes rasgos, el juego permite disputar un campeonato, un rally suelto o una etapa suelta, sin más. Junto a esas opciones básicas, está el modo Carrera, que es la piedra angular. En él, debemos crearnos un perfil, eligiendo el nombre, el país y la foto del piloto y el copiloto, así como un número y una matrícula que identifiquen al coche. Empezamos haciendo dos pruebas en la categoría Junior, pero nuestro representante nos va ofreciendo contratos a medida que obtenemos puntos de reputación (que dependen de la posición en que acabemos y de si ganamos a un rival concreto). A poco que lo hagamos bien con esas dos invitaciones iniciales, podemos saltarnos escalafones y fichar, directamente, por alguna escudería de la categoría de WRC 2.

Aunque en versión reducida, los rallies están estructurados como los reales, es decir, en tres etapas, con dos tramos en cada una. Al final de cada jornada, pasamos por el parque de servicio, donde disponemos de 60 minutos figurados para asignarlos a las reparaciones que haya que hacerle al vehículo, en elementos como la suspensión, los frenos, las ruedas, el motor, la dirección, el tubo de escape, la electrónica, el intercooler, la caja de cambios y la carrocería. Si tenemos tocada más de una parte, seguramente haya que decidir en cuáles invertir el precioso tiempo de los mecánicos.

El interfaz del modo Carrera es muy similar al que había en MotoGP 13, pero incluso más sucinto y falto de vida. En Milestone Studios no se calientan mucho la cabeza. Prácticamente, no sucede nada a nuestro alrededor. Simplemente, aparecen algunas noticias con los resultados del último rally y llegan correos electrónicos del equipo, del representante y del copiloto, siempre en tandas de dos y con mensajes clónicos. De hecho, el copiloto manda tres mensajes iniciales y no vuelve a articular palabra. También hay declaraciones aleatorias de los rivales entre tramo y tramo, para amenizar los tiempos de carga. La idea está bien, pero no va más allá de los tópicos e incluso de las falsedades: por ejemplo, hemos visto a Kubica decir que había hecho un trompo en el último tramo y que eso le había hecho perder mucho tiempo… La clasificación le desmentía: sólo habíamos conseguido sacarle seis segundos de ventaja, menos incluso que en los tramos previos de esa prueba. Son nimiedades, pero tampoco costaría hacer algo más profundo y menos decorativo.

Pasando al apartado multijugador, hay dos vertientes: la online y la local. Al jugar online, se pueden crear partidas de hasta dieciséis jugadores, aunque no hemos tenido ocasión de probarlo, ya que los servidores estaban desiertos. Asimismo, hay clasificaciones online que permiten consultar, tramo a tramo y categoría a categoría, nuestros mejores tiempos con los del resto de usuarios de todo el mundo. La idea casa de maravilla con un juego como éste, en el que todo va de contrarrelojes. Eso sí, hemos visto algún récord bastante sospechoso: por ejemplo, que el primero de un tramo tuviera un tiempo de 1:48 y que los centenares de usuarios restantes tuvieran tiempos a partir de 2:40. Puede que dicho líder sea un artista de los rallies, pero la cosa apunta más a que hizo alguna artimaña sin que el juego le cazara o a que los datos del servidor eran erróneos.

La vertiente local del multijugador tiene forma de Hot Seat. Así, pueden concurrir cuatro jugadores, pilotando uno detrás de otro, por turnos, ya sea en etapas sueltas, en rallies enteros o incluso en campeonatos, junto con otros rivales controlados por la CPU. Hay posibilidad de ver los fantasmas de los compañeros.

Fango técnico en el guardabarros

El apartado visual de WRC 4 presenta algunos altibajos. Aunque la sensación de velocidad no es que sea primorosa, por lo general, va muy fluido, favorecido por el hecho de que no hay acumulaciones de elementos que mover en pantalla. Tampoco se aprecia “popping”, algo que suele ser bastante frecuente en los juegos de coches. Sí hay alguna textura que tarda en cargar, pero no vemos aparecer árboles o montañas de la nada. Los diseños y los paisajes de los trece rallies cumplen con creces, con entornos muy diferenciados. Hay algunos puntos que se repiten entre los diferentes tramos de un mismo rally, pero eso entra dentro de la normalidad en este tipo de competición. Es posible elegir entre correr al amanecer, de día o al ocaso, lo cual modifica considerablemente el tipo de iluminación. La lástima es que no se da pie a la nocturnidad.

El gran problema del juego es que el conjunto general no pasa de aceptable, algo que parece inherente a las creaciones de Milestone Studios. El grado de detalle, las texturas o los efectos de partículas dejan bastante que desear, muy lejos de los grandes referentes del género, como Dirt 3. Lo que más llama la atención es la falta de detalle del terreno, observable en los desconchados del asfalto, los vados de agua, las placas de hielo o las estelas de polvo que se levantan al paso del coche. Los efectos de lluvia se limitan sólo a un par de tramos, y no es de extrañar por qué. En cuanto a la recreación de los coches, la física es bastante rígida y el sistema de daños está bien, pero, nuevamente, se echa en falta más detalle. Lo mismo sucede con el público, tan poco entusiasta como poco detallado.

Dentro del apartado sonoro, destacan las notas del copiloto, que están en castellano y que se pueden configurar entre cinco grados de rapidez. Alguna vez se salta alguna instrucción, pero, en general, hace un gran trabajo, indicando la dirección de las siguientes curvas y un número con el que indica el grado de apertura-cerrazón de las mismas. Asimismo, hay un narrador pasajero que, al principio de cada rally, cuenta algunos detalles del mismo. En cuanto a los efectos técnicos, hay buenos rugidos de motores y de piedras rechinando contra los bajos del coche. La banda sonora apuesta por el chill out y por algunas melodías rayanas en lo épico, sin grandes alardes.

Dicho todo eso, WRC 4 es un buen juego de rallies, aunque su apartado técnico le resta enteros, pues, en el género de la velocidad, una buena apariencia visual supone ganar media carrera. Los amantes del Mundial lo disfrutarán sin duda, aunque llega con la temporada casi finalizada y el campeón Sébastien Ogier pensando ya más en la temporada 2014, que empezará dentro de dos meses y en la que le tocará defender su corona.

Valoración

Es un juego de rallies notable, con toda la licencia del Mundial y un total de 78 tramos por los que pilotar. El volante responde muy bien, pero al chasis le falta consistencia aerodinámica.

Hobby

76

Bueno

Lo mejor

La jugosa licencia. Las clasificaciones online, que casan de maravilla con el concepto contrarreloj.

Lo peor

Gráficamente, está desfasado. El modo Carrera carece de vida. Llega un poco tarde.

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