Análisis

Análisis de WRC 5

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: PS4

Nuestro análisis de WRC 5 ya ha salido del taller. El debut del estudio francés Kylotonn Games con la licencia del Mundial de Rallies es, exactamente, lo que nos esperábamos: un título con buenas intenciones y una jugabilidad correcta, pero al que le pesan su condición de intergeneracional (sí, a estas alturas), su escasez de contenidos y su falta de remaches, que le hacen ir arrastrando el tubo de escape por asfalto, hielo, nieve, grava, arena y barro.

Llega con retraso, pero ya está aquí el análisis de WRC 5, el juego oficial del Mundial de Rallies para PS4, Xbox One, PC, PS4, 360 y PS Vita. Tras tomarse un año sabático, la licencia vuelve por sus fueros de la mano de Kylotonn Games, un modesto estudio francés que ha firmado títulos como The Cursed Crusade y Motorcycle Club. Es el debut de la compañía en la saga, algo que puede confundir si se atiende al cinco del título, que se debe a que la editora es la misma que la de las cuatro entregas anteriores, BigBen Interactive. Sin embargo, aquellos juegos los desarrolló Milestone Studios, una compañía que, precisamente, ahora mismo está trabajando en su propia IP de rallies, Sébastien Loeb Rally Evo, que será competencia directa del juego que nos ocupa cuando vea la luz el 29 de enero.

Es importante incidir en el hecho de que World Rally Championship 5 es el primer título que hace Kylotonn de esta disciplina. Por un lado, eso supone que la base técnica y jugable se ha hecho desde cero, sin referencias previas. Por otro lado, eso explica que la temporada pasada quedara en blanco y no se lanzara la entrega anual de rigor del juego oficial del campeonato (WRC 4 salió en octubre de 2013). En ese sentido, se mantiene el problema de que el título ha llegado con el campeonato real a punto de tocar a su fin, con Sébastien Ogier habiéndose proclamado ya ganador del certamen por tercer año consecutivo.

En los años 90 y a principios del siglo XXI, la licencia del Mundial de Rallies era realmente golosa. Allí, estaban algunos de los mejores fabricantes de coches del mundo y un puñado de pilotos capaces de ganar pruebas. Como consecuencia de ello, fueron varias las compañías que picaron piedra en la mina de los rallies, como Codemasters, con su saga Colin McRae (luego rebautizada como Dirt), y Sony, que llegó a tener en exclusiva la licencia oficial del Mundial en los tiempos de PS2 (Evolution Studios se labró una gran reputación a su vera). Asimismo, compañías como Infogrames y Sega también tuvieron cosas que decir al respecto, con sagas como V-Rally y Sega Rally. Sin embargo, con el paso de los años, esta disciplina ha ido perdiendo empaque. Muchas marcas se fueron del Mundial (Toyota, Peugeot, Subaru, Mitsubishi, Seat), al tiempo que el intratable Sébastien Loeb acababa con la emoción, al encadenar nueve campeonatos consecutivos, algo que tampoco ha mejorado tras su retirada, pues ahora es su tocayo y compatriota Sébastien Ogier quien arrasa, sin apenas oposición.

Pues bien, todo eso ha contribuido a que la licencia del campeonato tenga mucho menos lustre que antes y a que ya no sean grandes estudios los que se encargan de adaptar la licencia al mundillo de los videojuegos. Teniendo en cuenta que el género de la velocidad es uno de los que más dependen de la grandilocuencia tecnológica, WRC 5 es un juego bastante modesto, sobre todo si se compara con otros exponentes recientes del género. No en vano, Kylotonn Games es un estudio con una plantilla modesta, a lo que se añade el problema de que, a las alturas que estamos, el juego es intergeneracional, pues tiene versiones para PS3, Xbox 360 y PS Vita. Hasta ahora, no hemos dicho casi nada específico del título, pero todos estos antecedentes son necesarios para entender por qué el juego es como es.

Una licencia que sigue teniendo su aquél

World Rally Championship 5 basa mucho de su encanto en la licencia del Mundial de Rallies, como es lógico. Por un lado, se ofrecen las tres grandes categorías del campeonato, es decir, WRC, WRC-2 y J-WRC, con un total de 51 pilotos, entre los que no faltan Sébastien Ogier, Jari-Matti Latvala, Andreas Mikkelsen, Thierry Neuville, Dani Sordo, Robert Kubica… Por otro lado, están los trece rallies del calendario: Montecarlo, Suecia, México, Argentina, Portugal, Cerdeña, Polonia, Finlandia, Alemania, Australia, Córcega, Cataluña y Gran Bretaña. Cada uno de ellos consta de cinco tramos, lo que hace un total de 65, sin que falten las llamadas ‘power stages’, que son tramos que otorgan entre uno y tres puntos a los tres pilotos que logren los mejores tiempos.

En líneas generales, el control responde bien. Aunque el estilo es bastante arcade y no se puede configurar demasiado, se nota la diferencia entre conducir en asfalto, hielo, nieve, grava, arena o barro. Por supuesto, cada rally tiene sus características y, dependiendo del tramo, es posible elegir entre correr al amanecer, al mediodía, al atardecer o de noche. Hay rebobinado, por si se cometen errores, y también un sistema de penalizaciones por si se cogen atajos para ganar tiempo, aunque nos ha parecido que está muy mal resuelto. Por ejemplo, a veces, si cortamos una cuneta aparentemente inofensiva (algo que, en los rallies, se hace mucho, por cierto, como denota la mítica expresión ‘a ras’ que tanto le cantaba Luis Moya a Carlos Sainz), puede que recibamos una sanción, que es siempre de treinta segundos, independientemente de la gravedad de la infracción… En cuanto a los daños, se ha recreado bien el sistema de que sólo se puedan reparar en el parque cerrado, con un límite de tiempo, aunque la incidencia que tienen sobre la conducción no es muy grande.

Las físicas del coche no nos han convencido demasiado. Como decíamos, el juego es realmente arcade y apenas hay opciones de configuración, lo que implica, por ejemplo, que no se dé pie a los contravolantes o que sea realmente difícil volcar. La falta de consistencia se nota, especialmente, si jugamos con volante. Nosotros lo hemos probado con un Thrustmaster T300RS y nos ha dejado más fríos que el hielo sueco, pues el volante apenas ofrece vibración ni resistencia. Se puede jugar, pero la sensación no es particularmente satisfactoria.

Sin embargo, el mayor problema jugable tiene que ver con la IA de los rivales, o, más bien, con los tiempos que firman, ya que a esos otros pilotos no los vemos competir nunca, al ser un juego de rallies al uso, con tramos cronometrados en los que conducimos solos. Pues bien, resulta que los tiempos están trampeados hasta límites insospechados. Da igual lo bien que conduzcamos o la extensión que tenga el tramo en cuestión: cuando crucemos la meta, lo más probable es que hayamos ganado por una diferencia de entre una décima y un segundo. Salvo que lo hagamos muy mal o vayamos pisando huevos a propósito, esa regla se cumple casi siempre… Para asegurarnos, probamos a repetir varios tramos firmando diferentes cronos y, efectivamente, el código del juego tiene algún sistema que falsea las diferencias, no sabemos si a propósito o por falta de testeo. Para más inri, en algunos casos, pudimos comprobar que, corriendo con un coche junior, obteníamos el mismo tiempo o incluso mejor que el de los pilotos de la categoría reina. También sufrimos otro problema ‘matemático’. En un tramo relativamente corto, sin cometer ningún error de bulto, el ganador nos sacó 42 segundos. Probamos a repetirlo… y volvió a suceder lo mismo. Paradójicamente, en uno de los menús, hay un mensaje que habla de que otro apartado (las características de cada equipo en el modo Carrera) cuenta con un sistema aleatorio, por lo que se pide, jocosamente, que nadie se queje a los desarrolladores. Parece que no es el único elemento aleatorio del juego…

Una oferta de velocidad escueta

La oferta de modos de juego de WRC 5 es bastante básica. Para empezar, hay una Escuela de rally que consta de veintinueve lecciones que ayudan a familiarizarse con los controles, lo que incluye técnicas específicas de la especialidad, como la sacudida escandinava, consistente en girar el coche a un lado y luego al otro para darle mayor inercia a la hora de derrapar. Luego, están los modos Rally rápido y Etapa rápida. La estrella es el modo Carrera, en el que hay que crearse un piloto y ascenderlo a lo largo de las tres categorías del campeonato. Sin embargo, la profundidad de las opciones es mínima y, básicamente, se reduce a elegir por qué equipo queremos fichar antes del inicio de cada temporada, sin que el abanico de posibilidades sea muy grande. Por ejemplo, tras ganar el Mundial en la categoría de J-WRC, la única posibilidad que tendremos es la de ascender a WRC-2, pues ningún equipo de la categoría reina nos ofrecerá nada, ni siquiera los más humildes, lo que da cuenta de lo pobre que es la estructura que sustenta este modo.

La vertiente online, por suerte, aporta un poco de vidilla al conjunto. Por un lado, podemos participar en partidas de hasta ocho jugadores, en las que todos corren al mismo tiempo, de modo que podemos ver los fantasmas de los demás. No es muy realista y falsea un poco el espíritu de los rallies, pero nos parece bien que Kylotonn Games se haya tomado esa licencia. También hay multijugador local. Por otra parte, hay tablas de clasificación online para todas las pruebas incluidas en el juego, algo que se agradece. En relación con eso, también hay desafíos semanales y mensuales que van variando y que otorgan premios, como camisetas y gorras del juego.

Pasando al apartado técnico, como decíamos al principio del análisis, nos encontramos con que World Rally Championship 5 es un juego intergeneracional, algo que, inevitablemente, canta en un género como el de la velocidad, que podría considerarse fácilmente como el más adecuado para observar la evolución gráfica que han ido sufriendo los videojuegos a lo largo de los años. En ese sentido, desde que PS4 y Xbox One llegaron al mercado hace ya casi dos años, hemos visto auténticas joyas visuales, como Project CARS, Forza Horizon 2 o DriveClub. Es más, las posibilidades de las máquinas son tales que, a priori, ya casi nadie hace juegos de coches entre dos tierras. Por ejemplo, de los que vendrán en los próximos meses, ni Need for Speed, ni Sébastien Loeb Rally Evo ni Assetto Corsa tendrán versiones para PS3 y Xbox 360, como es lógico. No es el caso del juego que nos ocupa, que no sólo sale para ellas y para PS Vita, sino que podría pasar por un juego de comienzos de esa pasada generación, y ni siquiera de los más punteros.

Quizás lo mejor que se puede decir es que el diseño de los tramos, sin ser ninguna maravilla, tiene zonas bastante inspiradas por las que es muy divertido conducir, con diferencias según el tipo de superficie. A ello, se añade el hecho de que se pueda elegir entre diferentes condiciones lumínicas (amanecer, mediodía, atardecer y noche) y climatológicas (soleado, nublado, lluvioso y nevoso), según el país y el tramo. Aun así, los efectos no son para tirar cohetes y, en general, todo se siente bastante vacío, algo que se puede observar en la casi total ausencia de aficionados en las cunetas. La vegetación tampoco es muy consistente y, por ejemplo, si nos salimos y pasamos por encima de algunos matojos o cactus, los desintegraremos, literalmente… A veces, incluso vemos pequeñas nubes de polvo-niebla en el suelo que no tendrían por qué estar ahí.

En cuanto al número de cámaras, hay cinco (dos exteriores, una sobre el capó, una ‘ciega’ y la del volante). La cámara interior es otro elemento que da cuenta de que WRC 5 no es un juego pensado para las consolas más jóvenes. Si algo han traído consigo PS4 y Xbox One, es que da gusto jugar a los juegos de coches con la cámara de la cabina, hasta el punto de, por lo general, ser la más cómoda para tenerlo todo bajo control, y no sólo en juegos de circuito, sino también en títulos ambientados en carreteras abiertas que no se puedan memorizar fácilmente (Forza Horizon 2 es el perfecto ejemplo de ello). Sin embargo, aquí es bastante incómoda y, al final, resulta más provechoso jugar con las perspectivas exteriores. El sonido de los coches tampoco es para tirar cohetes, aunque las notas del copiloto sí que funcionan bastante bien, sin complicarse. Finalmente, de vez en cuando, hay un poco de ‘tearing’ y caídas de la tasa de imágenes.

Una licencia de peso, pero sin consistencia

Como juego de rallies, WRC 5 tiene el enorme encanto de tener la licencia del Mundial. A pesar de que llega con la temporada casi concluida, los entusiastas del campeonato tienen aquí un título que incluye a todos los pilotos y, sobre todo, los trece rallies del certamen. Sin embargo, como juego de coches, deja bastante que desear. El control puede tener un pase, pero se nota mucho que es un juego intergeneracional discretísimo en lo técnico, poco profundo y no exento de fallos incomprensibles, como el de los tiempos falseados de los rivales. Kylotonn Games ha perfilado la base para su visión del Mundial de Rallies, pero ha pagado la novatada en un género muy exigente y va a tener que trabajar duro en la puesta a punto para futuras entregas.

Valoración

La licencia del Mundial de Rallies es una garantía, pero Kylotonn Games ha pagado la novatada y no ha logrado una buena puesta a punto para hacerla funcionar.

Hobby

59

Regular

Lo mejor

El control con mando, sin ser la panacea, es aceptable. Hay 65 tramos, con variantes de luz y clima.

Lo peor

Los tiempos falseados de los rivales. Que sea intergeneracional deja claro lo poco ambicioso que es.

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