Análisis de Yooka-Laylee para PS4, Xbox One y PC
Análisis

Análisis de Yooka-Laylee, el Banjo-Kazooie de PS4, Xbox One y PC

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: PS4

Hacer un análisis de Yooka-Laylee para PS4, Xbox One y PC es constatar que Playtonic Games ha cumplido con creces el propósito con el que lanzó un Kickstarter allá por mayo de 2015: recuperar el espíritu de Banjo-Kazooie y devolver al género de las plataformas tridimensionales al primer plano, de donde nunca debió irse. Sus protagonistas son un camaleón y una murciélaga que buscan las páginas de un libro, pero bien podrían ser un oso y un ave que recolectan las piezas de un puzle. La verdadera Rare ha vuelto.

Con el análisis de Yooka-Laylee, damos el pistoletazo de salida a un año que promete devolver al decaído género de las plataformas todo el lustre que tuvo en el pasado. Sigue habiendo compañías que lo trabajan, sobre todo Nintendo, pero es un hecho que ya no goza de la misma salud que en generaciones pretéritas. Por suerte, en 2017, va a haber una auténtica resurrección, de la mano de viejas glorias como Crash Bandicoot, Sonic, Wonder Boy… y Banjo-Kazooie. Sí, porque el título que nos ocupa no es otra cosa que una puesta al día del mítico juego de Nintendo 64.

A falta de Rare, buena es la antigua Rare

Allá por los 90 y principios del nuevo siglo, Rare talló un puñado de diamantes plataformeros para la Gran N: los tres Donkey Kong Country, Donkey Kong 64, Banjo-Kazooie, Banjo-Tooie, Conker’s Bad Fur Day… Sin embargo, después de que fuera adquirido por Microsoft, las principales cabezas pensantes fueron marchándose y el estudio inglés entró lentamente en declive, reduciendo el ritmo de sus lanzamientos, hasta acabar por centrarse en Kinect Sports y, ahora, en Sea of Thieves, un multijugador piratesco que habrá que ver si logra llegar a buen puerto, aunque pinta a marejadilla. Se podría decir que su decadencia ha sido una de las mayores tristezas de la industria en la última década.

Por suerte, algunos de sus antiguos responsables se animaron a fundar un equipo independiente, Playtonic Games, a principios de 2015. Concretamente, en el proyecto, han estado involucrados Chris Sutherland, Steve Mayles, Gavin Price, Jens Restemeier, Steven Hurst y Mark Stevenson, es decir, programadores y diseñadores que fueron clave en la Gran R. Decidieron recurrir a Kickstarter para pedir la financiación de todos aquellos nostálgicos que tenían a Banjo-Kazooie en un altar y recaudaron 2 millones de libras. En apenas dos años, pese a que el equipo no ha superado las quince personas de media, tenemos el fruto de su trabajo: un plataformas de los de antaño, de los de toma pan y moja.

Análisis de Yooka-Laylee para PS4, Xbox One y PC

El juego se pone a la venta el 11 de abril para PS4, Xbox One y PC, y lo hace en formato físico, gracias a la mediación de una editora como Team 17 y, en el caso de España, también de BadLand Games. Además, lo hace a un precio de 35 euros. El único lunar de la estrategia comercial es que el juego se anunció para Wii U y, tras la práctica defunción de la consola, se decidió trasladar el desarrollo a Switch, a priori sin edición física (aunque no es una decisión definitiva), con el perjuicio que eso supone para quien pusiera dinero de cara a recibir esa versión y tal vez aún no tenga la nueva máquina de Nintendo, que, además, deberá esperar hasta próximos meses para tener su dosis de murcielaguina.

Un tándem animal de lo más familiar

Puede que Playtonic Games no tenga la IP de Banjo-Kazooie, pero Yooka-Laylee sigue a pies juntillas todos los pilares que hicieron tan querido al juego de 1998, sólo que cambiando los personajes y los mundos de entonces por otros nuevos. La jugabilidad, los gráficos, el humor o las voces remiten a los de hace diecinueve años, sólo que en alta definición y con mandos de dos joysticks. No inventa la rueda, pero ni falta que le hace, porque su objetivo es hacernos viajar en el tiempo. Basta con ver la forma en que se presenta el logo de Playtonic nada más ejecutar el juego.

Análisis de Yooka-Laylee para PS4, Xbox One y PC

Los protagonistas de la aventura son un camaleón y una murciélaga, que hacen las veces de oso bonachón y ave mordaz. Su relajada vida se verá afectada cuando una pérfida empresa, dirigida por un abejorro llamado Capital B y un pato que responde al nombre de Dr. Quack, inicie un plan para robar todos los libros del mundo. Precisamente, al dúo dinámico le robarán un valioso ejemplar, cuyas páginas (pagies) acabarán desperdigadas por cinco bibliomundos, a los que se accede desde un escenario central llamado la Colmena del Saber. El objetivo será dar con esas paginitas, algo fundamental para desbloquear cada uno de los mundos y ampliarlos. Os va sonando, ¿no? Es la forma que han adoptado las piezas de puzle que nos maravillaron en Nintendo 64.

El argumento es un simple hilo conductor que no da mucho de sí, pero los personajes derrochan carisma. Cómo no, no tienen voces propiamente dichas, sino que emiten hilarantes balbuceos. Los diálogos están cargados de humor y referencias a tiempos pasados en los que los manuales de instrucciones, las tarjetas de memoria o los récords de tres letras eran el pan nuestro de cada partida. No faltan guasas sobre ciertos iconos de los videojuegos, los maletines, las retahílas de créditos, los seguros que ofrecen algunas tiendas, la sanación automática en los shooters de hoy en día… Mención especial merece la guasona Laylee, cuyas pullas recuerdan a las que soltaba la deslenguada Kazooie en su momento. Todo ello se ve beneficiado por una traducción al castellano tan acertada como socarrona.

Análisis de Yooka-Laylee para PS4, Xbox One y PC

Libre, como el ave que escapó de su prisión

Yooka-Laylee es hijo de otro tiempo y, como Super Mario 64 o Banjo-Kazooie, paradigmas de los plataformas no lineales, nos traslada a grandes mundos tridimensionales sin indicaciones específicas de adónde ir ni mapa que valga. Somos libres para recorrer a nuestro antojo los escenarios, que están plagados de coleccionables y de pequeños retos con los que conseguir las valiosas pagies. Su tamaño es bastante generoso, por lo que conviene trazarse un plan de ruta antes de empezar a explorar y tener un poco de memoria, para recordar si ya hemos pasado previamente o no por una determinada sección. De hecho, de vez en cuando, para poder pasar a una nueva área, tenemos que responder a unos cuestionarios del Doctor Quack en los que se pregunta por ciertos detalles de la aventura.

Los cinco bibliomundos son una jungla, un glaciar, un pantano, un casino y una galaxia. En cada uno de ellos, hay veinticinco pagies, 200 plumas, cinco escritores fantasma, una moneda de juego, una molécula, un ampliador de poder y un ampliador de salud, además de algunos tesoros piratas. De todos esos coleccionables, los dos primeros tipos son fundamentales. Por un lado, para desbloquear cada nuevo mundo, hay que pagar un determinado número de pagies. Además, cada uno cuenta con una ampliación, por la cual hay que apoquinar otro puñado de pagies. Por otro lado, muchas de las habilidades hay que comprárselas a una serpiente llamada Trowzer, que nos pedirá plumas a cambio. Cómo no, para llegar a cada nuevo mundo, hace falta tener un determinado poder. En otras palabras, aunque no es obligatorio recabar todas y cada una de las paginitas y las plumas, sí que hay que recolectar un buen número de ellas para poder progresar. Para llegar al final, necesitaréis unas veinte horas, una cifra nada desdeñable para un juego indie, y calculad otras diez si queréis alcanzar el 100%.

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El juego cuenta con una estructura de niveles muy bien pensada, que dosifica los trucos a la perfección. Al principio, sólo podemos golpear, saltar, rodar… y poco más. Poco a poco, vamos obteniendo nuevas habilidades que consumen una barra de resistencia, como el disparo de sónar, el porrazo, el planeo, el revoloteo, el camuflaje, la pompa submarina, el lengüetazo… Precisamente, Yooka puede lamer ciertos objetos para obtener proyectiles (bombas, bolas de nieve y llamaradas) u obtener ciertas características temporales, como volverse pegajoso, soportar el frío extremo, brillar en la oscuridad o evitar que se lo lleve una corriente de aire. Cada mundo está ideado para que, cuando lleguemos a él, sus áreas puedan ser superadas haciendo uso de los movimientos de los que dispongamos en ese momento. Sin embargo, también se fomenta que volvamos en el futuro, cuando hayamos obtenido otros trucos, para superar obstáculos que, a priori, pudieran parecer infranqueables.

Mención especial merecen las transformaciones, que añaden aún más capas a la cebolla jugable. Hay una por mundo, y sólo se desbloquean cuando hemos hallado la molécula que hay oculta en algún lugar del escenario (suele estar muy cerca del lugar donde se lleva a cabo el proceso de conversión). Esas mutaciones nos convierten en una planta polinizadora, una máquina quitanieves, un cardumen de peces, un helicóptero y un barco. Todas tienen sus peculiaridades y una razón de ser en el mundo donde están ubicadas.

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Hay un guiño importante a la etapa en que Rare hacía plataformas en 2D, más concretamente a los Donkey Kong Country. En cada mundo, hay un desafío a bordo de una vagoneta llamada Kartos. Así, en secciones en 2’5D, debemos recoger una serie de gemas, mientras saltamos, aceleramos y frenamos para esquivar los múltiples obstáculos que obstruyen las vías, algunos de los cuales precisan ser reventados de un cañonazo.

Como consecuencia de todo lo dicho, la aventura es una combinación variadísima de exploración, saltos y puzles. Además, hay infinidad de personajes en cada mundo a los que hay que ayudar para obtener muchas de las pagies. Entre las rarezas, tenemos que plantar setas, jugar al golf, calcular la caída de las bolas en una máquina de pachinko… La polivalencia jugable es inmensa. Por supuesto, no faltan los jefes finales, que son como los de antaño: hay que aprenderse sus rutinas y atacarles en función de ellas. Todos son bastante estrambóticos, como un monolito que tira troncos o un planeta con tres caras. En general, la dificultad de todo el conjunto está bien medida, aunque, para evitar frustraciones, si morimos, los puntos de control son bastante amables. Los enemigos de a pie son bastante facilones, pues basta con darles uno o dos mamporros, si bien hay algunos más puñeteros, como los que cargan con pinchos. Eso sí, para superar los retos de la vagoneta, sudaréis casi tanto como si estuvierais picando en una mina.

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Una fiesta en el salón recreativo

Para dar por finiquitada la parcela jugable en este análisis de Yooka-Laylee, es imprescindible hablar del salón recreativo de Rextro. Casi como si fuera una criatura extinguida, este simpático y trasnochado dinosaurio nos invita a disfrutar de diversos minijuegos que nos han recordado mucho a los de otra saga que también nació en Nintendo 64: Mario Party. En total, hay ocho pruebas, que se pueden disfrutar en solitario, dentro de la propia aventura, o en multijugador local para cuatro personas, desde el menú principal del juego. En total, hay ocho pruebas arcade, que nos invitan a picarnos por obtener la mejor puntuación posible y en las que influye la presencia de ciertos power-ups.

En Glaciadores, hay que recoger las plumas que caen sobre un escenario de hielo cuyas secciones se van hundiendo temporalmente. En Pista Peligro, también hay que acarrear plumas, pero avanzando hacia delante mientras nos cuidamos de no ser aplastados por unas estructuras móviles. En Yaba-Traba-Du, lo que tenemos son seis carriles lineales llenos de plumas y obstáculos, con el riesgo de que el scroll inferior nos atropelle. El último minijuego basado en plumas es Caos sideral, donde flotamos en un escenario 2D y debemos revolotear sin chocar contra nada, al estilo de Flappy Bird, aquel juego de móvil que tanto dio que hablar en 2013.

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Kartos Kart es una prueba que remite a los míticos Micromachines, con carreras con una perspectiva cenital. En Armageddoom, debemos apuntar y disparar a los enemigos que nos van saliendo al paso. Atraca la bandera es el típico modo de captura, en el que, en un escenario cuadriculado, debemos mantener el estandarte en nuestro poder para sumar los máximos puntos posibles. Finalmente, Roboabeja nos traslada a una pantalla bidimensional en la que debemos picar a los enemigos que van apareciendo. Las ocho pruebas pueden parecer simplonas en sus mecánicas, pero son realmente adictivas, y más si jugamos en compañía. La lástima es que no haya una opción para poder disfrutarlos online.

El camaleón, mamá, el camaleón...

Como cantaba King África, el camaleón cambia de colores según la ocasión, y Yooka-Laylee es un plataformas que goza de una dirección artística muy notable. El diseño de los personajes es muy simpático, y hay detalles muy de los años 90, como las animaciones que realiza el dúo protagonista si dejamos el mando quieto durante varios segundos. Por ejemplo, puede que la murciélaga le tire de las orejas a su socio mientras se ríe, para dejar patente su mala baba. Sin embargo, la palma se la llevan los mundos, que son tan bonitos como variados, además de gozar de un gran diseño de niveles. Además, aunque la perspectiva es libre casi siempre, se juega con las cámaras en ciertas secciones, para ofrecer planos isométricos o en 2D.

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Ahora bien, no hay que olvidarse de que hablamos de un juego indie que usa el limitado motor Unity y que, además, apuesta por una escala tridimensional muy superior a la media de sus congéneres. Eso significa que, en materia técnica, es ciertamente discreto. El grado de detalle general no es para tirar cohetes, con texturas planas, alguna que otra barrera invisible y caídas en la tasa de imágenes por segundo. Aparte, la cámara da algún que otro quebradero de cabeza, un clásico del género, sobre todo cuando se produce algún cambio inesperado de plano. Ninguno de esos problemas llega a empañar la experiencia, pero están ahí. Ojalá, de cara a una potencial secuela, Playtonic Games goce del apoyo de una editora fuerte desde el principio y pueda pagar una factura técnica más abultada.

En materia sonora, lo más llamativo son las ‘voces’ de los personajes. Hoy en día, lo habitual es que los juegos tengan diálogos hablados o que sean mudos, pero Banjo-Kazooie se hizo muy famoso por sus balbuceos, y se ha logrado replicar muy bien esa esencia, otra vez con Chris Sutherland cediendo sus peculiares ruidos guturales a los protagonistas. Por su parte, la banda sonora es muy notable, con melodías muy características y desenfadadas para cada mundo.

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Si Rare no va a la montaña…

Como punto final a este análisis de Yooka-Laylee, se podría decir que es el juego que llevábamos esperando que Rare volviera a hacer desde hace una década. Puede que Playtonic Games sea un estudio pequeño, pero, dado que sus fundadores son quienes son, ya tiene más de Rare que el propio equipo que está al servicio de Microsoft hoy en día. Puede que no invente la rueda, pero ahí radica mucho de su encanto, pues es un digno sucesor de Banjo-Kazooie, con una jugabilidad muy polivalente que apenas se ve en estos tiempos y que bien podría pasar por un cartucho de Nintendo 64.

Valoración

Yooka-Laylee es un plataformas 3D de los de antes y un digno heredero de Banjo-Kazooie, cuyas mecánicas recupera con mucho tino, cambiando al oso y al ave por un camaleón y una murciélaga. La verdadera Rare, ahora, se llama Playtonic Games.

Hobby

87

Muy bueno

Lo mejor

La variedad jugable, muy bien dosificada. Da para más de veinte horas. Los minijuegos con multijugador. Su humor. Sale en físico y a precio reducido.

Lo peor

Es tan vasto para ser indie que eso repercute en la parcela técnica, con texturas discretas, tirones o bamboleos de la cámara. Minijuegos sin online.

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