Análisis

Big - Crítica especial cine de los 80

Por Daniel Quesada
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CRÍTICA DE Big - DIRIGIDA POR Penny Marshall - PROTAGONIZADA POR Tom Hanks, Elizabeth Perkins, Robert Loggia y Jared Rushton.ARGUMENTO: Después de comprobar la de oportunidades que se le escapan por ser aún un niño, Josh pide a una máquina de feria hacerse mayor... Y su deseo se cumple.

Pocas películas pueden resumir mejor la esencia de nuestro especial de cine de los 80 que Big. Estrenada en 1988, supone un resumen de todo lo que nos volvía locos en aquellos años y en su esencia nos recuerda un mensaje que a menudo enterramos bajo el papeleo y las obligaciones de nuestro día a día: que no nos olvidemos de aparcar nuestroas máscaras y complejos para disfrutar, de vez en cuando, de los pequeños placeres de la vida.

El lector de Hobby Consolas se sentirá identificado desde el primer minuto de película con el joven Josh: está intentando superar el reto de Cavern of the Evil Wizard, un videojuego ficticio claramente inspirado en Colossal Cave y representante del extinto género de las aventuras conversacionales. Ese es solo uno de los grandes placeres del pre adolescente, que se dedica junto a su amigo Jimmy a jugar al béisbol o a mandarse mensajes secretos con el walkie-talkie. Es, en definitiva, un niño, cuya mayor prioridad sigue siendo dar rienda suelta a su fantasía, pero que comienza a sentir aspiraciones de ser algo más: no puede montarse en la montaña rusa porque es algo bajo y no puede aspirar a la chica guapa porque aún lo ve como alguien "mono". Así pues, Josh piensa lo que todos hemos pensado a su edad: tiene prisa por ser mayor.

Y entonces llegó Zoltar

El concepto de Zoltar es la quintaesencia de este subgénero de la comedia conocido como "swap comedy": un fenómeno mágico y que, en el fondo, no necesita explicación, provoca que la mente de alguien se coloque en un cuerpo completamente diferente, lo que le obliga a enfrentarse a un contexto desconocido y, en última instancia, a asimilar la moraleja de que tanto su yo original como su nuevo yo son buenos, solo que tiene que aprender a entenderlos. En esta crítica de Big aclaramos que no fue la primera comedia en abordar esta fórmula ni, desde luego, sería la última. A lo largo de los años hemos visto a hijas que intercambian el cuerpo con sus madres, mujeres que se transforman con hombres o ancianos que se convierten en adolescentes. El tono de estas comedias suele ser el mismo: situaciones muy "blancas" disfrazadas de gamberras van madurando hasta desembocar en un mensaje bastante buenrollista.

Big se ciñe a esa fórmula, pero lo hace con mucha clase. Para empezar, el concepto de la máquina de Zoltar le de un tono místico muy atractivo (esa música de feria gitana que suena mientras los ojos rojos del busto se encienden) que a todos nos ha hecho fantasear con la idea de echar una moneda. Por si seguís con la ilusión, perdonad el jarro de agua fría: la máquina de Zoltar no existe en la realidad, aunque en EEUU se han creado réplicas que recuerdan lejanamente a ella. El siguiente punto a favor viene por la espectacular actuación de Tom Hanks, el gran pilar de la película.

A lo largo del metraje va evolucionando desde un niño asustado y confundido que no sabe qué hacer con su cuerpo y obligaciones de adulto hasta un personaje alegre que contagia su espíritu a los que lo rodean. El propio personaje de Susan (el interés romántico interpretado por Elizabeth Perkins) le pregunta "¿cómo lo haces?". Y eso justo nos preguntamos nosotros. El actor borda sus compartamientos y, sobre todo, una mirada cándida e infantil, que se esfuerza por entender las preguntas con doble sentido de los adultos o las absurdas burocracias en las que ellos se ven envueltos. El truco consistió en que David Moscow, la versión infantil del personaje de Hanks, interpretó todas las escenas en las que el protagonista debía actuar y éste lo imitó a tope. El resultado es absolutamente creíble y encantador, con momentos memorables como la risa nerviosa cuando Susan le pregunta qué siente por ella o el llanto desamparado cuando tiene que dormir en un motelucho en pleno barrio delincuente.

Es para niños (los que todos los adultos guardamos dentro)

Ese Tom Hanks en estado de gracia y un guión muy bien hilado, unidos a la fabulosa dirección de Panny Marshall (la primera mujer en conseguir una recaudación de 100 millones de dólares en taquilla) dan pie a muchas escenas que ya forman parte de la historia del cine. Por supuesto, al pensar en Big a todos se nos viene a la cabeza la escena del piano gigante. El piano existía de verdad en la tienda FAO Schwarz, pero se tuvo que construir una versión más grande para que los actores pudieran pisar todas las notas. Sí, son de verdad Hanks y Robert Loggia los que tocan toda la pieza del tirón, durante un minuto en el que todos nos sentimos tan entusiasmados como el público del fondo. Cuando dos actores disfrutan de verdad con una interpretación, las sensaciones traspasan la pantalla y eso es lo que pasa con este homenaje a los desinhibidos musicales de Ginger Rogers y Fred Astaire.

También es clave ese momento en el que Susan, que se resiste a abandonar su rol de tiburona de los negocios, acaba sucumbiendo a la diversión de saltar en una cama elástica. ¿Quién no habría querido tener alguna vez un pisazo como el de Josh, con su propia máquina de refrescos, su pinball y su montaña de juguetes? Por supuesto, la idea ilusionará a los niños, pero los adultos que no queremos encorbatarnos del todo no podemos sentir menos envidia que ellos.

Todo esto nos puede llevar al único problema que podríamos achacar en esta crítica de Big: la película se toma licencias como asegurarnos que un niño, sin identificación ni papeleos de ningún tipo, puede conseguir un trabajo y un piso propio. ¡Es más, tiene la suerte de encontrarse con un jefe tan, tan majo, que lo asciende a vicepresidente solo porque tiene buena disposición! Bueno, si hemos creído que una máquina de arcade puede transformarlo en adulto, ¿por qué no seguir pasando por el aro? La propia película fomenta nuestra tolerancia hacia esos acontecimientos. No es una historia redonda en ese sentido, pero para cuando llegamos al final, no nos importa.

El viaje por la "adultez exprés" de Josh también nos lleva por su manera de asimilar los romances y la sexualidad. De hecho, no tenemos muy claro si la mentalidad más cuadriculada del Hollywood actual habría admitido que en una comedia familiar sucediera lo que vemos aquí: que un treceañero (metido en el cuerpo del hombre, pero un treceañero al fin y al cabo) se acabara acostando con una adulta. En realidad, la película lo presenta de una forma tierna, encantadora, que conmueve a Susan cuando ve que su objeto de deseo está fascinado con su pecho. No corre a apretujarlo como un troglodita, sino que lo acaricia con cuidado, con reverencia.

Esa nobleza e inocencia suponen el valor constante de la película. Como decíamos antes, Tom Hanks borda sus gestos y miradas, hasta el punto en el que creemos de verdad que hay un niño en su cuerpo. Hay un solo plano en el que pone mirada de adulto: cuando, después de comprender que tiene que volver a ser un pre adolescente, mira a unos chavalines jugar o a unos adolescentes comenzando a salir juntos. En ese instante proyecta un sentimiento que aún no puede tener un niño: la nostalgia de la juventud, una juventud que él aún no ha vivido. Si en ese momento no se te escapa una lágrima de empatía, tú y yo no estamos en la misma onda. En concreto, yo había visto bastantes veces esta película cuando era niño y temía que hubiera envejecido mal, pero me alegra confirmar que sus sentimientos siguen intactos. Es más, se reinterpretan al verse con ojos de adulto.

Hay muchos momentos frikis (esa parodia de Transformers, ese juego que cabe en un disquete de 5 y cuarto, la recreativa de Out Run o los Masters del Universo para quien sepa localizarnos), pero sobre todo hay un mensaje con el que es imposible no comulgar. Sí, se nos dice que la infancia es maravillosa, pero la idea definitiva es que todas las etapas de la vida son hermosas con sus virtudes y sus defectos y no deberíamos tener prisa por superarlas. En su lugar, no deberíamos olvidar saborearlas. Cuando Josh propone a Susan que se convierta en niña también, ella dice "no, yo ya estuve allí. Ya fue bastante difícil la primera vez". Recuerdo que, cuando vi la película de niño, me ofendió que ella no entendiera el mensaje y quisiera quedarse como adulta. Ahora entiendo que ella tenía razón: yo no volvería a ser un niño, pero tampoco borraría ninguno de los sinsabores y alegrías que viví en esa etapa.

Si quieres ver otras críticas de películas ochenteras memorables, visita nuestro especial de cine de los 80.

Valoración

Maravilloso alegato en favor de la inocencia, la infancia y la alegría de vivir. Su fórmula se ha "quemado" en películas posteriores, pero su mensaje permanece intacto.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

La impecable actuación de Tom Hanks. Su moraleja.

Lo peor

Puede parecer demasiado "naif" a algunos.

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