Análisis

Brink, en un análisis que sabe a online

Por Óscar Díaz
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Brink ha llegado a las tiendas, a pesar de los problemas con PlayStation Network y con muchos usuarios de PC que tampoco han podido disfrutarlo como esperaban. Sin embargo, para este análisis hemos podido jugar a fondo con la versión de Xbox 360. Eso sí, con una actualización que ha cambiado el título de Splash Damage en varios sentidos y algunas modificaciones para mejorar la experiencia online. Todo para bien, con la ventaja que le proporciona a los jugadores de la máquina de Microsoft, saber que durante semanas han sido los únicos en experimentar el peculiar estilo de Brink.

Mucho se ha hablado de este título en los últimos meses, después de un prolongado retraso. Pero, ¿qué le pasa? Sencillamente, que sus creadores han aprovechado para desarrollar una idea que lleva años entre nosotros. Depurar el estilo de los Enemy Territory, con Quake Wars y Wolfenstein entres las licencias utilizadas, ha servido para llegar a Brink. Un juego del que en muchos foros se ha ofrecido una idea bien diferente de lo que realmente es. ¿Una historia compleja? ¿Una aventura llena de escenas cinematográficas y misiones? Sí, parece que cumple en este sentido, pero con matices.

Acostumbrados como estamos a que nos den todo hecho, con recorridos lineales por escenarios a una sola altura, Brink puede suponer un ligero shock para algunos. Sin ofrecer la libertad y grandes extensiones de un Borderlands o de cualquier juego con un mundo abierto, no le faltan opciones. Pero, antes de llegar a las tiendas, nos hemos esforzado por dejar algo claro. Brink es un título que se basa en la cooperación y la lucha de dos equipos. Tanto si nos aventuramos en solitario como si lo hacemos con amigos, conectados a la Red, seremos parte de un grupo con objetivos que cambiarán de forma dinámica. Nada que ver con la mayoría de los juegos actuales, en que un individuo puede hacerlo todo sin dejar de mirar al frente.

El arca será para los mejores

Para meternos en situación, Brink ofrece una serie de animaciones bastante explicativas. El mundo, tal cual lo conocemos, ha sufrido los efectos del cambio climático y las aguas han subido hasta acabar con buena parte de las zonas costeras. La creación de una isla artificial, frente a costas norteamericanas, se vio como una solución para la élite de una sociedad en peligro. Así es como nació el Arca, donde la superpoblación y los recursos limitados han dado lugar a un conflicto de clases. Los menos favorecidos viven en chavolas que flotan alrededor de la estructura principal. Los dirigentes permanecen ajenos a la situación real y mantienen la seguridad a rajatabla, con fuerzas que velan por la protección de los alimentos o la energía.

Mientras dos facciones se enfrentan, seguridad contra resistencia, han dejado de llegar noticias de tierra firme. Así que el menú está servido. Tendremos soldados contra milicias, que constituyen la base para un juego en el que elegir el bando es poco más que un trámite. Acabamos con los ocho escenarios de un lado y podemos seguir con una experiencia similar, pero desde el punto de vista contrario.

Lo más significativo de Brink es que siempre estaremos en un equipo de ocho contra otro que puede tener el mismo número o, por el contrario, parecer que se fabrican unidades en tiempo real. Aunque dispondremos de cuatro clases, soldado, espía, médico e ingeniero, compartirán las armas básicas. Pero, sobre todo, resulta difícil distinguir entre partidas en solitario o multijugador. Solo la inteligencia artificial nos dará las pistas para tener claro quién nos ayuda en cada partida.

Salirse de lo habitual

Al tener varias clases para elegir, está claro que Brink intenta añadir variedad a las rondas. Pero cada tipo de combatiente tiene elementos comunes y, además, podemos cambiar entre ellos con sólo acercarnos a un punto médico. Así, cuando necesitemos reconstruir un puente o reparar alguna máquina, podremos resucitar como ingenieros o cambiarnos de traje, que viene a tener el mismo efecto. Los espías podrán usar la ropa de efectivos caídos, los médicos curarán y los soldados repartirán munición a quien la necesite, de la misma forma que los ingenieros mejorarán las armas de sus compañeros. Conforme ganemos puntos, podremos elegir la velocidad de los más ligeros o la potencia de fuego de los efectivos más pesados y... lentos.

Los cientos de opciones son otra de las bondades de Brink. Conforme ganemos puntos podremos ampliar el catálogo de cada personaje. No sólo podremos cargar las armas y afinar con las granadas mientras corremos, programar robots o mejorar nuestras dotes médicas, sino que el catálogo nos da la sensación de crecer con cada misión cumplida. Algo similar a lo que hacen otros juegos con posibilidades online, pero sin llegar a ser un juego de rol en el que la experiencia y el dinero se conviertan en una obsesión. Lo que sí resulta de agradecer es la posibilidad de modificar la apariencia de los personajes y crearlos a nuestra medida. Eso sí, con el aspecto peculiar que ofrece todo el juego.

Realismo abstracto y con matices… vamos, poco

El objetivo de los creadores de Brink, en un principio, era el de mostrar un mundo realista. Personajes creíbles, capaces de competir con cualquier otro juego de disparos actual. Sin embargo, como nos confirmaron hace unos meses, este título sufrió un cambio radical en el apartado artístico. Uno que, una vez empezamos a jugar, puede o no gustar. La iluminación ha sido totalmente creada desde cero. Aunque el juego utiliza el motor idTech 4, que comparte tecnología hasta con Doom 3 o Prey. Una tecnología que ha superado bien el paso del tiempo y que proporciona una gran suavidad en todo momento.

La profundidad de los escenarios y una enorme cantidad de objetos llegan a agobiar, justo lo que buscaban sus responsables. Sin embargo, todo se antoja como de cartón piedra, con poca vida y un acabado lavado que se acerca mucho al cell shading (una técnica que intenta imitar los dibujos animados clásicos). Sólo la variedad de entornos, submarinos, entre chabolas o llenos de tecnología arrojan algo de interés a lo que vemos, junto con las distintas alturas y atajos que disfrutaremos entre saltos. Quizá esta elección, por un estilo diferente, sea la que choque con algunos jugadores acostumbrados a rasgos más naturales. Sin embargo, es cuestión de gustos y Brink demuestra un buen nivel visual, a pesar de usar tecnología más que madura.

El sonido, que acompaña bien a cada entorno, se ve ligeramente empañado por unas voces que para nada tienen que ver con el aspecto de esos personajes sumamente exagerados. De ahí que, en la práctica, nos encontremos con que casi todo el mundo usa las mismas del catálogo y perdamos esas señas de identidad que tanto intenta transmitir Brink.

Salir, conquistar, defender y vuelta a empezar

Como ya debe haber quedado claro, a pesar de animaciones que intentan meternos en una historia más o menos compleja, Brink nos pone en medio de enfrentamientos en zonas limitadas. Los objetivos nos son dados bajo la atenta mirada de una cuenta atrás que debemos tener siempre presente. Abundan los momentos en que necesitamos pulsar un botón durante varios segundos, hasta que un ordenador pasa a nuestro poder, reparamos un robot, una bomba se desactiva o ponemos en marcha los explosivos de turno. Mientras tanto, si el equipo que nos acompaña está a la altura, el resto se encargará de protegernos. Pero si decidimos jugar contra la máquina o en partidas con desconocidos, lo más probable es que la frustración se apodere de nosotros.

La idea principal de Brink es potenciar el compañerismo y esto lo hace con la confianza en que siempre tengamos cerca de siete amigos. Es decir, las partidas con dos grupos de ocho personas son la mejor baza del juego. Sin embargo, sólo en algunos modos podremos disfrutar de ellas. Algunos problemas con las modalidades para 16 jugadores han hecho que estas se limiten respecto a lo anunciado antes del lanzamiento. Así, la idea de tener siempre 15 plazas más, disponibles, se ha quedado en la reserva, a la espera de que Splash Damage consiga solucionar algunos problemas con su estructura online. Algo que seguramente se arregle en breve, gracias al uso de servidores dedicados.

Con una experiencia que no para de subir y que ganamos tanto online como cuando jugamos en solitario, las opciones de Brink tienen fecha de caducidad. Al menos las iniciales, ya que sus responsables han prometido una primera descarga totalmente gratuita, que añadirá más posibilidades al juego. Así, esperamos que aumenten las misiones del modo principal y las pruebas sueltas, que incluyen hasta carreras a lo parkhour. ¿No lo sabías? Pues sí, se puede saltar de una terraza a otra, escalar muros, agacharse para pasar por agujeros y correr sin tocar el suelo entre edificios. Todo ello sin tener que hacer combinaciones complicadas con el mando, ya que el juego intenta adivinar nuestras intenciones. Unos personajes lo harán mejor que otros, claro. Pero esto, es solo una opción más de Brink, un juego que intenta ofrecer algo para todos, pero que necesita un gran esfuerzo para que el jugador se identifique con su estilo.

Valoración

Con Brink se perfecciona la idea de los Enemy Territory. Sin embargo, cuesta pillar la gracia a su historia, así como a un estilo visual poco frecuente. Eso sí, se nota que sus responsables tienen tablas en el campo online.

Hobby

79

Bueno

Lo mejor

Brink es un juego para disfrutar con amigos y que premia las horas invertidas.

Lo peor

El catálogo de Brink se agota demasiado rápido y cada nivel parece aislado del resto.

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