Análisis

La bruja - Crítica de la cinta que aterrorizó a Stephen King

Por Raquel Hernández Luján
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CRÍTICA DE: La bruja (The Witch) - DIRIGIDA POR: Robert Eggers - PROTAGONIZADA: Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw, Lucas Dawson, Ellie Grainger, Julian Richings, Bathsheba Garnett, Sarah Stephens y Jeff Smit. En cines el 13 de mayo de 2016.ARGUMENTO: En la Nueva Inglaterra en el año 1630 una familia de colonos cristiana, formada por un matrimonio y sus cinco hijos son desterrados al bosque que, según las creencias populares, está controlado por un mal sobrenatural. Cuando su hijo recién nacido desaparece y los cultivos no crecen, los miembros de la familia se rebelan los unos contra los otros.

El primer largometraje de Robert Eggers es una pasada si tenemos en cuenta que supone su debut como director y guionista. Estamos hartos de ver películas sobre los juicios de Salem y de rascar en una mitología harto conocida desde una perspectiva totalmente diferente a la de La bruja. Normal que aterrorizara al propio Stephen King. Echad un ojo al tráiler:

Se trata de una cinta que indaga en los miedos del siglo XVII trasladándonos a una familia temerosa de Dios que, tras ser expulsada de la comunidad en la que vivía, se instala en las inmediaciones de un bosque en el que habita una presencia sobrenatural que pronto hará de las suyas: agostará su plantación de maíz, raptará a los niños y sembrará el desconcierto.

Conseguir crear inquietud en el espectador actual con esos resortes es muy difícil porque nos parece un tema lejano (salvo si vives en el monte), pero Eggers toca en la diana yendo al grano muy pronto y mostrándonos ese mundo de villanas telúricas corruptoras de la inocencia infantil que han pactado con el diablo. No hay lugar para la imaginación en este punto: aquí la cinta es muy sincera mostrando desde el comienzo que no es producto de la imaginación de los personajes sino un cuento folklórico puesto en pie como si fuera tan real como tú, querido lector, y yo.

Pero La bruja (The Witch) no se articula, ni mucho menos, como una cinta de terror al uso: no busca, salvo en momentos muy puntuales, el susto inmediato, sino que va cociendo a fuego lento en la marmita cinematográfica todos los ingredientes para conseguir la pócima del espanto: tenemos intriga, terror psicológico, planos detalle en los que nos obliga ver lo que quiere el director y mucha información escamoteada. 

Y todo eso rebozado en un fanatismo religioso que da más miedo que los propios elementos sobrenaturales... Pero ¿por qué el guión se guarda tantos ases en la manga? Porque el gran hallazgo de esta película es el poder de insinuación: es voluntariamente ambigua para dejarte pensando realmente qué has visto: ¿se trata de un proceso de corrupción de la pureza paulatino o quizás antes de que empieze la narración ya han sucedido cosas que han iniciado esa evolución? 

¿Por qué ese cruce de acusaciones entre la comunidad y la familia de propagar la falsa palabra de dios? ¿Cuál es la verdadera razón de que sean expulsados? ¿Es tan limpia como parece la relación entre los personajes? 

Mención especial merece la banda sonora de La bruja, que gracias a piezas corales con voces femeninas evocan un aquelarre en las profundidades del bosque y se erigen como detonantes del extrañamiento que de por sí generan las imágenes: ese juego del cucú-tras con el bebé (aterradora esta secuencia con toda su simplicidad), los gemelos cantando y bailando frenéticamente con el macho cabrío, el conejo que reta al cazador, la manzana cuajada de sangre que simboliza el quebrantamiento de la pureza o esas visiones de maternidad frustrada de la madre en compañía del cuervo...

Recomendación importante: vedla en versión original para que podáis disfrutar en toda su plenitud de la imponente voz del padre de familia al que da vida Ralph Ineson y de la excelente interpretación de todos y cada uno de los personajes principales. La madre no es otra que Kate Dickie, a la que recordaréis por su papel en Juego de tronos como Lysa Arryn; Thomasin, la hermana mayor es la recién descubierta Anya Taylor-Joy y Caleb es otro bárbaro Harvey Scrimshaw que protagoniza una secuencia demoledora en la que la familia ve sacudida su fe desde sus cimientos y se instala la desconfianza.


El guión es bueno, pero el resultado se debe en un gran porcentaje a la entrega absoluta de sus intérpretes que hacen creíble lo increíble y orquestan secuencias asfixiantes, impredecibles, que dejan al espectador clavado en la butaca pensando qué vendrá después.

Hay además un gran bagaje artístico en la concepción de la puesta en escena y la fotografía de La bruja: desde reminiscencias de las pinturas negras de Goya hasta los claroscuros de Caravaggio pasando por la senda del cine de autor de Lars Von Trier. Es densa, elegante, evocadora y casi diríase dotada de cierto aire documental gracias a la recuperación de ese inglés antiguo que envuelve la religiosidad en un papel de plata inteligible pero que fluye como un misterioso arcano. 

La bruja está llamada a convertirse en un referente del género de las brujas porque deja muy lejos a esas mujeres de caras verdes que vuelan en escoba para desarrollar otro concepto bien diferente que le helaba los huesos a nuestros antepasados: las inscritas en el libro de Satán que han renunciado a su alma por la vida eterna aunque para eso tengan que hacer mantequila de los niños no bautizados. Ahí es nada. Eggers promete con esta primera cinta, esperaremos impacientes sus nuevos trabajos.

Valoración

Profundamente perturbadora y arriesgada, La bruja hunde las uñas en el folklore para retratar uno de los grandes miedos del siglo XVII.

Hobby

85

Muy bueno

Lo mejor

Pone los pelos de punta con algunas secuencias magistrales. El elenco está de fábula.

Lo peor

Si no entras en la película puede parecerte risible, sobre todo la conclusión

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