Análisis

Cine de ciencia ficción: Abre los ojos

Por Laura Gómez
-

ARGUMENTO: César es un joven que ha heredado de sus padres una gran fortuna. Una noche, en una de sus grandes fiestas, conoce a Sofía y se enamora de ella. Al día siguiente sufre un accidente de coche que lo deja desfigurado. A partir de ahí, la realidad y la ficción se mezclan en su pesadilla.1997 - DIRIGIDA POR Alejandro Amenábar - PROTAGONIZADA POR Eduardo Noriega, Penélope Cruz, Fele Martínez, Najwa Nimri, Chete Lera y Gérard Barray. 

Pocos directores han conseguido el éxito que logró Alejandro Amenábar con su ópera prima, Tesis, rodada en las instalaciones de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Después de que José Luis Cuerda se interesara por aquel guión, y tras nada menos que 7 Goyas, el respaldo económico para su segundo largo, Abre los ojos, era obvio. Producida de nuevo por el propio Cuerda, esta película evidencia la cinefilia de Amenábar. Si bien la gran mayoría de directores utilizan sus conocimientos para crear productos inéditos, no todos salen bien parados, y en el caso del que fue el niño prodigio español (o hispano-chileno), sus obras inyectaron una ráfaga de optimismo al cine patrio.

No hace falta más de un minuto para darse cuenta de que el presupuesto que se manejaba en Tesis había quedado muy atrás en Abre los ojos. Con la inolvidable imagen de la Gran Vía madrileña completamente vacía, César (Eduardo Noriega) comienza su pesadilla. Y es en ese juego entre sueño y realidad donde reconocemos a un Amenábar amante de la Vértigo de Hitchcock, no tanto por sus engaños como por sus artificios a la hora de llegar a ellos. La película se enmarca en un suspense onírico que no siempre fluye grácil, pero sus mecanismos funcionan. A partir del accidente de coche de César, en el que queda desfigurado, Amenábar construye una estructura narrativa que se sostiene en el desconcierto y, poco a poco, en la evidencia.

Alumno aventajado

En este juego psicológico los recursos estéticos son impecables: grúas de cámara agobiantes (recordamos la secuencia de la discoteca), espejos emborronados ante la cara de César, encuadres medidos al milímetro, una fotografía efectiva que introduce con esmero las fórmulas de la ciencia ficción… Nada que envidiarle a una cinematografía extranjera en 1997. El gran conocimiento del género por parte de Amenábar, sin embargo, se convierte en un arma de doble filo.

Abre los ojos sigue al pie de la letra los códigos del género, maneja limpiamente los elementos para manipular al espectador y dosifica las gotas de información que nos llegan con perfección quirúrgica, pero parece una reproducción exacta de cualquier otro producto de la década de los 40. Su aplicación de los códigos es tan sistemática que a veces resulta previsible, y cuando se evidencian los artificios del engaño es cuando vemos la mano que hay detrás de una película, rompiendo en parte el pacto de ficción. Eso sí, ese último tercio de ínfulas tecnológicas marcaba una diferencia que llegó a apreciarse en los festivales de Tokio y Berlín. Por su lado, Tom Cruise compró los derechos de la adaptación y protagonizó su remake, Vanilla Sky.

 

¿Vida eterna?

Cualquier intento de reflexión en Abre los ojos está subordinado al juego de sorpresas. Y las reflexiones no son pocas: realidad virtual, sueños, amor, percepción de la belleza, angustia existencial. Sus malabares argumentales de manual pueden hacer que el espectador se sienta engañado a la hora de cuestionarse esos temas o pueden atraparlo hasta el deseado final; al gusto del consumidor, como siempre. La realidad es que, para la que escribe estas líneas, Abre los ojos actúa como un lugar común del género que quizá nuestra cinematografía necesitaba.

Ojo, spoilers:

Aunque el clímax de la historia se convierta en una situación confusa, esa inmersión superficial en la realidad virtual y la posibilidad de tener una vida ideal después de la muerte no está tan lejos de lo que proponía Spielberg en su Inteligencia artificial. Salvando las distancias.

Fin de los spoilers

Uno de los mayores problemas del segundo largo de Amenábar son las interpretaciones principales. Si Chete Lera (como psicólogo de César) está fantástico en su papel y Najwa Nimri cumple en su rol de figura inquietante y semi-femme fatale que susurra más de lo que debería, Noriega, Penélope Cruz y Fele Martínez restan dramatismo a la historia. Esto se convierte en un lastre para la credibilidad del guión de Amenábar y Mateo Gil, compañero inseparable del chileno también en Tesis, Mar adentro y el patinazo de Ágora. Al reparto se suma la incorporación de algunas escenas superfluas que convierten en excesivo el metraje, de dos horas de duración.

 

La experiencia visual de Amenábar es innegable, y aunque su Abre los ojos adolece de ciertos problemas, su elegancia, buen gusto y conocimiento del medio a la hora de rodar hacen que esta experiencia cinematográfica sea satisfactoria, inquietante, original y necesaria en nuestra filmografía. La tercera en discordia en este pack perturbador fue Los otros (2001), y más tarde llegaría el cambio de rumbo con Mar adentro (2004) y el traspiés de Ágora en 2009. No sabemos si fue un niño prodigio o un alumno aventajado, pero está claro que es ha sido una pieza importante para nuestro país.

Otros clásicos de la ciencia ficción

Si os habéis quedado con ganas de pensar en la vida, la muerte, la realidad, lo onírico o en otros mundos de ficción, visitad nuestro especial de cine de ciencia ficción.

Valoración

Sólida en el tratamiento del suspense y llamativa en su reflexión sobre la vida y la belleza. Necesaria en la filmografía nacional a pesar de sus bastantes debilidades.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

El manejo del discurso cinematográfico. Su creatividad estética. Primer tramo hipnótico.

Lo peor

Interpretaciones principales mediocres. El último tercio se inclina al melodrama. Trampas visibles.

Lecturas recomendadas