Análisis

Cine de ciencia ficción: Atmósfera cero

Por Adrián Álvarez
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ARGUMENTO: Algo raro pasa en Io, uno de los satélites de Júpiter, donde habita una próspera comunidad minera. A pesar de que la productividad ha alcanzado números históricos, brotes psicóticos entre los mineros llaman la atención del Marshal William O'Niel . Y a pesar de Mark Sheppard, gerente de la estación, O'Niel estará dispuesto a llegar hasta el fondo... aunque le cueste la vida. 1981 - DIRIGIDA POR: Peter Hyams - PROTAGONIZADA POR: Sean Connery, Peter Boyle, Frances Sternhagen, James B. Sikking, Kika Markham.

Atmósfera cero es una película de Peter Hyams. Se trata de un nombre que a todo el mundo suena pero que pocos reconocen, pues se trata de uno de los grandes artesanos de Hollywood. Capaz de grandes películas, pero también de sonoros tropiezos, su nombre suele dignificar un producto que por sí mismo no tendría mucho interés. Ha sido director de películas olvidadas como Más fuerte que el odio, 2010: Odisea dos y la muy reivindicable Permanezca en sintonía, además de dos clásicos de Van Damme, Timecop y Muerte súbita… Pero temo que Atmósfera cero no podría tildarse como clásico, al menos de forma general.

El punto de partida de la película es bien sencillo: se trata de una adaptación libre de Sólo ante el peligro (1952, Fred Zinnemann) en el espacio. Si esto no os saca de la duda, el esquema cuenta cómo un agente de la ley implacable, ante la amenaza de unos sicarios dispuestos a matarle, y de un entorno que se niega a brindarle ayuda con tal de no tener problemas, se enfrenta en solitario a la muerte.

Aquí, el marshal William O’Niel (Sean Connery) descubre una siniestra conspiración en la estación minera de Io, uno de los satélites de Júpiter. Todos, desde los mineros hasta el Gerente General Sheppard (Peter Boyle), están relacionados con una droga que en algunos casos provoca locura, desencadenando esporádicos estallidos de violencia. O’Niel proseguirá con la investigación, aunque su familia le abandone y pierda tanto el respeto de sus compañeros como la protección, a cambio de su silencio, de Sheppard. Su empeño desencadenará un enfrentamiento contra unos asesinos a sueldo y contra el mando principal de la estación.

Atmósfera… diez

El gran logro de Atmósfera cero, y lo que la ha convertido en un clásico, es el ambiente de ciencia ficción, impecablemente reflejado gracias a la Introvisión, un método que permitía que un director comprobara el resultado de juntar lo que estuviera filmando en ese momento junto a otras escenas y acciones grabadas aparte. Así se podía ajustar la iluminación y los detalles, y se conseguía una mejor integración de ambas tomas. Dentro de la propia película se puede apreciar un efecto parecido en el juego de golf que practica Sheppard. Treinta y tres años después de su estreno la película no acusa el paso del tiempo.

Es curioso porque, por norma, las maquetas, trampantojos y cromas tradicionales pueden resultar más verosímiles hoy que efectos digitales primigenios como los que se puedan ver en películas de los 90. Si a esto sumamos un ambiente completamente opresivo, cortesía de los impresionantes decorados deudores de Alien (1979, Ridley Scott), y un magnífico diseño de sonido que llegó a tener una nominación al Oscar, tenemos una excelente atmósfera en la que desarrollar un thriller.

En lo que sí es superior Atmósfera cero a Solo ante el peligro es en la música, gracias la partitura de Jerry Goldsmith, que carga las tintas sobre la tensión que late tanto en la historia como en la estación minera y que señala, mejor que el propio Sean Connery, el estado anímico de su personaje. Fallecido en 2004, Goldsmith fue uno de los grandes músicos de Hollywood, capaz de elevar las cualidades de una película con su música, como debería ser (aunque esta norma ya no se cumpla del todo). 

Clásico falto de oxígeno

¿Qué falla entonces? El guión, algo típico de Hyams. Es un buen director de fotografía, don que aprovecha para exprimir los espacios que filma, pero como guionista acusa cierta incapacidad para crear buenos personajes o sacar provecho de las situaciones planteadas.

En Atmósfera cero el mayor fallo es que O’Niel no se queda desesperado y solo, como Gary Cooper en el clásico del 52, tan sólo es abandonado. No pretendo que copie aún más a dicha película, pero es que Hyams deja que la esposa de O’Niel (Kika Markham) le abandone mucho antes de que haya verdadero peligro en la estación, desperdiciando una clarísima oportunidad dramática. Su mayor pecado es desinflar todo el suspense, creado durante la primera hora de metraje, en los anticlimáticos enfrentamientos contra los sicarios. Son tan sosos que se tiene que sacar de la manga otro rival, este más peligroso y que obligará a O’Niel a un enfrentamiento directo de una vez por todas.

No ayuda que Sean Connery esté despistado. No refleja la angustia que su personaje debería tener, si acaso una incomodidad estomacal que le lleva a pasear una cara de palo por los pasillos de la estación, y tanto da que esté hablando con su única aliada, la Doctora Lazarus (Frances Sternhagen), que con el causante de todos sus problemas. En descargo de Peter Hyams hay que decir que Connery era un actor temperamental, que lo mismo daba el alma por proyectos peregrinos (Zardoz y su mankini…) o pasaba de perfilar, aunque fuera un poco, un personaje potencialmente interesante, como sucede con el marshal O’Niel.

No quiero decir con todo esto que Atmósfera cero sea una mala película. Merece un visionado gracias a la labor de ambientación y a las situaciones planteadas fuera del rígido esquema argumental, esto es, los arranques de locura de los mineros más sensibles a la droga. Son estas escenas, narradas con un gran olfato para la tensión y resueltas con imaginación, las que consiguen elevar la valoración final. Tampoco os perdáis la vibrante persecución en la parte central, un ejemplo de puesta en escena de muchos kilates.

Clásicos de la ciencia ficción

Vaya, puede que nos haya deshinchado un poco este filme de Peter Hyams, pero aún tenemos muchas (y mejores) películas que comentar en nuestro recopilatorio especial de ciencia ficción.  

Valoración

Un clásico en lo estético pero poco más que un entretenimiento en general, tiene la cualidad de ser mejor cuando se recuerda que cuando se revisa. Aún así, merece la pena la intentona gracias a ciertos pasajes brillantes.

Hobby

65

Aceptable

Lo mejor

Peter Boyle se come a Sean Connery. Grandes efectos visuales. Los brotes psicóticos. Jerry Goldsmith

Lo peor

Peter Hyams desaprovecha sistemáticamente cada oportunidad de su propia historia.

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