Análisis

Cine de ciencia ficción: Blade Runner

Por Manuel del Campo
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ARGUMENTO: Los Ángeles, 2019. La compañía Tyrell ha creado unos androides idénticos a los humanos, superiores en fuerza y agilidad y al menos tan inteligentes, a los que tiene esclavizados en las colonias exteriores. Se les conoce como replicantes. Tras una revuelta en el que varios de estos replicantes asesinan a humanos, son declarados proscritos bajo pena de muerte. Los equipos especiales llamados Blade Runner serán los encargados de perseguirlos y acabar con ellos.1982 - DIRIGIDA POR: Ridley Scott - PROTAGONIZADA POR: Harrison Ford, Sean Young, Rutger Hauer, Daryl Hannah, Edward James Olmos, Joanna Cassidy, Brion James, William Sanderson.

Al iniciar este análisis de Blade Runner, se nos viene irremediablemente una imagen a la cabeza: Un hombre persigue a una mujer a través de una caótica y concurrida ciudad. Tras varios intentos, al fin consigue encañonarla y, sin pensárselo, la dispara por la espalda varias veces. La mujer intenta una y otra vez continuar su huída, atravesando con su cuerpo múltiples escaparates impulsada por el poderoso impacto de las balas, ante la fría e impasible mirada de los maniquíes. La cámara nos muestra la escena a cámara lenta, acompañada de una relajante y sugestiva melodía.

Finalmente, la mujer se derrumba acribillada por los disparos y escuchamos como sus latidos van cesando hasta detenerse para siempre. Su perseguidor se aproxima con el rostro desencajado, a punto de vomitar, aparentemente asqueado por lo que acaba de hacer. Ridley Scott muestra unas imágenes que mezclan con sorprendente habilidad el lirismo y la brutalidad, y dejan en el aire multitud de incógnitas mientras tratamos de digerir lo que acaba de ocurrir. Porque en realidad no ha sido una ejecución, ha sido un “retiro”.

Esta maravillosa e impactante escena, incluso sacada de contexto, podría ser un perfecto resumen de Blade Runner, una película única, fascinante, sublime. Aunque lo mismo sucedería con cualquier otra, pues abundan en 117 minutos de cine mágicos, sin un solo segundo de desperdicio. Un film que hace suyo como ninguno el leitmotiv de este especial: ciencia y ficción.

Ya en el primer fotograma, un breve texto sobre fondo negro, que explica la premisa argumental y nos pone en situación, queda clara la profunda implicación filosófica y moral de su propuesta, aunque no llegamos a imaginar su complejidad hasta que no nos sumergimos de lleno en ese Los Ángeles del futuro, tecnológico y caótico, avanzado y decadente a la vez, sucio y multicultural, siempre oscuro y lluvioso.

Con el paso de los minutos, vamos entendiendo que el debate, la búsqueda de significado que nos propone Blade Runner es discernir qué es lo que realmente nos define como especie. Si otras "criaturas" pueden ser tan o más humanas que nosotros. Y hasta qué punto alguien tiene el derecho de decidir el destino de los demás...

Hay películas buenas, y desde luego muy buenas. Algunas llegan a ser obras maestras. Y solo unas pocas escapan a todos estos calificativos y se sitúan por encima del bien y del mal. Para muchos –también para mí- en este selecto grupo estarían films como Casablanca, Centauros del Desierto o El Padrino. Para Dani Quesada, seguro que también 2001, Una Odisea en el Espacio. En mi humilde opinión, Blade Runner tiene claramente un lugar entre ellas.

En cada visionado que he hecho (la primera vez la vi en VHS, luego algunas veces en el cine en sus respectivos reestrenos, decenas en DVD y, para esta ocasión y por primera vez, en el Blu Ray de la edición especial con cochecito incluido) Blade Runner me produce una estado de fascinación cercano a la hipnosis. No consigo apartar la mirada desde que empiezo a ver la futurista y cautivadora ciudad de Los Ángeles desde el aire, rebosante de luces de neón y anuncios en gigantescas pantallas, con la embriagadora partitura de Vangelis (sencillamente magnífica, la película no sería la misma sin ella) hasta que aparecen los títulos de crédito.

Y, una y otra vez, entiendo y compadezco al abnegado verdugo cuyo despreciable trabajo le repugna, me enamoro de una conmovedora y bellísima mujer que descubre que su vida es una farsa y, por supuesto, admiro y comprendo a unos seres cuyos miedos y deseos son tan lógicos, tan humanos, que solo bajo la soberbia y la miopía de sus creadores parecen simples asesinos.

Un Ridley Scott en estado de gracia, que venía de hacer nada menos que Alien, decidió seguir apostando por la ciencia ficción, pero dejando esta vez de lado el terror para centrarse en las implicaciones humanistas y morales de la evolución tecnológica.

Basándose en un texto del novelista Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (quién tuvo la ocasión de ver 40 minutos del film antes de su muerte y se quedó gratamente sobrecogido por la forma en la que habían entendido su texto), Scott continuó con su particular y revolucionaria dirección visual, logrando con Blade Runner unas imágenes tan poderosas como bellísimas, donde la excelsa fotografía, la cuidada iluminación y unos sorprendentes decorados combinadas con las (por entonces) innovadoras melodías new age de Vangelis (que venía de ganar un Oscar por la B.S.O. de Carros de Fuego) completaron secuencias que son auténticas obras de arte. Hasta un plano tan aséptico como el de una mujer bajo un secador de pelo resulta maravilloso.

Todo esto, teniendo en cuenta que estabamos aún en una época anterior a los efectos por ordenador, en la que todo se realizaba de forma artesanal. Las imágenes que vemos en el film tienen su origen en maquetas, trucos de cámara y de fotografía e ingeniosas combinaciones de luces y humo. Para colmo, hasta las limitaciones acabaron convirtiénbdose en virtudes. Dado que todo lo que quería plasmar Scott no era posible debido al presupuesto, se optó por combinar elementos futuristas con retro, que incluso parecieran anticuados. El resultado final fue tan bueno, que incluso el director recibió la llamada de un importante arquitecto inglés tras el estreno del film para felicitarle y pedirle consejo.

Y dentro de este cautivador cuadro es donde encaja un guión espléndido, conciso, contundente. Hampton Fancher escribió el primer texto (con el título de Dangerous Days), y cuando llegó a manos de Scott, al igual que hizo con Alien escribiendo una biografía de cada uno de los personajes, se obsesionó con ese mundo futuro que tan solo era sugerido. "¿Cómo debía ser la vida en 2019?" "¿Qué se ve a través de las ventanas?", le preguntó Scott a Fancher. Ante el desconcierto de este, el realizador empezó a concebir todo este entorno, y a dibujarlo en sus clásicos y detallados storyboards, inspirado en las historietas de Heavy Metal y los diseños de Moebius.

Y después lo puso en manos del guionista David W. Peoples (que luego se consagró con textos como Sin Perdón o 12 Monos). El resultado ya lo conocemos. La ambientación pasó a convertirse en un elemento clave dentro de la trama. Y, a la vez, el texto se cerró con pocos pero sensacionales diálogos, dentro de una estructura policiaca que bebe claramente de las novelas de Raymond Chandler y del cine de Howard Hawks. Blade Runner es ciencia ficción, sí, pero también es cine negro, en el que no faltan el detective desencantado, los personajes ambiguos, la mujer fatal, la víctima de la que se enamora el protagonista, el sofisticado malvado, el patético soplón y hasta el policía pragmático que sabe más de lo que parece (impagable Edward James Olmos).

De hecho, hay una escena que es un claro homenaje a El Sueño Eterno y a Bogart, en la que Deckard finge improvisadamente ser un torpe funcionario para sonsacar información a una sospechosa.

Precisamente, fue esa concisión del guión y una historia llena de misterio y multitud de pinceladas sutiles lo que llevo a los productores a estrenar la película añadiendo la voz en off del protagonista (algo que estaba en la versión inicial de Fancher) –con lo que sumaban otro clásico elemento del cine negro- de forma que se aclararan ciertos aspectos de la trama que la gente de la Warner no tenía muy claro que el publico de aquel entonces fuera a entender. Y quizá no les faltaba razón, porque sin duda fue una película muy adelantada a su tiempo.

Por lo que a mí respecta, y por supuesto sin despreciar en absoluto aquella versión (que además fue la primera que vi) me quedo sin dudarlo con la posterior reedición (que además fue uno de los primeros films que acunó la ahora famosa denominación Director´s Cut, y sin duda el que la popularizó) y especialmente con la definitiva de 2007, en DVD o Blu Ray, que corrige las pequeñas incongruencias del guión (fruto de las sucesivas reediciones y cortes) y soluciona algún que otro gazapo como el de la cantosa doble de Zhora en la escena de su muerte.

Es más, si alguno de vosotros aún no habéis visto este film (para empezar dadme vuestros nombres para que os denuncie) os recomendaría incluso que vierais primero la versión comercial y después la versión del director. La verdad es que resulta alucinante como tan solo una voz en off, un sueño y una breve secuencia final pueden modificar un elemento tan crucial dentro la historia. En realidad hay hasta siete versiones del film, pero esa es otra historia…

Pero no os vayáis todavía, que aún hay más. He mencionado el personaje de Gaff, y brevemente a la encantadora y frágil Rachel (nunca Sean Young volvió a estar tan deslumbrante), pero hay más personajes inolvidables. Harrison Ford, que llegaba con su carrera lanzada tras Star Wars y el primer Indiana Jones, completó un Deckard complejo, lleno de dudas y conflictos, un antihéroe en toda regla. Y eso a pesar de que estuvo todo el rodaje dando por saco (sobre todo a Scott y a Young)  y que después, a pesar del incuestionable éxito del film, nunca ha querido hablar demasiado de su papel ni de la película.

Por cierto, para este personaje hubo una extensa lista de (muy populares) candidatos, y de hecho Dustin Hoffman estuvo en todas las quinielas hasta el final. La recomendación de Spielberg fue clave para que Ford fuera finalmente el elegido.

También destaca una jovencísima Daryl Hannah (Pris), pura energía, que se tomó tan en serio su papel que casi se queda ciega en la escena en la que se maquilla con un spray.

Y, por supuesto, Roy, el líder de los replicantes, con un Rutger Hauer que tuvo aquí el papel de su vida (con la parte de culpa que corresponde a Scott por elegirle). Imponente y aterrador, y a la vez desgarrador en uno de los monólogos más famosos de la historia del cine (que os dejo en vídeo OJO SPOILER si no habéis visto el film), cuya parte final fue improvisada por el propio actor así como la inclusión de la paloma. Hasta el espectacular salto que realiza de un edificio a otro lo hizo él personalmente. FIN DEL SPOILER

Después de más de 30 años, Blade Runner mantiene intacta toda la fuerza y la magia de entonces. Lejos de envejecer, es uno de los grandes clásicos del cine que resiste impasible cualquier visionado. Solo rezo porque, esta vez sí, nadie cometa la estupidez de realizar una secuela como parece que lleva tiempo rumoreándose.

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Valoración

Probablemente, la mejor película de ciencia ficción de la historia. Maravillosamente rodada, visualmente insuperable y con un complejo trasfondo moral y existencial. Una obra única que deleita en cada visionado.

Hobby

97

Obra maestra

Lo mejor

Todo. Su fascinante y extraordinario concepto audiovisual. Guión e historia. Música. Personajes

Lo peor

Su ritmo pausado puede no gustar a quien espere acción desbordante