Análisis

Cine de ciencia-ficción: crítica de Minority Report

Por Raquel Hernández Luján
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2002 - CRÍTICA DE: Minority Report - DIRIGIDA POR: Steven Spielberg - PROTAGONIZADA POR: Tom Cruise, Colin Farrell, Samantha Morton, Max Von Sydow, Tim Blake Nelson, Kathryn Morris, Peter Stormare, Steve Harris, Neal McDonough, Patrick Kilpatrick, Jessica Capshaw y Meredith Monroe.ARGUMENTO: Adaptación del relato breve de Philip K. Dick "El informe de la minoría". En el futuro, la policía utiliza tecnología psíquica para arrestar y enjuiciar a los asesinos antes de que cometan un crimen. El futuro se puede predecir y los culpables son detenidos por la unidad de élite Precrimen antes de que puedan delinquir. Las pruebas se basan en los "precogs", tres seres psíquicos cuyas visiones sobre los asesinatos nunca han fallado.

Es imposible empezar una crítica de Minority Report sin decir que Philip K. Dick fue un visionario. Sí, también un bicho raro y un autor bastante poco apreciado en vida, pero si pensamos que este relato "El informe de la minoría", lo escribió en el 56 y que en 2001 estaríamos hablando de la "guerra preventiva", es para que se nos pongan los pelos de punta... ¿Creéis que soy una paranoica? Pues atentos a esta anécdota: el habitáculo donde encierran a Tom Cruise cuando le ponen el halo es el número 1109, lo que se ha interpretado como una alusión al 11 de septiembre de 2001. 

Sea como fuere, la idea la plasmó en un relato, echándole mucha imaginación, pero nos puso ante las narices algo de lo que hablaríamos profusamente: ¿es lícito tomar represalias ante una amenaza previa al ataque? ¿Puede pronosticarse de manera fiable un crimen y de ser así, quién marca el límite del castigo por algo que aún no ha sucedido por más probable que sea?

La base de la historia

A estas alturas ya me tendréis muy cogida la medida y sabréis de sobra que uno de mis puntos débiles son las narraciones en las que se nos presenta un futuro distópico creíble, así que mi amigo K. Dick es de los que me acompaña desde la adolescencia. Y ya haciendo comandita con Spielberg y John Williams, qué deciros... ¡una delicia! Es prácticamente imposible ser un amante de la ciencia-ficción y no haber visto varias veces esta película...

La historia original más o menos se respeta en la película: John Anderton (Tom Cruise), jefe de la División Policial Precrimen, trata de evitar a toda costa cualquier asesinato antes de que tenga lugar basándose en las visiones de tres individuos dotados de un talento que es su condena: su capacidad de ver el futuro.

Esto hace del Washington de 2054 la ciudad más segura del mundo, pero el sistema que con tanto esfuerzo han cimentado pronto se tambaleará cuando Anderton se vea envuelto en un futuro asesinato en la visión de uno de los "precogs", lo que le obliga a huir (ya sabéis lo que le gustan a Spielberg las persecuciones y a Cruise darse buenas carreras en sus películas). La cuestión es que ni siquiera conoce a su víctima: si se cumple la visión, el sistema quedará más que probado y él condenado, pero, de no cumplirse el vaticinio, éste se vendrá abajo. El dilema es enorme ¿autoconservación o preservación del sistema? Es la oposición del individuo frente a la estructura.

Lo que le aporta la película al imaginario de Dick

A día de hoy, doce años después del estreno de Minority Report, estamos más que acostumbrados a las holografías, los sistemas de realidad virtual, las pantallas transparentes y casi intangibles y, qué demonios, gracias al grafeno sabemos que está a la vuelta de la esquina una verdadera revolución en el uso de los dispositivos móviles. Pero en 2002, hay que decirlo, todos nos flipamos mogollón (tal cual, no me voy a poner sesuda para señalar una realidad como un templo) con el entorno tecnológico que muestra la película.

La estética que desarrolla la película: la concepción de los coches automáticos, los apartamentos, los periféricos, los formatos de reproducción de imágenes casi intangibles, las arañas-espía (que protagonizan una magnífica secuencia en la que accedemos a distintos apartamentos y, cuando llegan a nuestro protagonista homenajean a la La naranja mecánica), la fotografía premeditadamente saturada y con ligeros destellos... Todo resultaba superfuturista, pero también, hasta cierto punto, creíble.

La naturaleza, salvo momentos puntuales y bien articulados estructuralmente en la trama como la aparición de un personaje crucial en la historia, brilla por su ausencia y es el entorno digital, la tecnología y ese viraje al azul lo que predomina en la cinta. Respecto al relato original hay una clarísima estilización porque Cruise se parece lo que el huevo a la castaña al Anderton literario, un hombre rechoncho, alopécico y entrado en años y los precogs tampoco son precisamente un dechado de belleza: son una suerte de mutantes deformes concectados a una red de cables privados de otra misión que la de su trabajo.

El peso de la minoría y el antihéroe reconducido

La película también simplifica de forma notable las visiones de los precogs, ya que en el papel son bastante más complejas y generan multitud de futuros posibles. Pero si nos ceñimos a la versión cinematográfica el informe de la minoría se da de forma exclusiva cuando uno de los videntes difiere en su predicción de los otros dos. Tan sencillo como letal. Porque es justo la brecha en el sistema que puede dar al traste con él y lo que Anderton encuentra, haciéndole enfrentarse al grave dilema de dinamitar Precrimen o preservarlo dejando que la balanza se decante por el bien mayor. El clásico problema que nos ponían en la clase de ética, vamos.

Respecto a las interpretaciones, Cruise es desde luego la gran estrella de la cinta, claro está. Pero no es el clásico héroe al uso: separado de su esposa tras la muerte de su hijo pequeño abusa bastante del alcohol y no ha conseguido superar la pérdida. Y para colmo de males se ve perseguido por sus propios compañeros de División una vez que aparece la visión de Agatha (la vidente encarnada por Samantha Morton, un personaje un poco cansino, la verdad, por su extrema fragilidad).

Todo sucede además cuando una buena alimaña aparece para tratar de moverle la silla a Anderton: Ed Witner (Colin Farrell), el representante del Senado que se dedica a buscar fallos en cualquier parte. Pero si hay un actor cuya interpretación sobresale sobre el resto es la de Max Von Sydow (como siempre) con su zalamería y su ambigüedad. Te vendería polvorones en el desierto con su tono amistoso y su apariencia paternal.

En suma, Minority Report conjuga en un cóctel explosivo una buena trama de ciencia-ficción en la que tienes ocasión de reflexionar, un guión impredecible plagado de recovecos y giros inesperados, un buen reparto y un desarrollo visual que no desmerece con el paso del tiempo. Es de obligado visionado y de buena degustación ayer y hoy por el fabuloso montaje de Spielberg, su pulso planificando cada encuadre y la dosis de aventura que no suele faltar en sus películas (imposible olvidar la secuencia del ojo rodando o la leche verde... esos detallitos del realizador que son marca de la casa...).

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Valoración

Uno de los títulos imprescindibles de la ciencia-ficción de lo que va de siglo. Mil veces plagiada y parodiada ya: visualmente impecable, con una buena historia y una progresión muy adecuada.

Hobby

85

Muy bueno

Lo mejor

El sugerente tratamiento visual de la película y las implicaciones de las acciones preventivas.

Lo peor

¿Demasiado azúcar al final? El personaje al que da vida Samantha Morton es un tanto insufrible.

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