Análisis

Cine de ciencia ficción: La guerra de los mundos

Por Gustavo Acero
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ARGUMENTO: Ray Ferrier (Tom Cruise) es un trabajador de Nueva Jersey divorciado que se dispone a pasar un fin de semana con sus hijos Robbie y Rachel (Dakota Fanning), pero el plan familiar se convierte en una huída hacia la supervivencia cuando un ejército de extraterrestres invade la Tierra para aniquilar a la raza humana. 2005 - DIRIGIDA POR: Steven Spielberg. INTERPRETADA POR: Tom Cruise, Dakota Fanning, Tim Robbins, Justin Chatwin, Miranda Otto.

«Damas y caballeros, interrumpimos la emisión para comunicarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Nueva Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte...»

Orson Welles troleando al mundo en 1938.

Con estas inquietantes palabras comenzaba lo que probablemente sea la emisión radiofónica más influyente de todos los tiempos (con permiso de Milenio 3), cuando un joven Orson Welles transformó la novela de ciencia ficción del británico H.G. Wells en la retransmisión de la invasión alienígena más realista jamás locutada. Así lo fue, al menos, para los miles de oyentes norteamericanos que, en la víspera de Halloween de 1938, abandonaron sus hogares despavoridos en el firme convencimiento de que un ejército de marcianos se disponía a aniquilar nuestra civilización. Había estallado La Guerra de los Mundos.

15 años después de aquel fenómeno sociológico y 55 después de la publicación de la novela, La guerra de los mundos estrenó su primera adaptación cinematográfica (la de 1953) obteniendo un Oscar por unos meritorios efectos especiales que hoy se llevarían un Razzie. Pero si existe un cineasta que debía actualizar al siglo XXI la primera obra conocida sobre invasiones extraterrestres, ése no era otro que el llamado Rey Midas de Hollywood: don Steven Spielberg.

Tom Cruise y Dakota Fanning flipando con el párrafo anterior.

Venimos en son de ZAS

Y en toda la boca, además. Por primera vez en su intachable filmografía, el director que se emocionó con Pulseras Rojas cambiaba su visión esperanzadora y condescendiente del vecino alienígena por la de un enemigo hostil, salvaje y genocida que se alejaba radicalmente del entrañable E.T. (la peli, no el juego enterrado) o de la alianza de civilizaciones de Encuentros en la tercera fase. En este caso, y ajustándose a la descripción literaria original de las naves, el invasor adopta la forma de un ejército de gigantescos trípodes andantes de enorme fuerza visual que calcinan a los seres humanos mediante rayos de calor, utilizan nuestra sangre como fertilizante y arrasan nuestras ciudades a su paso.

La principal virtud de la película es su fidelidad al texto de Wells, que utiliza el miedo al exterior como alegoría de un contexto sociopolítico marcado por la Gran Depresión y el inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial, un clima de desconfianza y temor ante la amenaza del extranjero que tristemente volvió a cobrar sentido tras el 11-S (la película se estrenó cuatro años después). Sin embargo, el auténtico apocalipsis del relato empieza en el seno de la familia protagonista, encabezada por un Tom Cruise más inspirado y convincente que de costumbre, cuyo personaje evoluciona desde la figura de una especie de Homer Simpson desastroso y negligente, a la de un padre coraje y heroico que se dejará la placenta (digo la piel) por proteger a sus hijos, aunque el mayor no se lo merezca por su recalcitrante papel de rebelde sin causa.

¿Has visto el monumento que ha construido el creador del obelisco de las Torres Kio?

 

Aunque la historia es más ligera que en la película de 1953 (que estaba más centrada en los valores científicos del descubrimiento de los marcianos), Spielberg trata el miedo al enemigo al estilo de Frank Darabont en La Niebla o de M. Night Shyamalan (cuando aún estaba cuerdo) en Señales y El Bosque; el verdadero peligro no está ahí fuera, sino en nosotros mismos y en nuestra forma de relacionarnos con una sociedad demasiado ocupada en sus miserias como para percatarse de una amenaza exterior, ya sea un ejército de naves alienígenas, una organización terrorista o un gobierno corrupto. Por tanto, La guerra de los mundos parte de una premisa atemporal y aplicable a cualquier sociedad avanzada inmersa en la dictadura de la información, cuyo tratamiento juega un papel determinante como canal de contacto con la realidad.

En este sentido, la escena más poderosa a nivel narrativo es aquella en la que Ray (Cruise) debe refugiarse con una prodigiosa Dakota Fanning en el sótano de un desquiciado Tim Robbins, muy alejado de su registro melancólico de Cadena Perpetua o Mystic River. Es sin duda la escena de mayor tensión dramática del film, y no tanto por la irrupción de una serpiente alienígena en el sótano de la casa en una fase de sigilo digna de Metal Gear, sino por la manifestación de la debilidad humana del anfitrión (Robbins) cuando pierde los papeles al comprobar lo que hacen los marcianos con la sangre humana, (SPOILER) lo que obliga a Cruise a tomar una dolorosa decisión para evitar que su locura acabe atrayendo al enemigo extraterrestre.

Esa sensación de coincidir con un vecino en el ascensor

Las trompetas de la poca elipsis

Spielberg vuelve a erigirse como un maestro de la imagen y la fotografía, capaz de poner cara al miedo sin dejar lugar a la sugestión mediante una cámara sobria que prescinde de los excesos de películas catastrofistas posteriores como Monstruoso (bolsa para vomitar incluida), pero también es imprescindible hablar del sonido, que en La guerra de los Mundos desempeña una función tan protagonista como los efectos especiales de la siempre soberbia ILM. Para el que escribe esta humilde reseña, el mayor acierto de la película está en los sonidos elegidos para anunciar la llegada de los trípodes, una sobrecogedora percusión de trombones que transmiten magistralmente la sensación de inquietud, épica y terror que se pretende, lo que se tradujo en una nominación al Oscar por el citado apartado. Aprovechamos la oportunidad para rememorar ese escalofriante zumbido, a medio camino entre el misterioso fenómeno The Hum y las siete trompetas del apocalipsis.

Cómo molaría reproducir este audio a todo volumen por la ventana a las cinco de la madrugada, ¿eh?. Pero volviendo a la película, lo único que se le puede recriminar a Spielberg es el abrupto y autocomplaciente desenlace con el que resuelve la trama, que recuerda inevitablemente a los acelerados finales de El Incidente o las citadas SeñalesLa Niebla (obviando un terrible detalle que ya sabéis quienes la habéis visto): todo se soluciona como por arte de magia, los buenos ganan porque se lo merecen y el enemigo se autodestruye por su vulnerabilidad ante un virus terrestre, aun a pesar de llevarnos milenios de ventaja científica y tecnológica. Por suerte, para entonces, la película ha cumplido todos sus objetivos: entretener, angustiar y deslumbrar durante dos horas, dejando claro por qué Spielberg es el Iker Jiménez de la ciencia ficción, siempre y cuando no incluyamos Indiana Jones 4 en la lista.

Otras invasiones de ciencia "fricción"

Si queréis seguir haciendo amigos alienígenas en este u otros mundos, daos una vuelta por nuestro especial de cine de cinecia ficción. Os recomiendo especialmente la crítica de Contact. Buenísima. Sí, soy un spammer.

Valoración

El maestro Spielberg traduce el espíritu original de la novela de Wells en dos horas de espectáculo catastrofista y angustioso realismo. A pesar de sus momentos memorables, los trípodes acaban cojeando de una pata: su abrupto desenlace.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

La atmósfera de realismo y tensión dramática. Los efectos visuales... ¡y ese sonido de los trípodes!

Lo peor

El final, demasiado abrupto respecto al original. La escena en el sótano, un pelín larga.

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