Análisis

Cine de ciencia ficción: Terminator 2, el juicio final

Por Adrián Álvarez
-

CRÍTICA DE: Terminator 2 - DIRIGIDA POR James Cameron - PROTAGONIZADA POR Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Edward Furlong, Robert Patrick. 1991. Un ciborg, del mismo modelo que el enviado para matar a Sarah Connor, es enviado para proteger a un adolescente y problemático John Connor de un robot fabricado con metal líquido. Y mientras sobreviven, los Connor tienen que preguntarse: ¿podrán evitar el día del juicio final?

¿Nunca habéis contemplado un cuadro de una determinada época y pensado “Ya no se hará nunca algo parecido”? Se trata de la certeza de que el mundo ha pasado página, para bien o para mal. Hay obras que llamamos atemporales, clásicos en su definición más amplia, cuya calidad se sobrepone a la época en la que fueron ejecutadas. Ateniéndonos a todo esto, Terminator 2: El juicio final es un clásico, sí, y un retrato de lo que fueron los 90 en general y el cine de acción en particular.

Fuego, trueno, acero

En 1991, ni James Cameron ni Arnold Schwarzenegger tenían nada que demostrar: cada uno era un icono en su campo y el espectador acudía para ver cómo de lejos eran capaces de llegar. A un nivel de exigencia tan bajo, se agradece que la calidad no sea sólo superior a lo esperado, sino a la media.

John Connor (Edward Furlong) continúa siendo el objetivo de Skynet, la máquina que tomó conciencia de sí misma. Si en la primera parte Connor era un fantasma del futuro, aquí se materializa en un niñato criado en hogares de adopción y con fama de problemático: el tipo de chico al que se le repite que nunca será nada en la vida, pero al que el destino, paradojas de su vida, reserva la grandeza en el peor escenario posible. 

Es en la huida cuando surge el tema central de la película: ¿podemos elegir nuestro futuro? Terminator finalizaba con Sarah Connor defendiéndose del destino, pero en esta secuela tenemos a los personajes revolviéndose contra él. Este giro añade una capa de complejidad más al argumento y expande la premisa hacia nuevos horizontes, demostrando por qué esta franquicia, más allá de sus diseños, sigue teniendo relevancia a día de hoy.

Un casting brillante como el cromo

Esta vez, el conocido modelo T-800 interpretado por Schwarzenegger no aparece para acabar con la vida de Connor, sino para protegerla de un enemigo tan formidable que sólo otro cíborg puede hacerle frente: el T-1000, un ente formado por metal líquido, capaz de mimetizarse con el entorno o a otras personas, y de transformar sus apéndices en cuchillas. Si el T-800 reacciona a las balas como si le tiraras bolas de papel, el T-1000 reacciona como si nunca le hubieras disparado. Lo interpreta Robert Patrick cuya sutil interpretación permite reconocer una sombra de sadismo que emerge en momentos inesperados, y su gesto impertérrito es más una cuestión de soberbia que de diseño.

Gracias al inteligente guión, Schwarzenegger aprovecha la vuelta de tuerca sobre Terminator para evolucionar desde una máquina programada para matar hasta una figura paternal sintética, física y espiritualmente, y que se limita a usar las armas para amenazar a otras personas, distanciándose aún más de la programación original de Skynet. Su interacción con Furlong, que interpreta a Connor con la soberbia y vulnerabilidad de cualquier adolescente, enriquece el metraje con situaciones humorísticas y momentos muy tiernos.  

Por último, está Sarah Connor, que ya no es una chica ingenua: es una mujer endurecida y peligrosa, lógicamente perturbada por su conocimiento del futuro, su enfrentamiento con el Terminator y su relación con el fallecido Kyle Reese, padre de su hijo. Linda Hamilton consigue que esta mujerona resulte a la vez temible y vulnerable, en la que es la mejor interpretación de su carrera, pero que brilla como la que más en un casting impecable.  

Acción es algo más que movimiento

Es una queja manida y sobredimensionada, pero con una base real: el cine de acción actual carece de la claridad que disfrutamos en las películas de los 80 y 90. En un intento por acercarlo al realismo, se han perdido los encuadres inteligentes y la fluidez dentro de la pantalla, o lo que es lo mismo, antes una figura caminaba de A hasta B en un mismo plano y ahora ese recorrido se hace en veinte planos diferentes, montados en apenas tres segundos.

Por eso, es una gozada disfrutar de una película que se esfuerza por mostrarte secuencias espectaculares y te invita a disfrutarlas, no a sufrirlas. Secuencias como la persecución con el camión o la carrera a pie del T-1000 están tan bien ejecutadas, que su eficacia perdura hoy día y su puesta en escena se ha copiado, cuando no parodiado, en multitud de películas y series, quizá el mejor halago que se puede hacer en un arte visual como el cine.

Claro que no es sólo la acción lo que ejecuta Cameron con solvencia, sino cada secuencia de un guión que sabe cuándo morder, cuando emocionarte y cuando dejarte clavado en el asiento. Es una batidora de sensaciones con un nivel de detalle propio de alguien que adora su oficio y a su público, y que no se conforma con hacer que una secuencia siga a la otra. Además, su uso de los efectos especiales, aunando los esfuerzos de Stan Winston e Industrial Light and Magic, fue puntero en la época y se mantiene muy digno a estas alturas, quizás porque se usan para realzar las secuencias de acción, no para crearlas de la nada.

El aficionado a la ciencia ficción puede que gruña un poco ante la introducción de nuevas paradojas temporales, ninguneadas por el bien de una historia que no necesita más explicaciones, pero el resultado final es irreprochable.  

De forma inesperada, revisionar esta película ha renovado mi interés en Avatar 2 por una sencilla razón: al igual que hiciera con Aliens, James Cameron es un experto en secuelas que expanden los límites de la primera película. No quiere el cheque, desea que los aficionados encuentren nuevos puntos de vista.

Encontraréis muchos ciborgs en nuestro especial de ciencia ficción, pero ninguno mejor que éste.  

Valoración

La película de Terminator más completa, hiperbólica y divertida, nos hizo creer que segundas partes podían ser mucho mejores. Fue y es un modelo a seguir.

Hobby

94

Excelente

Lo mejor

Sus secuencias de acción, el T-1000 y los efectos especiales, la música, el casting

Lo peor

Es de los 90 y se nota, sobre todo en lo malo

Lecturas recomendadas