Análisis

Cine para gamers: crítica de Tron

Por Laura Gómez
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ARGUMENTO: El joven programador Kevin Flynn trata de desenmascarar a un alto ejecutivo de una gran corporación, termina digitalizado en el interior de un mundo digital controlado por un tiránico programa, el PCM. En este mundo computarizado en el que los programas adquieren el aspecto de sus creadores, Flynn deberá encontrar a Tron, un programa de seguridad creado por su amigo Alan Bradley y, con su ayuda, derrotar al PCM y liberar así la computador central de la compañía.       1982 - DIRIGIDA POR Steven Lisberger. PROTAGONIZADA POR Jeff Bridges, Bruce Boxleitner, David Warner, Cindy Morgan y Barnard Hughes. 

A las ya comentadas Johnny Mnemonic y El Cortador de Césped en nuestro especial Cine para gamers, tenemos que añadir Tron. La cinta de Lisberger fue una película revolucionaria, aunque solo el paso del tiempo le cedería el título de obra de culto, ya que fue un completo fracaso en taquilla en su año de estreno,1982. Además, se creó un videojuego a partir de la historia de la película que vendió bastante más que la misma. Pobre Lisberger. Su Tron hizo uso intensivo de una nueva técnica digital llamada CGI que terminaría por convertirse en el estándar de la industria en cuanto a efectos especiales en la década de los noventa, teniendo como grandes ejemplos a Jurassic Park o Terminator 2. A día de hoy, los FX de Tron se ven anticuados, pero debemos pensar en el brutal esfuerzo que supondría generar semejante estética en los ochenta. La idea central es la de un humano que ha sido digitalizado y absorbido por un universo digital en el interior de un ordenador. Nos metemos dentro de un videojuego de la forma más técnica posible, y ojo, que los programas van vestidos de una forma muy chula.



Precursora lejana de Matrix

Es cierto que el mundo virtual de Tron no es demasiado creíble: los programas son personas que beben agua y recargan energía, literalmente, al encontrar una fuente; Jeff Bridges ordena al terminal que busque cierto programa pidiéndoselo por favor... A pesar de todos estos puntos que indican que en los ochenta no todo el mundo tenía acceso a una CPU, Tron explotaba unas ideas geniales sobre la tecnología sin pertenecer siquiera a la gran era virtual en la que vivimos ahora, introduciendo conceptos como la inteligencia artificial o incluso la realidad virtual. Algo que deja pasar Tron: Legacy, la secuela dirigida por Kosinski en 2010. Dejó al espectador bastante frío, aunque podría haber aprovechado las licencias actuales para presentar el universo Tron con mucha más profundidad. El mundo virtual en el que se desarrolla la acción tiene un montón de similitudes con Star Wars: guardias imperiales, guardianes, interrogatorios, emperadores... Pero si había algo en lo que se desmarcaba Tron, era en su estética.

Uno de los motivos por los que esta película no obtuvo un gran reconocimiento en su momento fue el guión de su, también director, Steven Lisberger. Considerado ahora un visionario, Lisberger tuvo que competir con Blade Runner el mismo año de su estreno y no salió bien parado. Por imposiciones de Disney (productora de Tron), la historia acababa siendo demasiado sencilla e infantil, perdiendo así gran parte de su potencial. A pesar de eso, tiene algunas carreras de motos trepidantes e ideaba un juego mortal de choques entre rivales que daba mucho juego visual. Tron pecaba de no explotar la tensión existente entre los contrincantes, de forma muy similar a lo que debía pasar a los luchadores del circo romano antes de saltar a la arena. El valor fundamental de Tron residía en su conexión con una generación que empezaba a conocer un nuevo lenguaje y planeaba la instauración de las bases de la informática a través del cine.

El poco éxito de Tron lacró la carrera de Lisberger como cineasta, pero su influencia posterior en la ciencia ficción es innegable. Veintiocho años después, la secuela de Tron estaba en manos de Joseph Kosinski, que firmaba su debut junto a un Jeff Bdriges más viejuno, un Garrett Hedlund algo sobreactuado y una preciosa e inocente Olivia Wilde. Tron: Legacy es una aventura digital bastante hueca, desprovista de ritmo y de coherencia. Es decir: el título original adquirió la etiqueta de obra de culto con el paso de los años debido a sus efectos visuales y a la introducción de la tecnología como tema, pero su secuela juega las mismas cartas con unos sensacionales efectos visuales.

Es estéticamente imponente (a pesar del Jeff Bridges joven torpemente digitalizado), pero la falta de ideas alargan su escasa historia durante un par de horas interminables. Tenemos el aspecto de videojuego de última generación, pero nada de alma. Lo mejor de Tron: Legacy será siempre la banda sonora, obra del dúo francés Daft Punk. También algo suavizada por Disney, envuelve el contexto tecnológico de una forma brillante, apoyando una estética de por sí muy potente hasta convertirla en épica.

Con un concepto visual tan concreto (al igual que Mirror’s Edge, por ejemplo), parece bastante increíble que casi treinta años después de la película original nos hayamos topado con la misma historia tradicional de “héroe se revela contra la autoridad, gana y se queda con la chica”. Ay, Disney, ay…

Valoración

Fue una película adelantada a su tiempo y, a pesar de su guión infantil, fue una de las primeras en introducir el mundo electrónico en el cine. La acción es algo torpe, pero tiene poderío estético.

Hobby

63

Aceptable

Lo mejor

Su innovación estética e inclusión de la realidad virtual. Una de las bandas sonoras de la década.

Lo peor

Tiene carencias narrativas y hay poca implicación con los personajes.

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