Análisis

Cine de superhéroes: Crítica de Blade

Por Gustavo Acero
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Crítica de BLADE - 1998 - Dirigida por Stephen Norrington - Protagonizada por Wesley Snipes, Stephen Dorff, Kris Kristofferson, N'Bushe Wright. ARGUMENTO: En un mundo en guerra cohabitado por humanos y vampiros, Blade es un cazavampiros mestizo con genes de las dos especies que protege a la humanidad de la raza dominante. Para ello, se valdrá de las habilidades extraordinarias que los vampiros le transfirieron cuando mordieron a su madre embarazada.

Blade es una de esas películas que no importa revisionar por quincuagésima vez cuando la echan por televisión o la regalan con el periódico del domingo. Quizá sea ese regusto a film de terror ochentero de serie B sin más aspiración que empapar de sangre a los amantes del género lo que la convirtió en un clásico a finales del siglo pasado, pero la cinta de Stephen Norrington tiene algo especial que se perdió en la secuela de Guillermo del Toro, por no hablar de la atroz Blade TrinityEl caso es que esta primera entrega reúne los glóbulos que toda buena película de acción vampírica debe tener: un ritmo trepidante, altas dosis de ultraviolencia sangrienta y un protagonista sobrado de carisma, que otorgó a Wesley Snipes su papel más lucido y lúcido, sin menoscabo de sus intervenciones en Demolition Man o Sol Naciente.

 

 Blade en cueros sacándose la pistola

 

El amanecer del que ha visto el sol

Como sabréis los más "comiqueros", el cazavampiros de la katana nació como un personaje secundario del cómic de terror La Tumba de Drácula (#10), publicado por Marvel Comics en 1973. Su padre creativo fue el escritor Marv Wolfman, autor de otros personajes como Gata Negra (Amazing Spiderman) o el villano Bullseye (Daredevil), y sus ilustraciones corrieron a cargo de Gene Colan (vinculado a Ironman y Howard el Pato). En la misma línea canónica de superhéroes archiconocidos como BatmanSupermanSpiderman o Linterna Verde en lo que a trasfondo dramático se refiere, Blade también perdió a su madre a manos -y bocados- de sus futuros enemigos cuando éstos la mordieron en estado de buena esperanza.


Paradójicamente, fue entonces cuando el bebé que esperaba heredó los poderes de los vampiros: capacidades sensoriales agudizadas, curación acelerada y agilidad, fuerza y resistencia sobrehumanas. Además, su lado humano le confiere una cualidad que le hace casi invencible frente a los chupasangres: es invulnerable a la luz solar y no necesita beber sangre humana para sobrevivir, aunque debe sustituirla por un suero especial que se inyecta diariamente en el cuello.

 

Con estos antecedentes, Wesley Snipes encarna hábilmente a un antihéroe marcado por unos firmes principios como únicos neutralizadores del instinto animal que mueve a sus congéneres mitológicos, y dota al personaje de la contención y sobriedad necesarias para encandilar al público sin resultar recalcitrante. Aun así, donde mejor se desenvuelve es en las brutales escenas de accióncuyo frenético montaje e inconfundible banda sonora tecno-electrónica recuerdan a una sucesión de videoclips musicales bien rodados y mejor conectados.


El ejemplo más representativo de esta modernización del mito se da en la propia secuencia de introducción, ambientada en una "rave" de vampiros extasiados con ducha de sangre incluida a ritmo del exitoso tema Confusion, de New Order (no confundir con New Order, de Confusion), tras la que Snipes hace gala de su destreza como practicante habitual de las artes marciales:

 

 

El segundo acierto del casting es la elección de la afroamericana N'Bushe Wright en el papel de la Dra. Karen Jenson como partenaire humanizadora del héroe, aunque el secundario más destacado es sin duda Kris Kristofferson en el pellejo de Whistler, mentor y armero del héroe, al que no sólo proporciona todas las herramientas de cazavampiros sino las inyecciones de suero que necesita para subsistir sin probar gota de sangre humana. Esta dependencia crea una química entre ambos personajes que se convierte en la vía principal del director para hacernos empatizar con el protagonista y acompañarle en una fluida trama de venganza creciente que desemboca en uno de los grandes defectos de la película: Deacon Frost, el vampiro villano y archienemigo de Blade.

 

Sencillamente, no es el antagonista más adecuado para la historia, no tanto por la correcta interpretación de Stephen Dorff, que hace lo que puede con el maquillaje y vestuario prestados, sino por la necesidad de escoger a un actor mucho más oscuro y amenazador, en consonancia son sus súbditos y la lúgubre atmósfera del film. En contraposición a la imponente presencia de Blade, su melifluo aspecto de guaperas escotado se antoja más propio del casting de Crepúsculo que de un aspirante a líder de una raza de vampiros dispuesto a invocar al Dios de la Sangre, también conocido como La Magra. En otras palabras, a Dorff le falta sangre y le sobra flequillo, lo que desequilibra el pulso entre el bien y el mal que pretende reflejar la trama.



Malditos cazavampiros mestizos: les das la mano y te comen el brazo

Borrachera de sangría

Personajes aparte, volvemos a la primera escena para hacernos una fiel idea de lo que nos espera durante los próximos 120 minutos: una ducha de sangre, literalmente. Así, el original a la par que sencillo planteamiento sirve como mero hilo conductor para ofrecer al espectador lo que realmente debe buscar en Blade: un baño de excesos que da la cara desde el primer minuto a base de gore a raudales y una pizca justa de humor negro que nos retrotrae automáticamente a las gamberradas ochenteras de Sam Raimi Peter Jackson.

 

Con un presupuesto modesto que rondó los 40 millones de dólares, la credibilidad de los efectos especiales sólo puede recaer sobre el ingenio de Norrington, que tira de su experiencia como miembro del equipo de efectos especiales en clásicos como Aliens: El Regreso (1986) o Alien 3 (1992) a la hora de desintegrar a los vampiros ejecutados o cercenar extremidades de todos los tamaños. No obstante, sus minutos de mayor gloria se producen cuando prescinde de los mediocres efectos CGI (esos fluidos sanguíneos que parecen sacados de primer Mortal Kombat) y echa mano del látex y la animatrónica de toda la vida para reproducir escenas tan memorables -y gratuitas- como la sesión de tortura a Pearl, un vampiro descomunalmente obeso al que Blade y Karen chamuscan con una linterna de luz ultravioleta para sonsacarle información sobre los planes de Frost.



Jesús Gil en su programa de Telecinco en los noventa


En este sentido, Blade es un constante festival de sangre, cuerpos desmembrados y explosiones cutáneas, que le costaron el alto precio de la censura en países como Alemania y Malasia, donde directamente fue prohibida. La explicitud de sus escenas más hardcore fue, en efecto, uno de los aspectos más criticados del film cuando se estrenó, aunque ahí mismo reside buena parte de su gracia y honestidad: ofrecer dos horas de carnicería vampírica, acción incesante y puro entretenimiento sin pretensiones que, de paso, creó escuela entre una larga lista de sucedáneos como UnderworldResident Evil, por citar sólo cien.

 

Por último, es justo reconocerle a Blade dos logros bastante meritorios: la original estética de Blade, que disparó las ventas de las gabardinas de cuero negro un año antes de que Matrix se apuntase a la moda, y una justa dosis de comicidad autoparódica muy necesaria para compensar sus carencias argumentales y agujeros de guión como otras sagas vampíricas no han sabido hacer. Sirva este épico meme como definición gráfica de esto último.

 

Otras películas de superhéroes

Si queréis hincarle el comillo a otros salvapatrias con poderes sobrehumanos, no dudéis en pasaros por nuestro especial de clásicos del cine de superhérores, donde encontraréis las críticas de Blade II y III. Por suerte, no me han tocado a mí.

Valoración

Adaptación libre del cómic de los setenta sin más pretensión que entretener a base de espectaculares combates de artes marciales, excesos hemorrágicos y acción a borbotones.

Hobby

71

Bueno

Lo mejor

Ritmo trepidante. Cuidada puesta en escena y genial estética. Las dosis de gore y humor.

Lo peor

El villano no está a la altura. El CGI canta la traviata. Demasiada sangre para algunos.

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