Análisis

Clásicos del terror: Crítica de El exorcista

Por Manuel del Campo
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ARGUMENTO: Regan McNeil vive feliz con su madre, una conocida actriz, en Washington. Poco a poco comienza a sufrir unos extraños síntomas que se vuelven más graves y más inexplicables con el paso de los días. Tras no encontrar los médicos ninguna razón deciden recurrir a un exorcista, un cura en plena crisis de fe. 1973 - DIRIGIDA POR: William Friedkin - PROTAGONIZADA POR: Ellen Burstyn, Linda Blair, Jason Miller, Max Von Sydow, Lee J. Cobb, Jack MacGowran, Kitty Winn, William O´Malley.

Que una película haya envejecido tan bien como El exorcista después de 40 años es todo un logro. Si además se trata de una película de terror, un género tan propenso a los tópicos, los sustos fáciles o el gore descontrolado es una verdadera hazaña.

El Exorcista se estrenó en 1973 después de que el libro en el que se basa –que os recomiendo leer- vendiera más de 13 millones de copias solo en USA. El propio autor, William Peter Blatty, fue el encargado de adaptar el guión y el director William Friedkin, muy de moda en aquellos años tras ganar el Oscar por la excelente The French Connection, se puso al frente del proyecto.

No hay duda de que uno de los grandes aciertos del film es su formato de drama, que por supuesto esconde una carga de profundidad. Porque si tuviéramos que definir la película por su estilo, trata del sufrimiento de una madre por la enfermedad de su hija. Claro que esa enfermedad no es precisamente un simple catarro.... Y ese planteamiento logra que desde el primer momento asistamos a una historia creíble, real, casi documental en algunos momentos, donde todos los personajes  -empezando por el Padre Karras- no conciben que ese mal no tenga una explicación médica, una ingeniosa manera de lograr que todo lo que ocurre después resulte infinitamente más aterrador, pues nos hacer creer que realmente podría suceder a pesar de lo extraordinario de los sucesos.

Es evidente que Peter Blatty sabía exactamente cómo quería llevar su novela –basada por cierto en un exorcismo que se realizó también en Washington en 1949-  a la pantalla grande, y eso se traduce en un guión magnífico (premiado con un Oscar), que arranca con un comienzo magistral (sin títulos de crédito, por cierto, algo revolucionario por entonces), en el que con tan solo unas imágenes –la ventana de la habitación de Regan, la inquietante escalera, el terror del Padre Merrin al revelarse un terrible secreto en unas excavaciones en Iraq- y sin apenas diálogos (ninguno en inglés hasta varios minutos después) nos pone en situación y nos transmite con una fuerza descomunal que algo terrible va a suceder.

A partir de ahí, El exorcista va presentando poco a poco a los personajes que finalmente serán cruciales en el desenlace, perfectamente definidos, personas normales con sus miedos, remordimientos y frustraciones e interpretados por un puñado de actores en estado de gracia, empezando por una sobrecogedora Ellen Burstyn en el papel de la madre de Regan (que le valió una nominación al Oscar que ganaría dos años después con Alicia ya no vive aquí, de Scorsese) que transmite como pocas veces se ha visto la desesperación de una madre, siguiendo por la impactante presencia y la mirada atormentada de Jason Miller como el Padre Karras (también nominado como actor secundario) o las breves pero cruciales apariciones de dos grandes como Max Von Sydow (en el papel del Padre Merrin) y Lee J. Cobb como el entrañable y brillante detective Kinderman. Sin olvidarnos del gran trabajo de Linda Blair, que además tuvo que someterse a duras sesiones de maquillaje y rodar escenas muy complicadas.

El climax de la película va creciendo sin prisa pero sin pausa, con una precisión milimétrica, y mientras profundiza en el drama personal de los personajes (el asunto de la madre de Karras es tremendo) y la niña empieza a ser escudriñada por las brutales pruebas de los médicos, con unas imágenes tan crudas que podrían estar entre las más terroríficas de la película, el mal empieza a asomar su rostro, de forma sutil al principio, incluso con algunos fotogramas subliminales, hasta desatarse en las escenas que todos retenemos en la memoria, en las que Regan brutalmente poseída por el que dice ser el mismísimo diablo, se manifiesta de forma violentísima, obscena, provocativa, con tal crudeza que en determinados momentos casi mueven a la risa tal es la colección de exabruptos que el supuesto demonio suelta a través de la boca de la niña a un velocidad de vértigo.

Es cierto que en algunos momentos de este último tramo el film roza el efectismo, pero si analizamos detalladamente estas secuencias, en realidad se trata de una ínfima parte dentro del metraje, y cada vez que se abre la puerta de la habitación todos esperamos acongojados cuál va a ser el aterrador cuadro que nos vamos a encontrar: la reacción agresiva, el sufrimiento de Regan, la provocación más acerada y dolorosa (la imitación de la voz de la fallecida madre de Karras, hurgando en la herida de su culpabilidad es espeluznante).

Porque al final la mayor carga de terror de El Exorcista reside en los miedos que surgen de nuestro interior (y por eso no es causal el concepto de la posesión) y de cómo el terror es infinitamente más insoportable cuanto más se manifiesta en las criaturas más inocentes, como bien explica Merrin a Karras hacia el final de la película.

El magnífico desenlace final, tan épico como redentor, nos deja paralizados, tratando de despertar del más terrible de los sueños. Aún hoy y tras decenas de visionados, sigue siendo la película que durante más momentos me pone los pelos de punta. Y aunque casi todo el mundo recuerda este film por las famosas secuencias de la posesión, es necesario resaltar que se trata de una extraordinaria película, llena de matices, que plantea una lucha entre el bien y el mal que tiene que ver sobre todo con la propia condición humana, con nuestros miedos y deseos y con el crucial rol que la religión o la espiritualidad –o la ausencia de ellas, Regan y su madre admiten que son ateas- juegan en nuestras vidas.

Y, como toda obra maestra, también se enriquece con otros elementos secundarios, como las asiduas referencias/homenajes al cine, el sentido del humor (que también lo tiene), la banda sonora –que incluye los famosos acordes iniciales del Tubular Bells de Mike Oldfield- y un sonido espectacular (también ganador del Oscar ese año) que os recomiendo disfrutéis en un magnífico 5:1 y en versión original.

El Exorcista permanece como la mejor y más influyente película de terror de la historia, como así lo habéis reconocido con vuestros votos, pero sería injusto que una obra de tal calidad se quedará encajada en un género: es sencillamente, uno de los mejores films de siempre.

Anécdotas y curiosidades

- Durante los primeros pases tras el estreno de la película se produjeron algunos desmayos y crisis de ansiedad provocadas por algunas secuencias que necesitaron atención médica. La productora decidió convertir el asunto en un reclamo promocional y en la entrada de muchos cines se podía ver una ambulancia con un par de enfermeros.

- La película estuvo “maldita” desde el principio. Se quemaron numerosos rollos de film, varios familiares de actores, un encargado del aire acondicionado y un portero fallecieron durante el rodaje y el actor que interpreta a Burk Dennis (el director de la película que se rueda en Washington) Jack MacRowan, murió justo después… de rodar su muerte en el film, supuestamente asesinado por Regan.

- La famosa "escena de la araña", en la que Regan desciende a cuatro patas boca arriba por las escaleras y acaba vomitando sangre ante la estupefacción de su madre, no fue incluida en la versión original porque el director pensaba que sucedía demasiado pronto. En la posterior “versión del director” sí está. Fue rodada por una contorsionista. Hubo tres versiones, en una de ellas, descartada, Regan perseguía a Sharon.

- Para reducir la temperatura de la habitación de Regan se utilizaron cuatro acondicionadores que bajaban el termómetro a varios grados bajo cero. Eso complicó mucho el rodaje.

- El famoso vómito verde es en realidad puré de guisantes. No estaba previsto que vomitará en la cara del Padre Karras, pero Linda Blair lo expulsó con tal fuerza, bastante asqueada, que la toma final quedó así.

- El teaser trailer original, en el que solo se ven imágenes destelleantes en blanco y negro, fue prohibido en muchos cines al considerarlo demasiado aterrador.

- Ellen Burstyn se negó a que su personaje dijera una frase del guión: “Creo en el diablo”.

- Jack Nicholson, Paul Newman y Gene Hackman fueron candidatos al papel de Karras. Stacey Keach incluso lo consiguió, pero el director cambió de opinión en el último instante al ver actuar a Jason Miller en un teatro.

- Hubo dos secuelas, la segunda (1977) dirigida por John Boorman es realmente mala y apenas aporta nada. La tercera (1990), dirigida por el propio Peter Blatty y con George C. Scott y también Jason Miller en una breve aparición, sí es una digna película de miedo y continúa de manera interesante la historia de la primera. También se filmó una precuela (2004), que acabó resultando en dos, puesto que hubo problemas con los directores y la productora. Hay un documental de la BBC sobre el film original. También hay una parodia con la propia Linda Blair y Leslie Nilsen llamada Reposeida (además de multiples menciones en Scary Movie). Y una versión porno llamada The XXXorcist.

- Linda Blair, como muchos otros niños actores, tuvo un desarrollo de lo más caótico tras rodar el film, llegando a protagonizar películas eróticas y sonoros desnudos en varias revistas.

Valoración

La película más terrorífica de la historia. Bajo el formato de sobrio drama, sobrecoge desde la primera secuencia hasta la última. Aunque todos grabamos en la memoria las imágenes de la posesión, cada detalle de la cinta rezuma gran cine.

Hobby

92

Excelente

Lo mejor

La sobria e impecable dirección, actores en estado de gracia, secuencias inolvidables.

Lo peor

Que haya sido tan imitada y parodiada tras el impacto que causó

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