Análisis

Conan El Bárbaro con Arnold Schwarzenegger - Crítica especial cine de los 80

Por Manuel del Campo
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CRÍTICA DE: Conan El Bárbaro - DIRIGIDA POR: John Milius - PROTAGONIZADA POR: Arnold Schwarzenegger, James Earl Jones, Sandahl Bergman, Gerry Lopez, Mako, Valerie Quennessen, Max Von Sydow, Jorge Sanz, Nadiuska.ARGUMENTO: En la Era Hiboria, antes de las civilizaciones conocidas, un muchacho llamado Conan es esclavizado tras presenciar el asesinato de sus padres y de toda su tribu. Con los años se convertirá en un poderso guerrero que, mientras busca al asesino de su familia, recorrerá el mundo conociendo  los más dispares personajes y viviendo extraordinarias aventuras.

¿Cuántas veces habremos dicho, al referirnos a alguien que está "mazado", "mira, Conan"? Sí, seguramente muchas. Y es porque el personaje creado por Robert E. Howard, entre otras muchas cosas, se convirtió (en dura competencia con Hulk) en el paradigma de "bestia parda", de (anti) héroe hipermusculado capaz de aplastar a sus enemigos. Pues bien, más allá de los relatos y de los cómics, está película de 1982, con la imprescindible figura de Schwarzenegger, contribuyó de manera crucial a cimentar esa universal metonimia. Y tal logro, ya por sí solo, merece incluir a esta película en este Especial de cine de los 80.

Con Conan El Barbaro me ocurre algo bastante curioso. No me entusiasmó la primera vez que la vi, ni tampoco lo ha hecho en las sucesivas revisiones -incluida la última para realizar esta crítica-, aunque siempre lo he pasado bien viéndola, y sin embargo admito que, a pesar de sus evidentes carencias, posee un potente magnetismo y una extraordinaria fuerza y personalidad que la convierten en un clásico y uno de los más dignos representantes de las películas de espada y brujería. 

Llevar a la pantalla a un mito de la literatura y los cómics, que a muchos nos transportó a una época mítica de la mano de un poderoso personaje -mucho más complejo de lo que su poderío físico podría denotar- no era tarea fácil. Como mínimo exigía la habilidad de trasladar en imágenes ese antiguo mundo mítico lleno de bárbaros y brujos y, especialmente, dar con un actor que cumpliera con los requisitos para construir un Conan creíble.

Para lo primero, la labor del director John Milius y el productor Dino De Laurentis fue bastante creativa, y tuvieron la acertada idea de rodar en España, aprovechando un lugar tan mágico como la Ciudad Encantada de Cuenca entre otras localizaciones. Para el segundo reto, solo hubo un único candidato (aunque otras fuentes dicen que se barajaron nombres como Charles Bronson o Silvester Stallone), una apuesta tan arriesgada como coherente. Arnold Schwarzenegger era, probablemente, el único "actor" con un físico a la altura del personaje (bueno, quizá Lou Ferrigno, pero solo había hecho de Hulk en TV). Apenas había rodado tres films hasta entonces, aunque en la película Stay Hungry, dirigida por Bob Rafelson, llegó a ganar un Globo de Oro a la nueva estrella del año (premio que curiosamente también consiguió Sandahl Bergman por su papel de Valeria en Conan). Sus limitaciones como actor eran (son) más que evidentes, a pesar de que tanto James Earl Jones como Max Von Sydow le ayudaron y asesoraron todo lo que pudieron durante el rodaje. Sus recursos expresivos en Conan sonrojarían al vedel de cualquier academia de barrio de actores aficionados, pero hay que reconocer que fue capaz, a base de entusiasmo (ay, bendita juventud), de meterse en el personaje y dotarle de credibilidad, apoyado en su imponente físico y ayudado por sus escasas y sencillas líneas de diálogo, que maquillaron su todavía marcado acento austriaco (de hecho solo le dice cinco palabras a su amada en todo el film).

Vamos, que no tuvo que recitar a Shakespeare, precisamente. Arnie fue listo en interpretar a bárbaros y cyborgs en sus primeros films, hasta que posteriormente fue capaz de afrontar papeles más complejos y desarrollar una más que digna carrera como actor, convirtiéndose en un personaje imprescindible en el cine de acción de los últimos 40 años. Como curiosidad, durante el rodaje tuvo que rebajar su nivel de entrenamiento y alimentación (acababa de ser Mister Olimpia en 1980) puesto que sus enormes pectorales le impedían manejar la espada con solvencia y agilidad. Por otro lado, tanto él como Sandahl Bergman tuvieron que rodar todas las escenas peligrosas por sí mismos, porque fue imposible encontrar a unos dobles que dieran mínimamente el pego, lo cual les provocó más de un rasguño, especialmente a Arnie. También ambos actores tuvieron que interpretar por primera vez una escena de amor en sus carreras, lo que les supuso a ambos una situación bastante incómoda, según reconocieron posteriormente.

Pues bien, con todos estos mimbres, el director John Milius (con un currículum nada despreciable que incluye guiones de Harry El Sucio o Apocalípsis Now y guión y dirección de un clásico del cine de aventuras como El Viento y El León) escribió el guión junto a Oliver Stone (que en un principio quería convertir el libreto en una película fantástica con zombies de por medio) para presentar una historia de espada y brujería (no demasiado fiel a los relatos y cómics, como muchos fans reclamaron en su momento), claramente enfocada a mostrar un mundo legendario lleno de peculiares personajes y todo tipo de peligros, plasmados en episodios a veces sin demasiada conexión y que en ocasiones lastran el ritmo, antes que en seguir un hilo argumental coherente. Tampoco hay mucho interés en profundizar en unos personajes bastante planos, y sí en destacar sus imponentes físicos o su poderío en el combate o a la hora de solventar situaciones arriesgadas. No en vano John Milius era un fanático de la acción, las armas y de todo lo referente a la vida militar. 

Donde sí puso mucho empeño todo el equipo fue en trasmitir todo el aire mitológico y de leyenda de la historia, dotando a muchas secuencias y diálogos de una enorme solemnidad y trascendencia (a veces algo excesiva), con frases grandilocuentes y fastuosas ceremonias que desde luego logran dotar de una magnificencia muy oportuna a la película. En este sentido contribuyó de manera decisiva la maravillosa banda sonora de Basil Poledouris, una brillantísima partitura de reminiscencias clásicas (Ben Hur, de Miklos Rozsa fue su inspiración) con poderosas y épicas fanfarrias, mezcladas con preciosas melodías. Sinceramente, en mi opinión, una de las mejores bandas sonoras de toda la historia, a la altura de las mejores de John Williams (que se lo digan a Jerry Goldsmith, que le plagió con total descaro los acordes principales para Desafio Total. Esa, sí, la de los partidos del Canal +).

La película va alternando enormes aciertos con algunos patinazos más o menos disculpables. Las secuencias de batallas multitudinarias están muy bien rodadas (la cabalgada por el bosque del ejercito de Thulsa Doom la hemos visto casi calcada muchos años después en Gladiator) mientras que algunas peleas cuerpo a cuerpo resultan algo toscas y muestran una coreografía muy básica. La presencia de actores de gran prestigio como James Earl Jones (aunque a veces se pasa de solemne) o Max Von Sydow (perfecto, como siempre, en sus escasos minutos) y la digna interpretación de Sandahl Bergman se contrapone al esforzado pero discreto trabajo de otros personajes, en su mayoría actores no profesionales, en lo que fue una decisión arriesgada (por cierto, os recuerdo que Conan de niño es Jorge Sanz y su madre la inolvidable ¡Nadiuska!).

Un competente diseño de vestuario queda algo manchado por algunos recursos de maquillaje hilarantes, como las pelucas imposibles al principio del film. Y algunos pasajes olvidables quedan eclipsados por otros que se han convertido en verdaderos clásicos, como la maravillosa elipsis en la que vemos la sorprendente transformación del niño en el temible bárbaro empujando aquella pesada rueda durante años o la metamorfosis en serpiente de Thulsa Doom, una muestra positiva de los efectos especiales que también dan algunas de cal y otras de arena.

Mención especial también para el adecuado tono adulto del film, con violencia de lo más explícita y buenas dosis de sexo y desnudos femeninos, y la acertada inclusión de algunos puntos humorísticos muy bien traidos en determinados momentos de la historia.

Irregular, a veces algo lenta y por momentos con retazos de serie B, pero con una personalidad y fuerza incuestionables, Conan se convirtió en una película influyente, un clásico para los amantes del género, que dio lugar a una secuela algo floja (en la que salía nada menos que Wilt Chamberlain, el hombre de los 100 puntos y 50 rebotes en la NBA) y más recientemente a un remake protagonizado por Jason Momoa, que si bien trató de mejorar algunas de las carencias del original (las coreografías en los combates, los efectos especiales, el ritmo y el hilo argumental) no consiguió ni de lejos la potencia, el alma, la pasión, la grandilocuencia y el aire legendario del film de Arnie y Milius. Y ahora muchos años después, parece que la historia puede continuar rescatando al mismísimo Schwarzenegger en La Leyenda de Conan.

Con su trailer os dejo, para invitaros a que la reviséis otra vez y me dejéis aquí abajo vuestros comentarios. 

  

Valoración

Adaptación muy convincente del mítico personaje. Una gran ambientación junto con una brillantísima banda sonora envuelven una película de aventuras con no pocas carencias, pero sorprendente fuerza. Fue el despegue de Arnold como actor.

Hobby

82

Muy bueno

Lo mejor

La banda sonora. La ambientación. Su tono serio y grandilocuente. El impresionante físico de Arnold.

Lo peor

Personajes planos. Argumento poco sólido y ritmo irregular. Las limitaciones de Arnold como actor.

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