Criminal Girls 2: Party Favors - Análisis para PS Vita

Enfrentarse al análisis de Criminal Girls 2: Party Favors para PS Vita no ha sido tarea fácil, ya que el título de Nippon Ichi es un título de lo más peculiar, por muchos motivos. Pero empecemos por el principio, o lo que es lo mismo, hablándoos un poco de esta serie, de la que quizás algunos de vosotros nunca habréis oído hablar con anterioridad.

Lanzado en 2010 para PSP, Criminal Girls fue un controvertido juego de rol en el que asumíamos el papel de un instructor que, entre otras cosas, debía "castigar" a una serie de chicas jóvenes utilizando para ello diferentes técnicas de sadomasoquismo o, mejor dicho, "bondage", una práctica erótica que implica la inmovilización del cuerpo de una persona, y que en el juego se representaba con diferentes escenas de estética nipona muy subidas de tono.

Como podéis imaginar, el juego estuvo rodeado de cierta polémica, aunque ésta no nos salpicó demasiado en su día debido a que el título no fue editado en Europa. Para disfrutarlo de forma oficial tuvimos que esperar hasta el pasado año, cuando Badland Games se animó a distribuir en el viejo continente Criminal Girls: Invite Only para PS Vita, una versión que incluía ciertos cambios y mejoras respecto al original.

Así las cosas, y a pesar de que esta reedición no obtuvo demasiado éxito a nivel de ventas en Europa, Badland vuelve a ponernos en la piel de un 'picaruelo' instructor con Criminal Girls 2: Party Favors, una secuela que, como no podía ser de otra manera, ha llegado acompañada de una gran polémica. Y eso que, para su salida aquí, la desarrolladora ha tenido que pasar la tijera de censura... 

 

Sin pechito no hay delito

Antes de lanzarnos de lleno con el análisis de Criminal Girls 2: Party Favors nos ha parecido buena idea hablaos de qué elementos han sido censurados respecto a la versión japonesa, así -de paso- podréis comprender mejor cierta terminología y situaciones que incluye el juego, y de las que os hablaremos en detalle más adelante.

Para empezar, la traducción de los textos (solo disponibles en inglés con las voces originales en japonés) ha sustituido el término "castigo" por "motivación". En la versión nipona, el instructor "castiga" a las chicas en diferentes minijuegos "bondage", mientras que en esta versión las "motivamos", un término que conlleva consentimiento mutuo y elimina ciertas connotaciones "cochinotas".

Por su parte, estos minijuegos de motivación son los que más han acusado la censura. En la versión europea se han rediseñado todas las ilustraciones para que sean menos explícitas, se han eliminado todos los diálogos que tenían lugar entre las chicas y el instructor durante estos momentos íntimos, y se ha recortado considerablemente el número de suspiros, gemidos y resto de sonidos que daban ambiente al asunto.

En definitiva, una importante rebaja del contenido erótico del original que, aún así, no ha impedido la prohibición del lanzamiento del juego en Alemania. ¿Algo justificado? En nuestra opinión no, ya que si bien es cierto que el juego presenta ciertos momentos eróticos y juega muchas veces con el doble sentido para que la imaginación de cada uno piense lo que quiera, la verdad es que tampoco hay situaciones demasiado comprometidas. De hecho, en España el juego ha obtenido clasificación PEGI 16. Vamos, que ni siquiera se le ha considerado un producto solo para adultos... pero, en fin, ¡hablemos del juego en sí!

Azotes y mazmorras

La historia, que guarda muchas similitudes con la primera entrega, nos sitúa de nuevo en lo más "calentito" del infierno. Un inhóspito lugar, donde rápidamente conocemos al protagonista, un chaval al que debemos poner nombre y que -sin comerlo ni beberlo- recupera la consciencia sin recordar nada de su pasado... pero con una clara tarea asignada: ejercer de instructor para "rehabilitar" a 7 jóvenes y turgentes chicas. Las pobres, que también andan bastante perdidas, han ido a parar al averno por ser criminales en potencia en su pasada vida terrenal, pero, por suerte, han sido elegidas para formar parte del Programa "Resurrección", destinado a conceder una segunda oportunidad a un selecto grupo de 6 chicas...

Espera, ¿por qué el programa dice 6 chicas si en realidad hay 7? Pues ese es uno de los enigmas que tenemos que desentrañar a lo largo de una historia que, sorprendentemente, está bien hilada y en la que poco a poco vamos descubriendo los secretos más oscuros de Mizuki y compañía.

Una vez hechas las presentaciones pertinentes, y desde una perspectiva elevada, echamos a andar con nuestro instructor, al que siempre persiguen el grupo de chicas, por la primera de las numerosas mazmorras que encontramos a lo largo del juego. A partir de este momento el planteamiento se torna al más puro estilo "dungeon crawler", o lo que es lo mismo, que nos toca recorrer diferentes plantas repletas de pasillos y salas, y en las que debemos encontrar la manera de progresar, ya sea hallando llaves, solucionando pequeños puzles o, por supuesto, combatiendo contra todo tipo de enemigos.

Los combates, que se suceden de forma totalmente aleatoria, están basados en un sistema de turnos en los que debemos dar las órdenes pertinentes (ataque físico, defensa, magia) a 4 de las chicas, que en cualquier momento de la lucha pueden ser sustituidas por alguna de las otras 3. Al principio, la mayoría de las chavalas no tienen la capacidad de atacar o de defenderse, pero gracias a un sistema de experiencia (o puntos de motivación) podemos desarrollar un sencillo cuadro de habilidades de cada una de ellas, que les otorga diferentes acciones.

Lo curioso de este sistema es que, cuando las chicas tienen disponibles diferentes habilidades, en cada uno de los turnos prima la aleatoridad. Como si de un juego de cartas se tratara, en ningún momento podemos elegir qué acción va realizar cada chica en concreto, si no que debemos elegir cuál de ellas actuará dependiendo de la que en ese momento tenga "activa". Por suerte, este sistema está muy bien compensado y, por ejemplo, cuando el grupo tiene poca salud aparecen las habilidades de curación en las chicas que las tengan desarrolladas entre sus habilidades. Además, también podemos alentar a nuestras luchadoras, a través de diferentes comandos, para conseguir que su actitud varíe y, con ella, su rendimiento.

Este original sistema da pie a unos combates bastante estratégicos y que, sobre todo en el caso de los enemigos finales, nos obliga a retornar continuamente a algunas de las bases, que están dispersas en diferentes puntos de las mazmorras, y que nos permiten recuperar toda la vitalidad y magia, pero -sobre todo- a recorrer una y otra vez estancias que ya hemos visitado para buscar pelea para, así, adquirir experiencia y puntos de motivación que nos permitan subir de nivel y afrontar las peleas "fuertes" con garantías.

Motívame otra vez

Como decíamos, pelear continuamente para obtener puntos de motivación es clave en el desarrollo. Pero, ¿qué hacemos con este preciado bien? Es aquí donde entra en juego el apartado más controvertido de Criminal Girls 2: Party Favors, ya que otra de las partes fundamentales de la aventura es "motivar eróticamente" a las chicas para que adquieran nuevas habilidades.

Desde las distintas bases podemos acceder a un menú que nos permite elegir a cualquiera de las chicas para mejorar sus atributos. Cuando nos decidimos por una, y dependiendo el nivel en el que se encuentre en ese momento, debemos pagar una cuota diferente de puntos de motivación para acceder a uno de los minijuegos, que utilizan la pantalla táctil de Vita, y de los que solo os vamos a hablar del primero de ellos. Lo justo para que sepáis cómo va, pero sin arruinaos la sorpresa de los demás.

En el primero de los minijuegos eróticos debemos frotar las pompas de jabón del cuerpo de la chica elegida antes del tiempo establecido. Si lo superamos con éxito, la chica gana experiencia y, con ella, la posibilidad de desarrollar una nueva habilidad. Según va subiendo de nivel, acceder a este minijuego tiene un coste de puntos de motivación mayor, las pompas a frotar son más numerosas y los planos van subiendo de tono. Según avanzamos en el juego desbloqueamos otros minijuegos, todos ellos de variado contenido erótico y "bondage", en el que la pauta es similar (usar la pantalla táctil para salpicar, azotar... etc, y -así- ir mejorando a las chicas.

El problema es que, dejando de lado el rollo erótico-festivo, el desarrollo de todos los minijuegos es tremendamente simple y, lo que es peor, estamos obligados a acceder continuamente a ellos con cada una de las 7 chicas, lo que se traduce en repetir una y otra vez lo mismo sin parar. Esto, lejos de aportar un punto morboso -como parece ser la intención de sus creadores- se convierte en una tarea realmente tediosa, a la que también contribuyen nuestras incursiones en las mazmorras, que -como os decíamos- nos obligan a pelear artificialmente para obtener puntos de motivación... que luego invertir en las "motivaciones".

Un aparente apartado "tético"

En el plano técnico, lo único realmente destacable de Criminal Girls 2: Party Favors son las ilustraciones que acompañan a los diferentes minijuegos de motivación, y que gustarán a los seguidores de las publicaciones ecchi, pero que -en realidad- no muestran tanto (al menos en esta versión Europea) como sugería la polémica en torno a su lanzamiento.

Por lo demás, el título muestra un correcto apartado gráfico en 2D, que peca de ser excesivamente sencillo en muchas de las mazmorras, y al que se podría definir como "funcional". Vamos, que no ofrece ningún alarde técnico, pero nos permite meternos perfectamente en el desarrollo que nos propone.

Es precisamente este desarrollo, que combina elementos de calidad, como el sistema de combate, con mecánicas tediosas, como los repetitivos minijuegos, algunas mazmorras un tanto insulsas o la necesidad continua de luchar para adquirir puntos de motivación, lo que hace de Criminal Girls 2: Party Favors un RPG bastante irregular y con una gran dificultad para hallar un punto medio entre los jugadores. O lo odias o lo amas. Pero, sin duda, no es un juego hecho para el gran público.