Análisis

Crítica de Boyhood (Momentos de una vida), de Richard Linklater

Por Fátima Elidrissi
-

CRÍTICA DE Boyhood (2014) - DIRIGIDA POR Richard Linklater - PROTAGONIZADA POR Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke, Jordan Howard, Lorelei Linklater. YA EN CINES.   ARGUMENTO: rodada durante 12 años (entre 2002 y 2013) Boyhood sigue los innumerables cambios que afronta Mason, un niño de seis años al comienzo del film. El espectador acompañará al protagonista y a su familia durante su infancia, adolescencia y paso a la madurez en una película enorme que en última instancia habla de la vida.

ACTUALIZADO 12-1-2015: Boyhood acaba de ganar el Globo de Oro a mejor película dramática. Aquí tenéis la crítica que hicimos en su momento de esta gran película de Richard Linklater.

La misma existencia de una película como Boyhood ya parece un milagro y, Richard Linklater, el mago. El director de Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer vuelve a jugar con el concepto del tiempo (en el cine, en la vida), esta vez con una película cuyas proporciones pueden dejarte abrumado. Así que antes de comenzar el análisis propiamente dicho expliquemos el milagro.

Entre 2002 y 2013 Linklater se propuso grabar al mismo grupo de actores, dos niños y dos adultos, durante tres o cuatro días cada año. 39 en total. Y verles crecer ante la pantalla, un hecho que por sí mismo ya es fascinante. El resultado es una colección de episodios de la vida de Mason, un niño entre los 6 y los 18 años interpretado por el desconocido Ellar Coltrane, y su inestable (¿no lo son todas?) familia, formada por su hermana Samantha, a la que da vida la hija del propio director Lorelei Linklater; su luchadora madre, Patricia Arquette; y su inmaduro padre, encarnado por el viejo conocido del director Ethan Hawke.

El resultado es un apabullante retrato de la infancia y la adolescencia que llevará al espectador a revivir todos estos momentos aparentemente comunes y mundanos que, reunidos, adquieren una trascendencia atronadora. Especialmente para los nacidos en la década de los años 80.

Desde el comienzo de la cinta el maremágnum de referencias a la cultura pop que pueblan Boyhood puede nublar la vista del espectador. Mason pelea con su hermana porque ésta decide sacarle de la cama interpretando a Britney Spears. Pero el pequeño prefiere ver Dragon Ball. Y flipa con la posibilidad de que puedan realizar una nueva películas de La guerra de las galaxias, aunque su padre intente convencerle de que El retorno del Jedi es el final de la saga. Ambos niños se disfrazan como personajes de Harry Potter para adquirir el último libro de J.K. Rowling. Y 12 años dan para un importante desfile de videoconsolas en pantalla. De hecho, el guión se mantenía abierto año tras año para poder adaptarse a lo que iba ocurriendo en la realidad.

Por el camino, la inocente mirada de Mason dirige un relato protagonizado por los cambios. Familiares, escolares, físicos y espirituales. Y el acierto es que para ello Linklater no utiliza grandes momentos existenciales, ni intenta mostrar al espectador ninguna verdad reveladora. Si conmueve no es porque experiencias supuestamente redentoras como el primer beso, la primera fiesta o el primer día en el instituto pueblen el relato. Boyhood nos deja boquiabiertos precisamente porque mostrando la normalidad de la existencia, la vulgaridad del día a día, consigue captar algo tan intangible como el paso del tiempo y con él, la inmensidad de la vida.

La cámara se convierte así en un testigo de los cambios del protagonista, un acompañante que deja al espectador espacio suficiente para que sea él mismo quien dé respuesta a los temas trata la película. Porque evidentemente Boyhood pasa por temas una y mil veces contados como mudanzas, cambios de colegio, matrimonios, nacimientos, divorcios y un sinfín de decisiones de los adultos que no comprendemos.

El amor, la decepción o la rebeldía se mezclan con la necesidad vital del protagonista de encontrar su identidad. Y aunque ya lo hemos visto, el resultado final es completamente nuevo. Y agradecemos que además la película no sentencie, no moralice, y cuando lo hace (como puede ocurrir con temas como la religión o la política) muestra claramente sus intenciones.

La apoteósica banda sonora de Boyhood es una de las principales responsables de que este viaje a la memoria funcione como un reloj. Desde la infancia hasta el cacareado paso a la madurez la música sitúa al espectador con temas de Coldplay, Gotye, Vampire Weekend, Lady Gaga, Foo Fighters, Kings of Leon o Arcade Fire. Pasando por clásicos como Bob Dylan o Los Beatles.

Contada de forma simple, la película parece que habla de la infancia y la adolescencia de un niño de Texas desde que su madre decide volver a estudiar y rehacer su vida y su ausente padre regresa para formar parte de su vida... hasta que el muchacho llega a la universidad. Pero el sorprendentemente bien elegido subtítulo de la cinta, Momentos de una vida, subraya el hecho de que no sólo vemos a Mason en la pantalla. Nos vemos a nosotros mismos.

Linklater se tomó su tiempo para completar este épico cuadro emocional que a lo largo de 166 minutos hipnotiza al espectador. Y aunque probablemente no tuviera muy claro lo que iba a salir al final, visto el resultado ha merecido todo el esfuerzo.

Valoración

Un poderoso relato sobre la épica de lo ordinario que, hurgando en el concepto del tiempo en el cine y en la vida, retrata de forma brillante el paso de la infancia a la madurez, la vida familiar y la búsqueda de la identidad.

Hobby

95

Excelente

Lo mejor

Todo lo que cuenta ha sido visto, pero consigue presentarlo como algo completamente nuevo.

Lo peor

Que una maravilla de tales proporciones quizá no encuentre su público.

Lecturas recomendadas