Análisis

Crítica clandestina de Mátalos suavemente

Por Raquel Hernández Luján
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ARGUMENTO: Johnny Amato convence a dos pobres diablos (Frankie y Russell) para atracar una timba de póquer de la que Markie es el anfitrión. Cuando esto sucede la mafia se queda sin liquidez y pronto hay represalias: será Jackie Cogan, un matón a sueldo que repudia implicarse personalmente en estos asuntos el encargado de poner orden. 2012 – DIRIGIDA POR:  Andrew Dominik – PROTAGONIZADA POR: Brad Pitt, Ray Liotta, Scott McNairy, Ben Mendelsohn, James Gandolfini, Vincent Curatola y Richard Jenkins. Estreno 21 de septiembre 2012.

Basada en la novela "Cogan's Trade" de George V. Higgings, el neozelandés Andrew Dominik guioniza y dirige esta película como hiciera anteriormente con Chopper y El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford para la que también contó con Brad Pitt.

 

Más allá de lo anecdótico del ajuste de cuentas que hilvana el argumento de la película, hay una crítica mordaz e hiriente hacia un sistema económico cuyo único fin es el de autoabastecerse para seguir creciendo.

 

Si se aprecia con perspectiva esta demoledora visión, más allá de breves retazos de humor negro que salpican la cinta, Mátalos suavemente deja un gusto muy amargo.

 

 

Discursos huecos y soledades compartidas

Ya desde el comienzo el mensaje político resuena casi como un mantra tratando de legitimarse a sí mismo por medio de la repetición: que si todos somos iguales, que si la clase trabajadora estadounidense es un referente mundial, que si todos tenemos un destino común... La disonancia entre el audio y la imagen es tal que chirría en los oídos a cada instante. Y esa es la mejor forma de mostrar una disconformidad que queda patente desde el principio de la cinta con un montaje abrupto y discontinuo.

 

 

La conclusión más dolorosa es aquella a la que llega Frankie: estamos muy solos. Dominik retrata el mundo del hampa apartándose de convencionalismos y apoyándose en dos bazas ganadoras: un reparto excepcional y un uso del sonido y de la banda sonora muy potente.

 

Mientras las bondades de la elección del casting se dejan notar sobre todo en los diálogos a dos voces en los que el grado de intimidad llega a ser muy intenso, la música viene a subrayar los pasajes más violentos que se muestran con todo lujo de detalles y con una frialdad asombrosa.

 

Ray Liotta, James Gandolfini y Vincent Curatola son algunos de los pobres diablos que se ven abocados al fracaso más absoluto para servir a intereses ajenos, mientras que Richard Jenkins viene a ser el nexo de unión con poderes más elevados, que, dato importante, nunca llegamos a ver.

 

 

Frankie y Russell, la espalda del mundo

El tándem formado por Scott McNairy y Ben Mendelsohn es lo más parecido a una pareja de entrañables idiotas a los que es imposible no tomar cierto cariño, aunque solo sea por su absoluta ingenuidad.

 

Mendelsohn protagoniza por otra parte uno de los colocones mejor filmados de los últimos tiempos en los que su consciencia va y viene situándolo al borde del abismo. Lejos de Trainspotting o de Spun, la cinta no busca retratar el delirio que produce la droga sino más bien el efecto contrario de adormecimiento y ralentización neuronal.

 

 

Una espiral de ambición

Todo se mueve en un "eterno retorno" en Mátalos suavemente: el sistema necesita mentir para mantenerse y seguir profiriendo mentiras, tanto como Russell necesita obtener dinero de las maneras más grotescas para comprar droga y venderla para conseguir más y más droga...

 

También el escrupuloso Cogan tiene que poner un parche sobre otro parche para ir tapando toda una serie de decisiones desacertadas en su búsqueda por restablecer el equilibrio y dejar contento a todo el mundo. Y eso que ha conseguido dormir su conciencia a base de especializarse en matar desde la distancia, teniéndolo todo bien atado para no tener que mancharse las manos.

 

 

Aparentemente ninguno de los personajes que se muestran son inmunes al influjo del dinero. Cada uno de ellos vende su alma al diablo con tal de conseguir llevarse su trozo del pastel, de ahí que Cogan concluya que "Estados Unidos es un negocio". Y a estas alturas y viendo cómo está el patio se podría añadir: ¿y qué no lo es?

Valoración

Lecciones de micro y macroeconomía con un humor más que negro en el que se muestra la importancia de las apariencias y del engaño de una sociedad podrida por el dinero.

Hobby

85

Muy bueno

Lo mejor

El subtexto, la estilización de la violencia y la banda sonora.

Lo peor

Que haya quien se quede solo con el mensaje violento y no sepa hacer una lectura más profunda.

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