Análisis

Crítica desgañitada de Rock of Ages

Por Raquel Hernández Luján
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ARGUMENTO: La joven Sherrie llega a Los Ángeles con la intención de triunfar como cantante. Nada más bajar del bus descubre la hostilidad de estar lejos de casa cuando un desconocido le roba la maleta. Esto le permite conocer a Drew, camarero de un mítico local de conciertos con el que iniciará una relación.   2012 – DIRIGIDA POR Adam Shankman – PROTAGONIZADA POR Julianne Hough, Diego Boneta, Alec Baldwin, Tom Cruise, Catherine Zeta-Jones, Malin Akerman.

Hay que elegir las palabras para hablar de Rock of Ages sin dejar escapar algún disparate. Aunque hilvanada con grandes temas de la historia de la música rock que a buen seguro todos recordamos con cariño o escuchamos con regularidad como "Nothing But a Good Time" y "Every Rose Has Its Thorn" de Poison; "I Wanna Rock", de Twisted Sister; "Shadows of the Night", de Pat Benatar; "The Final Countdown", de Europe; "Wanted Dead or Alive", de Jon Bon Jovi o la preciosa balada "More Than Words", de Extreme el desacierto del guión es tal que es imposible generar ni la más mínima empatía con los personajes, sobre los que solo falta que llueva algodón de azúcar y gominolas.

Un musical poco corriente

No sé exactamente qué es lo que ha hecho que una actriz con el talento interpretativo y musical que es Catherine Zeta-Jones (Chicago, Crueldad intolerable) haya aceptado participar en semejante despropósito, que tiene la única virtud de ser igual de inconstante de principio a fin.

 

 

Una vez más, el ego del actor Tom Cruise puede ensancharse a gusto en una película en la que solo su interpretación destaca, gracias a una parodia extrema de la clásica estrella extravagante, la cual no consigue encontrar ya estímulos que le hagan sentir algo. Desde la presentación de su personaje, emergiendo de entre hembras satisfechas por su supuesto magnetismo animal y su desbordado deseo sexual, podemos decir que el actor ha dado un salto más en su carrera, probablemente sin red. Abandona su clásico registro de hombre de acción (Misión imposible, Minority Report, La guerra de los mundos, Valkyria) para adentrarse en el terreno del musical, lo que le ha supuesto horas de ensayos para aprender a moverse y cantar como una auténtica rockstar. Lo consigue y pasa de ronda con nota, haciéndonos temer cuál será el próximo personaje que se atreva a encarnar.

Momentos para olvidar…

Quizás el mayor pecado que comete esta película es la de pretender mostrar, siquiera remotamente, el espíritu de una época. Es como si se hubiesen tomado todos los elementos estéticos: las largas melenas cardadas y embadurnadas en laca, los pantalones ceñidos de cuero, los ojos pintados y los brillos destelleantes y se les hubiera robado el alma. Debajo de toda esa parafernalia no late nada de nada.

 

 

El guión habría sido menos perjudicial para la salud mental del espectador si se le hubiera añadido una notable dosis de humor, pero ni siquiera los momentos que pretenden ser divertidos consiguen arrancar una sonrisa. El hecho de que sea predecible y tópica hasta la médula no ayuda tampoco a despertar el interés por personajes tan estereotipados y maniqueos.

 

Alec Baldwin y Russell Brand son olvidables desde el primer momento, amén de la secuencia que protagonizan, que clama al cielo por su ridiculez.

… Y voces para recordar

En general, si no se mira mucho la pantalla, la banda sonora es bastante aceptable, aunque nunca debieron permitir que Paul Giamatti interpretara siquiera una estrofa.

 

Hay un personaje que (aleluya) es creíble, interesante y tiene una voz excepcional. Hablamos de Mary Jane Blige, que ya participara en la banda sonora de la brutal Precious con su tema “I Can See In Color”.

 

 

Es la voz de esta magnífica intérprete la que acompaña a la pastelosa Sherrie en su bajada a los infiernos y quien le mostrará su desengañada visión de la vida. Y es el único momento en el que la película suscita emociones verdaderas.

El mensaje que supuestamente se pretende lanzar

La idea que subyace es la de la defensa de la cultura y en concreto, de su manifestación a través de la música. También hay cierta crítica hacia las volubles modas, que dictan los gustos del respetable movidos por los hilos de los subproductos musicales. Pero queda todo sepultado por secuencias penosas en las que se subraya una y otra vez lo que ya es evidente: que Tom Cruise no ha envejecido tan mal, que su personaje es un monstruo en la cama y que está dispuesto a meterle la lengua a cualquier groupie hasta la campanilla.

Valoración

Trata de revivir el espíritu transgresor de las grandes bandas de rock de los 80 con bastante poca fortuna. En su lugar encontramos un relato tan ñoño y edulcorado que se atraganta desde el primer fotograma.

Hobby

40

Malo

Lo mejor

Ver cómo se mueve en el escenario Tom Cruise, que borda el papel de rockero pasado de vueltas.

Lo peor

Comprobar cómo se pisotean las expectativas del espectador.

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