Análisis

Crítica de El destino de Júpiter, ci-fi con el sello de los Wachowski

Por Raquel Hernández Luján
-

CRÍTICA DE: El destino de Júpiter (Jupiter Ascending) - DIRIGIDA POR: Andy y Lana Wachowski - PROTAGONIZADA POR: Mila Kunis, Channing Tatum, Eddie Redmayne, Sean Bean, Doona Bae, Douglas Booth, Vanessa Kirby, Jo Osmond, Christina Cole y Spencer Wilding.ARGUMENTO: Jupiter Jones vive humildemente y no es consciente del destino que la está aguardando hasta que Caine, un exmilitar genéticamente modificado, llega a la Tierra para encontrarla; la razón es que Júpiter forma parte de una cadena genética extraordinaria que podría alterar el equilibrio de todo el Universo.

Después de revolucionar el mundo de la ciencia-ficción con Matrix, el listón autoimpuesto por Andy y Lana Wachowski se antoja demasiado alto como para ser revasado. Y no será porque no hayan puesto empeño en crear todo un imaginario alrededor de El destino de Júpiter, una historia bastante sencilla revestida de encajes de oro en postproducción.

 

Ya lo decía la heroína, Mila Kunis, en las entrevistas previas al estreno mundial de la película, que se produjo el miércoles noche en Bilbao, una de las (magníficas) localizaciones que han servido de marco a la historia: "es un derroche de fantasía". Aquí podéis ir picoteando algo antes de seguir leyendo:

 


Mundos más allá de las estrellas y una familia desestructurada

Si hay un apartado en el que los hermanos Wachowski tienen desarrollado el músculo es sin lugar a dudas el de los efectos especiales. En una cinta plagada de ellos, el reto de dirigir a los actores se multiplica sobremanera, porque, a decir verdad, aunque las ideas estén muy claras en la mente de los directores, la puesta en escena poco o nada tiene que ver con el acabado final, lo que incrementa la inseguidad de los intérpretes.

 

Pues hay que decir que el reto está más que superado y que, a pesar de las toneladas de trepidante acción y la diversidad de movimientos de la cámara, los actores cumplen en sus respectivos papeles a la perfección (y pensar que se mueven delante de un fondo verde...).

 


 

Eso sí, si tenemos que hablar de villanos con carisma nos enfrentamos a uno de los vacíos de la película: son tres los hermanos que deberían despertarnos animadversión y ninguno de ellos lo logra demasiado, ni siquiera el sobreactuado Eddie Redmayne que nos había enamorado en La teoría del todo interpretando al joven Stephen Hawking (y ojalá que le den el Oscar por ello). Y eso por no hablar de las intrigas que urden entre ellos y en cuyos ecos se ahoga cierto síndrome de Edipo...

Bocatto di cardinale para los amantes de Cuarto milenio

El guión de El destino de Júpiter, un tanto errático, toca muchos palos, desde los humildes inicios de nuestra protagonista, hasta mundos inimaginables habitados por seres de toda clase y condición: desde híbridos de humanos y animales hasta seres genéticamente modificados e incluso clonados, siempre con un trasunto científico futurista que hace que los "terranos" (así se nos denomina en lugar de "terrícolas") seamos considerados seres subdesarrollados que apenas han empezado a explorar el mundo de la biogenética y su potencial. Así se lo explica su captor Caine (Channing Tatum), un licánido producto de la fusión de ADN humano y de lobo, ¡toma ya!

 

 

Pero más allá de eso, las incursiones de otros seres en el nuestro dan explicación a las figuras en los campos de maíz, los avistamientos, las abducciones y todos los fenómenos inexplicables relativos a la interacción con civilizaciones lejanas... incluyendo los mitos vampíricos y los relativos a los licántropos. Lo dicho: una delicia para los amantes de Cuarto milenio.

 

Para la ocasión no se ha escatimado detalle alguno y podemos viajar desde Chicago hasta planetas remotos en los que encontramos mundos diversos con su propio aspecto, su arquitectura y sus habitantes perfectamente individualizados.

 


Curas improvisadas y burocracia interestelar

Una de las grandes bazas que juegan los hermanos Wachowski a la hora de componer su película es la de no perder en ningún momento el sentido del humor y eso es clave en determinados momentos para que el romance central no se vuelva empalagoso y para que no decaiga el entretenimiento en los pasajes en los que la acción se relaja (tranquilos, que hay pocos).

 

Entre los momentazos más divertidos encontramos la cura de emergencia que le aplica Júpiter a Caine tras ser herido y el cameo de Terry Gilliam en el farragoso mundo de la burocracia interestelar que te hará recuperar la fe en la ventanilla única de la Hacienda Pública.

 

 

Bromas aparte, el trabajo de diseño de maquillaje, vestuario, peluquería, atrezzo y la dirección artística son una verdadera obra de ingeniería que hace que El destino de Júpiter esté jalonada de grandes ideas llevadas a la práctica con brillantez (en ocasiones roza cierta vena de Star Trek toda esta diversidad espacial).

 

Un ejemplo en este pasaje es la figura de los abogados/funcionarios que gestionan el papeleo de los títulos nobiliarios y las herencias planetarias. La película tiene una impronta visual reconocible y única que supone su gran valor como cinta de ciencia-ficción.

 

¡Al carajo las clases sociales!

La gran debilidad de la película es la de ahogar su idea principal entre tanto "ruido" visual. Si a El atlas de las nubes (cinta que a mí por cierto me deslumbró y no solo a nivel estético sino también por las historias narradas) se le achacó demasiada complejidad, El destino de Júpiter peca de justo lo contrario: el eje vertebrador del argumento parece excesivamente simple y las repercusiones del núcleo de la acción parecen minimizarse al final del metraje...

 

Queda claro que la esencia de la historia es que al margen de quién nos digan que somos, lo importante es quiénes nos sentimos que somos. Dicho de otro modo: nadie dicta tu destino salvo tú mismo y la actitud con la que te enfrentas a tu vida, pero ¡menudo despliegue para llegar a esa conclusión! Es de tal magnitud que apenas resuena en el espectador al término del visionado.

 

 

Y no obstante el conjunto cumple con su cometido: entretener en todo momento con una epopeya espacial delirante y hacernos disfrutar de una experiencia inmersiva en mundos que merecen una visita. Aunque si hay que señalar un punto interesante es el de la deconstrucción de las herencias regias: estamos ante una antiheroína en toda regla a la que vemos escobilla en mano limpiando retretes y a mucha honra.

 

Advertencias: después de ver El destino de Júpiter vas a mirar al firmamento con algo más de curiosidad y vas a querer las botas de Caine (es más, como ha sucedido con los inventos de Regreso al futuro o con las garras de Lobezno, en unos años hablaremos de cómo se ponen de moda cuando algún loco consiga recrearlas en su garaje).

Valoración

Los Wachowski regresan al género en el que se sienten más cómodos. Puede que el resultado final en su conjunto no vaya a hacer Historia pero desde luego se lo han pasado pipa diseñando el estilo visual y se nota.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

El cameo de Terry Gilliam, el diseño de producción y las batallas espaciales.

Lo peor

El despliegue técnico no está a la altura de la premisa argumental que queda en anécdota.

Lecturas recomendadas