Análisis

Crítica de Dragon Ball: La Bella Durmiente en el castillo del mal

Por Daniel Quesada
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ARGUMENTO: Goku y Krilin quieren entrenar bajo la tutela de Mutenroshi, pero éste les pide como pago que le traigan a la Bella Durmiente, que aguarda en el castillo del mal. Allí conocerán un nido de demonios con un plan muy peculiar. 1987 - DIRIGIDA POR Daisuke Nishio - DOBLADA POR Ana Cremades, Nonia de la Gala, Ángeles Neira y Mariano Peña (versión castellana).

La segunda película de Dragon Ball mantuvo la fórmula de la primera: tomar prestadas referencias del manganime original, pero colocando a los personajes en situaciones completamente nuevas, todo ello concentrado en algo más de 40 minutos.

Así pues, esta La Bella Durmiente en el castillo del mal replantea momentos clave como el primer encuentro con Krilin, el entrenamiento con Mutenroshi o la aparición de Lunch, aunque esta vez el hilo conductor es el enfrentamiento con un ejército de demonios armados hasta los dientes y capitaneados por el elegante Lucifer, un nuevo villano creado especialmente para la ocasión.

Todos los protagonistas de los primeros compases de Dragon Ball hasta la mitad de la saga Red Ribbon están aquí, pero algunos de ellos actúan como meros figurantes: Oolong y Yamcha no hacen absolutamente nada en toda la película. Aquí, el estrellato es sobre todo para Krilin, que se representa como el competitivo y "capullín" que conocimos durante el entrenamiento de Mutenroshi en el manganime, aunque al final de la trama da los primeros pasos para convertirse en el mejor amigo de Goku.

Mutenroshi sigue siendo el principal alivio cómico, gracias a su incontenible lascivia. ¿Era premonitorio que su doblador fuera Mariano Peña, el mismo que interpreta al salidorro Mauricio en Aída? Ahora bien, esta vez la aventura e incluso las artes marciales van ganando peso, puesto que Goku ya es todo un experto con la nube Kinton, el Kamehameha y el bastón Nyoibou.

Aunque la animación es bastante fluída, estas secuencias parecen realizadas para salir del paso y no presentan ningún momento especialmente original, salvo quizá el diseño del capitán de los demonios Ghastel, claramente influenciado por la mitología japonesa.

De hecho, lo que quizá resulte más interesante de esta peli es el ejercicio de diseño artístico, a medio camino entre lo oriental y lo occidental (algo muy propio de Akira Toriyama): demonios con ametralladoras, un sirviente-Igor propio de los monstruos de Universal... Y un vampiro con aires de galán, cómo no.

La película se permite algún experimento visual en el prólogo y ofrece algunos "remixes" del tema principal de Dragon Ball que molan mucho, por lo que está por encima de lo que sería un capítulo doble... Aunque tampoco demasiado, no nos engañemos. Tanto a los personajes nuevos como a la aventura les falta algo de chispa (¿de verdad Bulma no se había dado cuenta de que Lucifer era un monstruo?), pero por suerte los acontecimientos se suceden tan rápido que no da tiempo a aburrirse.

Por cierto, volviendo a la música, es especialmente reseñable el uso de Mashinki no Nemuri Hime, sin duda uno de los temas más impactantes de Dragon Ball, el cual sería reciclado años después (¿spoilers?) para las inolvidables muertes de Piccolo y la de Vegeta.

 

Por tanto, La bella durmiente en el castillo del mal resulta interesante sobre todo como "pieza de coleccionista", por todo lo que ofrece, aunque en el fondo no deja de ser una película de aventuras bastante ligerita e incluso un tanto forzada en su ritmo.Cuando parece que las cosas se van a poner interesantes, Goku lanza un Kamehameha (¿ya los podía lanzar tan grandes?) y se acabó la fiesta. Una pena.

Pero tranquilos, lo peor que se podía ofrecer en materia de películas "dragonballeras" todavía estaba a muchos años de distancia. Ya hablaremos de ello, ya...

 


Recordad, en nuestro especial podréis leer las críticas de todas las películas de Dragon Ball.

Valoración

Bastante más arriesgada que la primera película, pero también ofrece un resultado más irregular. Entretenida sin más.

Hobby

59

Regular

Lo mejor

Volver a ver cómo Krilín era un egoísta nato.

Lo peor

No acaba de resultar emocionante en ningún momento.

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