Análisis

Gremlins - Crítica especial cine de los 80

Por Daniel Quesada
-

Crítica de Gremlins - Dirigida por Joe Dante - Protagonizada por Zach Galligan, Phoebe Cates y Corey Feldman - Argumento: En un tranquilo pueblo norteamericano, un inventor trae a casa un misterioso ser, un mogwai, para el que hay que cumplir tres normas: no exponerlo a la luz, no mojarlo y no darle de comer después de medianoche...

En 1984, Steven Spielberg estaba en plena explosión creativa, no solo como director, sino también como productor. Ese último fue el papel que adoptó en Gremlins, una curiosa apuesta por la comedia negra, en la que lo tierno y lo grotesco se daban la mano como solo los años 80 podían permitir.

Joe Dante se encargó de dirigir esta historia gamberra, que en otro contexto habría sido una película de terror más, pero que gracias a una estupenda labor de dirección y guión acabó gustando por igual a los que querían salvajadas y los que buscaban monadas. Si sois demasiado jóvenes, quizá no sepáis de qué va la trama: todo gira en torno a Gizmo, un extraño animalito de la raza mogwai (demonio en cantonés), que es muy inteligente y cariñoso (¿recordáis su cancioncilla?), pero tiene una "pega": si lo mojas se reproduce. Si le das de comer después de medianoche, se metamorfosea en un gremlin, un desagradable bicho verde que sabotea todo lo que pilla y tiene tantas ganas de fiesta como de asesinar.

Dato curioso (y que el español medio desconocía por completo en la época): el gremlin es una especie de demonio mitológico que los sajones asocian con las averías. De hecho, en la Segunda Guerra Mundial había quien creía que mordisqueaban los cables de los aviones para hacerlos caer. Por eso, ahora os resultarán menos chocantes las referencias a gremlins que hemos visto en Los Simpson o Johnny Bravo, por ejemplo.

¿CG? ¿Eso qué es?

Por supuesto, la cosa se va de madre a las primeras de cambio y buena parte de la película se basa en el contraste entre el encantador Gizmo y lo asquerosos (pero a la vez muy cómicos) que resultan los gremlins. En ese sentido, nada habría sido igual sin los efectos especiales de la película. Hay un pelín de stop motion, pero sobre todo, hay animatrónica, mucha animatrónica. En otras palabras, tanto Gizmo como los gremlins son "marionetas" llenas de cables que se movían mediante controles a distancia.

Esa técnica ya era muy común (la vimos en E.T. El Extraterrestre y la seguiríamos viendo en la posterior Parque Jurásico, ambas de Spielberg), pero en esta película demostró un "tour de force" tremendo, ya que hubo que animar decenas de monstruitos diferentes. ¡A veces, varias decenas confluían en un mismo plano! Además, no movían un brazo y punto, sino que la expresividad de ojos, boca o hasta orejas eran tremendos. Gracias a ello, daban muchas ganas de achuchar a Gizmo... Pero también de salir corriendo del malvado Stripe y sus secuaces.

¿Se podían haber creado efectos por ordenador? Bueno, hablamos de 1984, así que Tron ya había demostrado lo que se podía hacer en ese aspecto, pero la tecnología estaba aún demasiado verde como para mostrar algo tan complejo como los gremlins. Aquí hay artesanía de la buena y eso se nota. En otras palabras, nos creemos más a estos bichitos que al Yoda digital de Star Wars Episodio II, por ejemplo.

Irreverencia puntiaguda

No podemos abordar esta crítica de Gremlins sin mencionar la gigantesca cantidad de referencias que incluye. Estos bichos no respetan nada, así que igual los vemos cantando un villancico a una vieja gruñona como haciendo el gamberro en un cine. Lo juguetón de los bichos (y de los creativos de la película, todo sea dicho) sirvió para dar pie a escenas tan memorables como el canturreo del tema de Blancanieves y los siete enanitos o los planos en los que se vician al juego vectorial de Star Wars o un Donkey Kong portátil que debe de valer millones hoy en día. Ojo también a las múltiples referencias a Indiana Jones, E.T. o Encuentros en la Tercera Fase. Si pestañeas, te los pierdes.

Pero esas gamberradas no eran solo metalingüísticas. La propia película también muestra escenas salvajes de propia cosecha, como ese "fatality" de la madre de Billy, que mete a uno de los gremlins en un microondas y lo hace reventar o el lanzamiento a propulsión de la anciana a través de la ventana. Lo salvaje de estos "amigos" choca con lo cándido de Billy, el protagonista, que parece que va a romper a cantar "Amo a Laura" en cualquier  momento. La verdad es que este personaje resulta bastante poco carismático, pero los secundarios sí son más interesantes, especialmente el padre inventor o el señor Wing, el chino medio ciego que conoce los secretos de los mogwai.

Por cierto, en esta película aparece un jovencísimo Corey Feldman, el niño travieso que veríamos poco después en Los Goonies o ya algo más mayor en Cuenta Conmigo. De hecho, Gremlins conecta con muchas otras películas míticas: buena parte del pueblo se "reciclaría" un año después para convertirse en la Hill Valley de Regreso al Futuro.

La película, aunque tarda casi 40 minutos en ponerse interesante, propone a partir de ahí un festival de gamberradas y bromas descaradas, si bien es cierto que hay demasiado esfuerzo por demostrar lo traviesos que son estos gremlins y a veces esos planos se hacen largos. Vamos, que en 1984 sería muy canalla mostrar cómo unos bichos fumas o ponen la boca debajo de un grifo de cerveza, pero con los ojos de hoy día queda simplemente curioso, lo que provoca que a veces esperas demasiado que pasen del "humor ligero" a ponerse en acción.

A pesar de esos problemas puntuales de ritmo, Gremlins sigue siendo tan disfrutable como lo era entonces, sobre todo porque tanto el monstruo bonito como los feos parecen vivos de verdad. El film fue un éxito y propició una segunda parte algo menos acertada. Lo curioso es que en todo este tiempo, no hayan vuelto a atreverse con una tercera parte. ¡Con lo que se forrarían a base de merchandising en las tiendas frikis!

Recuerda que hay muchas otras películas ochenteras esperando ser recordadas en nuestro especial de cine de los 80. ¡No te lo pierdas, mogwai!

Valoración

Muestra un excelente equilibrio entre el humor y la violencia. Mantiene buena parte de su encanto y es una muestra de artesanía, pero la historia es un poco sosa.

Hobby

79

Bueno

Lo mejor

Las ganas de adoptar un gizmo que te dan. La genial animatrónica.

Lo peor

A veces, las payasadas de los gremlins se hacen largas.

Lecturas recomendadas