Análisis

Crítica de Ícaro, el documental sobre el dopaje ruso en Netflix

Por Rafa Dominguez
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Analizamos Ícaro (Icarus), el último documental disponible en Netflix que estudia el dopaje deportivo y su escándalo en Rusia, con la figura de Grigory Rodchenkov como protagonista enfrentado a la voluntad de Vladimir Putin.

"Dédalo advirtió a su hijo de que por el mar no volara muy bajo, porque las alas se le podrían mojar, y que tampoco volara muy alto, porque el sol las derretiría", cuenta la leyenda de Ícaro y su vuelo accidentado. El título del documental que tenemos hoy entre manos viene al dedillo para enlazarlo con los altos y los bajos, los excesos y los defectos, la victoria y la derrota y, en definitiva, la carrera física y psicológica a la que se enfrenta cualquier deportista de élite en su vida.

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Ícaro (Icarus), el documental de Netflix dirigido y protagonizado por Bryan Fogel, se adentra en primera instancia en el estudio del dopaje deportivo a través de sus propias carnes para terminar convirtiéndose en una de las piezas clave con las que se destapó toda la verdad sobre el escándalo del dopaje en Rusia. Una trama de corrupción que salpicaba al Gobierno ruso y que tuvo un gran protagonista: Grigory Rodchenkov, el brazo ejecutor que logró hacer desaparecer el temido positivo de más de 1.000 atletas rusos en los Juegos Olímpicos. Conspiración, ética y moralidad en una nueva "Guerra Fría" deportiva con Rusia y los Estados Unidos como parte de la función. ¡Dentro crítica de Ícaro

"El 50% de los atletas rusos que participaron en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012 estaban dopados"

Los documentales, bajo gusto de un servidor, deben cumplir una regla imprescindible: atrapar en su temática. Puede resultar algo obvio dada la naturaleza de este tipo de producciones, pero he conocido casos que prefieren valorar otro tipo de aspectos técnicos o artísticos por encima de su profundidad narrativa. Sea como fuere, con Ícaro arranqué con ciertas dudas. En los primeros compases, Bryan Fogel decide someterse a un proceso de dopaje para hacer frente por segunda vez a la Haute Route, una travesía alpina extrema en bici que recorre los Alpes Peninos, desde Francia hasta Suiza. Un total de 750 km de ruta durante 7 días y acompañados de un grupo de 500 personas entre los que que el bueno de Fogel, en su primera participación, consigue quedar en los primeros 25 puestos.

"¿Cómo es posible que el atleta más probado del mundo se haya sometido a 500 pruebas científicas y no lo hayan cogido?" - Bryan Fogel

Dado su resultado y su particular pasión por el mundo del ciclismo, Fogel se percata de que el grupo en cabeza, formado por los 10 primeros posicionados en la tabla, se encontraba a un nivel inalcanzable para cualquiera. De ahí surge la eterna duda: ¿se habrán dopado? En los últimos años hemos visto caer figuras del deporte del tamaño de Maria Sharapova o el mismísimo Lance Armstrong, quienes reconocían abiertamente el consumo de sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento, y es precisamente este último quien sirve como primer hilo conductor en el documental. El ex-ganador de siete Tours, uno de los grandes héroes de nuestro protagonista, reconocía haberse aprovechado del dopaje para superar las extremas pruebas físicas en las que se coronó como campeón. Lo más irritante, sin embargo, fue que Armstrong se sometió durante su carrera a más de 500 pruebas antidopaje... de las que siempre salía limpio. "¿Cómo es posible que el atleta más probado del mundo se haya sometido a 500 pruebas científicas y no lo hayan cogido?", se preguntan en el documental. Así es como Bryan Fogel, cineasta y ciclista aficionado, consigue ponerse en contacto con uno de los científicos de mayor renombre en dopaje deportivo y la principal razón de ser del documental: Grigory Rodchenkov, director del Centro Anti-Dopaje de Moscú, en Rusia.

Grigory Rodchenkov

Durante el primer tercio del metraje no pude evitar sentirme algo abrumado por la cantidad personajes que acuden a escena, desde científicos que rehúsan en primera instancia a apoyar el documental, hasta entrenadores deportivos que forman parte del día a día del primer protagonista en su proceso de dopaje o entidades como la WADA (Agencia Mundial Anti-Dopaje). Quizá no tenga tanto que ver con la cantidad como con la estructura narrativa y visual que narra la aventura de Fogel, en la que me sentía algo perdido y desconectado. A pesar de todo, la resolución de ese primer nudo no tarda en llegar. Con el respaldo de Rodchenkov, Fogel logra colarse en la carrera bajo los efectos de diversas sustancias que potencian su rendimiento deportivo. Sin embargo, todo su esfuerzo resultó en vano: un fallo técnico en su bicicleta y el desempeñó de sus rivales termina con nuestro ciclista aficionado ocupando una posición todavía más baja en la tabla que en su primer intento en limpio. Y aquí, queridos lectores, es donde comienza el verdadero documental.

Grigory Rodchenkov, el artífice del escándalo del dopaje en Rusia

El excéntrico y divertido científico que acompaña a Fogel en su proceso de dopaje termina entablando una importante relación de amistad con el cineasta. Todo sea dicho, desde un primer pestañeo nos presentan a Rodchenkov como un hombre afable, amante de los animales y, muy especialmente, de su familia y su mujer. La historia detrás de su figura, la cual nos presentan mucho más adelante, no tiene desperdicio: fue encerrado en un centro psiquiátrico después de un intento de suicidio, debido a, en sus propias palabras, un enfrentamiento con el seleccionador. Según Rodchenkov, fue puesto en libertad por orden directa de Vladimir Putin para llevar a cabo el malévolo plan de dopaje con el que Rusia dominaría los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en 2014 y que, como veremos más adelante, tuvo una repercusión trascendental en el futuro del país.

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Grigory Rodchenkov

Ícarus cuenta con unas connotaciones extremadamente caseras; con esa sensación de que todo lo que nos están contando es paradójicamente cercano, a pesar de las implicaciones del cabeza de Gobierno ruso en toda la trama de corrupción deportiva. La figura de Rodchenkov, como comentaba en el párrafo anterior, se descubre como un amigo más cercano de lo que podríamos imaginar y se convierte automáticamente en el punto clave del documental.

Volviendo a la trama, todo explota cuando, durante el rodaje del documental, salen a la luz unos documentos que ponen en entredicho el trabajo de Rodchenkov al mando del Centro Anti-Dopaje ruso y su más que evidente implicación en una red de dopaje que terminaría expulsando a los atletas rusos de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016. Como decía, la relación de amistad de Fogel lo lleva a implicarse en las acusaciones vertidas contra su ahora compañero de rodaje, propiciando que Rodchenkov termine abandonando Rusia bajo el refugio de Fogel en los Estados Unidos.

"¿Fue usted el cerebro que engañó a las Olimpiadas?". "Sí", responde Grigory Rodchenkov

El científico, en búsqueda y captura por el Kremlin, termina contando su historia a The New York Times, y su repercusión fue tal que la WADA puso en marcha el Informe McLaren, donde terminó de confirmarse que el 100% de las muestras analizadas tenían muestras evidentes de haber sido forzadas para alterar los resultados una vez almacenadas. Lo que en un principio comenzaba como un estudio para reforzar las medidas anti-dopaje y comprender cómo era posible saltarse los controles termina convirtiéndose en el trasfondo del mayor escándalo de la historia del deporte, con una red que, en palabras de Rodchenkov, salpicaba al mismísimo Vladimir Putin. Ahí es nada.

Grigory Rodchenkov

A partir de aquí, Ícaro adquiere un nuevo cáriz. Fogel pasa a convertirse en un personaje secundario a merced de la evolución de los acontecimientos en torno a la figura de Rodchenkov, de quien nunca terminaremos de saber si se trata del bueno o el malo de la película. El director, sin embargo, consigue virar perfectamente el documental para grabar con solvencia una red de corrupción mucho más grave de lo que cabría imaginar, permitiéndonos asistir como invitados para ver qué ocurre entre bambalinas.

Las referencias a 1984 son incesantes, hasta el punto en que resultan agotadoras. Es evidente el propósito de enlazar la condición conspirativa del documental a un ente con cierto poder cultural —en este caso, la novela de George Orwell— y así reforzar la veracidad de su propuesta, pero ya sabéis el dicho: lo poco gusta y lo mucho cansa. Por otro lado, tenemos la comparativa entre la figura de Edward Snowden y Grigory Rodchenkov, quienes, a pesar de las diferencias cualitativas de sus declaraciones, se convierten en testigos protegidos en casas opuestas respectivamente y de cuya comparación no se produce tal abuso.

Conclusiones

Tan pronto como la atención del documental comienza a alejarse de Fogel para centrarse en Rodchenkov, Ícarus empieza a ganar puntos en una subida exponencial que termina convirtiéndolo en un documental de lo más apetecible, a pesar de su escasa innovación técnica. El doctor posee una serie de cualidades que lo convierten en un títere perfecto al servicio de la producción: un pasado dramático, un carácter amable y divertido, y unos conocimientos que pusieron en jaque —hasta cierto punto— la integridad del deporte ruso. Pasaremos la mitad del documental deseando que Fogel se aleje de escena para dar un mayor protagonismo a la vorágine de sentimientos que rodean a Rodchenkov desde la acusación, con su familia en la otra punta del mundo y con su vida en peligro ante la supuesta amenaza de agentes del antiguo KGB.

Tenemos un par de despuntes artísticos directamente relacionados con el pasado del doctor y que me hacen pensar que una mayor inversión en ese tipo de construcciones visuales habrían aportado una vertiente mucho más personal, más íntima si cabe. Sus más de dos horas de duración pueden echar para atrás a muchos aficionados, pero si conseguimos darle una oportunidad y soportar la pendiente del primer tercio, tendremos una historia que bien merece una continuación. 

En definitiva, Ícaro consigue cumplir con esa premisa que proponía al comienzo de estas líneas: atrapar en sus redes temáticas a todo aquel que desee adentrarse en los entresijos detrás del hombre artífice y destructor del dopaje en Rusia.

Valoración

Ícaro es, en su propia sorpresa, un vehículo perfecto para traer a la palestra el mayor escándalo de la historia del deporte a través de su brazo ejecutor y destructor: Grigory Rodchenkov, quien se alza como un protagonista extremadamente interesante.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

El tratamiento de Grigory Rodchenkov y la osadía de Bryan Fogel con su implicación en el escándalo.

Lo peor

El descontrolado primer tercio del documental y la irreverencia de su prueba contra el control de dopajes.

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