Análisis

Crítica de El jugador con Mark Wahlberg

Por Raquel Hernández Luján
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CRÍTICA DE: El jugador (The Gambler) - DIRIGIDA POR: Rupert Wyatt - PROTAGONIZADA POR: Mark Wahlberg, Brie Larson, Jessica Lange, John Goodman, Michael K. Williams, Sonya Walger, Emory Cohen, Leland Orser, George Kennedy y Richard Schiff.ARGUMENTO: Un profesor de inglés adicto al juego le debe a la mafia una importante suma de dinero. Para ayudarle a salir a flote, su madre decide darle parte de sus ahorros que él trata de multiplicar rápidamente en Las Vegas, pero la suerte no le acompaña, por lo que su futuro estará en manos de la mafia.

Rupert Wyatt (El origen del planeta de los simios) realiza con El jugador una nueva apuesta... por el remake y en esta ocasión, si bien la corrección formal es la norma, lo cierto es que el metraje resulta excesivo para el mensaje que traslada la película.

Comencemos hablando de la cinta que dio lugar a ésta: en 1974 el checo Karel Reisz debutaba en el cine estadounidense con The Gambler, protagonizada por James Caan. El guión nada tenía que ver con la obra de Fiodor Dostoievski de 1866 que también ha tenido dos transcripciones cinematoográficas en 1947 y 1997 sino que se basa en un guión escrito por James Toback.


Retrato de una obsesión

Su intención primera era escribir un libreto en clave documental con Nueva York como telón de fondo y el submundo del juego como realidad paralela a la que aflora a simple vista. Sin embargo, finalmente se apoderó de su pluma un personaje muy peculiar cuya ansiedad por invertir todo su dinero en las apuestas le lleva al borde de la ruina y casi del suicidio.


William Monahan (Infiltrados), recoge el testigo de Toback y actualiza al personaje, interpretado por un brillante y vibrante Mark Wahlberg absolutamente entregado al juego en un arriesgado "todo o nada". De nuevo visitamos el lado oscuro del protagonista y su doble vida como profesor en la Universidad de día y su temeraria vida nocturna dilapidando dinero que toma prestado de malas compañías que se tornan cada vez peores a medida que avanza el metraje.

 

La escala de grises es la mediocridad

Pero si hay algo que marca a Jim Bennett no es su elocuencia en sus clases, ni su actitud que bordea la autodestrucción sino el hecho de tomarse la vida en términos absolutos: es rojo o negro, par o impar, ganas o pierdes, pero no hay lugar para medias tintas y se apostaría la vida a cara o cruz sin pestañear. De sus discursos se dilucida que solo concibe el éxito total, aunque para ello tenga que empeñar hasta la botas.

 

Brillan con luz propia dos de los personajes que le acompañan en la película: Jessica Lange, que interpreta a su madre y representa el polo opuesto a su idiosincrasia (representa la estabilidad, la fortuna ahorrada y mantenida a base de esfuerzo) y el mafioso Frank a quien da vida un impecable John Goodman que de alguna forma se encuentra también en sus antípodas. Le explica la importancia de saber retirarse a tiempo y la libertad que supone no deberle nada a nadie y poder "mandar a la mierda" a todo y a todos cuando se cuenta con recursos propios.

 

 

Pero Jim Bennett necesita ir más allá, trascender la lógica del juego y desnudarse por completo de ataduras. Lo que los estadounidenses llaman un "fresh new start". Partir desde cero sabiendo que al menos una vez en la vida has alcanzado el ideal: las puertas del paraíso abiertas de par en par, el clímax más absoluto, el nirvana y después ya todo es posible.

Diez días para la gloria o el martirio

Aunque toda esta premisa argumental es lo suficientemente sólida e interesante como para mantener la película, la estructura no es la más adecuada ya que la actitud desafiante y cínica de nuestro protagonista llega a parecer caprichosa en esa bajada a los infiernos que supone la cuenta atrás para que expire su plazo para devolverle el dinero a la mafia.

 

 

Ese periodo de tiempo regresivo que nos lleva de cabeza al momento definitivo de la película no consigue engarzar con fuerza un día tras otro llevándonos a la desesperación sino que, antes al contrario, nos hace seguir al personaje con cierta certeza de que se saldrá con la suya porque todo en general resulta demasiado colorista, hasta ese supuesto mundo de corrupción en el que se pudren las almas de los condenados por el vicio.

 

A esta nueva versión de El jugador le falta la contundencia de la credibilidad y la honestidad de un tormento que no parece sino un antojo frívolo de un hombre que lo tiene todo pero no sabe conformarse con nada. El exceso de ambición del guión fagocita a los personajes, si bien Wahlberg lo da todo para acercarnos sus grandilocuentes líneas de texto en las que se proclama digno del poder de un dios señalando a los elegidos para la gloria y separándolos de los que a su carecen de brillo. Como si el trabajo no sirviera de nada y fuera el talento una cuestión de pura fortuna.

 

Y es que es el azar el que define la cinta, para bien y para mal y la coherencia estética y las buenas interpretaciones no consiguen saldar la deuda del director con el espectador, que no consigue entrar en una estructura climática que funciona a medio gas.

Valoración

La cinta de los 70 revive sin excesivo resplandor aunque con una brillante interpretación de Mark Wahlberg, John Goodman y Jessica Lange.

Hobby

68

Aceptable

Lo mejor

Mark Wahlberg con su cinismo afilado y un John Goodman retador.

Lo peor

Algunas líneas de diálogo resultan demasiado engoladas: no todo tiene que ser trascendental.

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