Análisis

Crítica de Las brujas de Zugarramurdi

Por Raquel Hernández Luján
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ARGUMENTO: Las brujas de Zugarramurdi narra la accidentada huída hacia adelante de dos parados que, tras atracar una tienda de "compro oro" toman como rehén a un taxista y se meten de cabeza en los bosques de Navarra, donde un grupo de brujas tratarán de utilizarlos en su aquelarre.2013 - DIRIGIDA POR: Álex de la Iglesia - PROTAGONIZADA POR: Hugo Silva, Mario Casas, Carmen Maura, Terele Pávez, Pepón Nieto, Secun de la Rosa, Carolina Bang, Carlos Areces, Macarena Gómez, María Barranco, Javier Botet y Santiago Segura. Ya en cines.

Álex de la Iglesia nos propone una película claramente femenina en la que ellas llevan la batuta como bien demuestra desde los créditos iniciales que te sacan una buena carcajada. La película comienza cuando Carolina Bang y Carmen Maura realizan un conjuro en el que ven un futuro prometedor: el elegido está a punto de llegar... Y, a continuación, nos sumerge en un atraco de lo más bizarro en plena Puerta del Sol y en una tienda de "compro oro". 

El humor costumbrista y afilado, que de paso viene a poner de manifiesto la situación de mier... por la que pasan las familias a día de hoy y el partido que sacan unos pocos de ello, es el gran aliado de Las brujas de Zugarramurdi, una cinta muy coral plagada de buenos intérpretes en la que el director vuelca con un desparpajo que recuerda en momentos puntuales a La comunidad sus paranoias respecto a la figura de la mujer.

Creadoras, controladoras, insaciables y un tanto perversas, así son sus brujas (inciso: todas las mujeres de la película terminan siendo brujas, ¿casualidad? No lo creo...). En el fondo se aprecia que éste es uno de los trabajos más personales de Álex de la Iglesia, para bien cuando su universo nos subyuga o para mal cuando solo él se entiende.

El problema es que el tono cómico no se sostiene y, al final, da la sensación de que el guión escrito a cuatro manos por el propio director Jorge Guerricaechevarría (ganador del Goya por la adaptación de Celda 2011) no tiene muy claro a dónde va. Que las brujas vuelen y se cuelguen del techo, es lo suyo, pero sería todavía mucho mejor si tuviéramos claro a dónde nos lleva todo eso. En general el desfase del último tercio lastra al conjunto (eso o te entretiene una barbaridad aunque no le encuentres mucho sentido).

Por el camino María Barranco paseándose con una mano en ristre te saca la sonrisa, pero hay cierta debacle en el nudo de la historia que rebaja el impás jocoso y deja frío al espectador. Esto no lo calienta ya ni Carolina Bang restregándose con una escoba... Y, desde luego, el aquelarre final viene a confirmar las sospechas: algo se ha roto con la introducción de un momento videoclipero de diez minutos que anticipa que la película saldrá por los cerros de Úbeda.

Entre los pros de la película los diálogos en el taxi de Hugo Silva, Mario Casas y Jaime Ordóñez, divertidísimos y cargados de una sátira mordaz en una suerte de road movie que nada tiene que ver con las brujas (de momento) y, siempre, Carlos Areces que tiene una vis cómica fabulosa. Menos original resulta el tándem compuesto por Secun de la Rosa y Pepón Nieto, aunque también tienen sus momentos divertidos.

La puesta en escena es muy rica y cuenta con secuencias memorables como la caricaturización de una histriónica Macarena Gómez como madre coraje o el rapto de locura de Carolina Bang, una vez más personificación de la sensualidad que consigue atraer tanto como dar miedo.

Al final y en perspectiva, cuando Las brujas de Zugarramurdi hace gracia de verdad es cuando muestra lo que conocemos en un contexto que nos choca: la barquillera de la plaza de Sol, las cintas de vídeo del bar de las brujas con escenas de José Luis Moreno, las novelitas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía... Sin embargo, la película está plagada de altibajos que pasan factura y (pecata minuta, pero ahí está) tiene algunos fallos de racord imperdonables, sobre todo de maquillaje.

Quizás el toque de locura de la cinta se habría mantenido mejor con un presupuesto menos abultado porque toda la parte final de aquelarre con su Venus pantagruélica (muy original, eso sí), se antoja excesiva para hacernos pensar en la idea de siempre: que al final las mujeres somos las que nos traicionamos a nosotras mismas. Pues vale, menos mal que somos tan brujas que siempre pensamos que podemos triunfar, aunque sea con risilla de villanas. En otra ocasión, quizás.

Valoración

Irregular comedia que cuenta con momentos hilarantes y un tramo final que hace que se desinfle bastante. Con todo, recomendable por su originalidad y su comienzo.

Hobby

65

Aceptable

Lo mejor

Algunos diálogos rezuman sorna y cachondeo, se agradecería que ese tono fuera más uniforme.

Lo peor

Es un trabajo muy personal y eso hace que se diluya la comedia, lástima porque arranca muy bien.

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