Schindler 1
Análisis

Crítica de La lista de Schindler - Especial cine de los 90

Por Javier Cazallas
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Dentro de nuestro especial del cine de los años 90 analizamos La lista de Schindler (Schindler's List), la obra maestra de Steven Spielberg de 1993.

Una de las cosas que más destacó en la década de los años 90 fue la gran cantidad de películas de época con calidad exquisita que se produjeron. Muchas de ellas fueron nominadas y varias ganadoras de la estatuilla a Mejor Película por parte de la Academia.

Se notaba que las mentes pensantes de Hollywood empezaban a enfilar con decisión el final de siglo, ya que muchas de las obras de las que pudimos disfrutar durante estos años se centraron en acontecimientos ya considerados históricos que habían sucedido a lo largo del siglo XX. Algunos malos, otros menos malos, y en ocasiones, algunos horribles como será el caso que nos ocupa en La lista de Schindler (Schindler's List).

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La Segunda Guerra Mundial siempre ha sido un filón para cineastas, especialmente desde los años 60 que la cosa ya se iba enfriando -y no solo entre EE. UU. y Rusia-. La década de los 90 nos iba a dejar joyas como La vida es bella o El paciente inglés, ambas ambientadas en estos truculentos años y que, cada una a su modo, describen los horrores que se desencadenaron en los años 40 mientras el mundo caía más y más en el abismo bélico.

En 1982, Thomas Keneally escribió la novela basada en hechos reales "El arca de Schindler", un año más tarde Steven Spielberg comenzaría a trabajar en el film que nos ocupa hoy, La lista de Schindler. Os prevengo de que es probable que haya algún spoiler durante el texto, si no habéis visto la película quizás sea mejor que lo hagáis antes de seguir leyendo, serán 3 horas y cuarto de vuestra vida bien invertidas.

Una tarea abrumadora

En un principio, Spielberg no quiso dirigir el film, no se consideraba maduro para dirigir una película sobre el Holocausto a pesar de haber dirigido joyas como Tiburón, En busca del arca perdida o más recientemente ET, el extraterrestre.

En primera instancia intentó "pasarle la pelota" a Roman Polanski, sin embargo, el hecho de que el propio Polanski hubiera vivido en el gueto de Cracovia y de que su madre muriese allí le hizo declinar el honor, aunque más tarde el propio director polaco dirigiría su propia película sobre el Holocausto con El pianista. Finalmente Spielberg se puso manos a la obra.

Schindler's list

Cuando hablamos de que dirigir La lista de Schindler fue un tarea abrumadora, nos referimos literalmente a eso. Spielberg tardó 10 años en decidirse a dirigir la película por el respeto que le infundía. Además las películas del Holocausto nunca eran rentables, por lo que tuvo que invertir parte de su dinero en el propio film cuando fue consciente de que la inversión de Universal Pictures era insuficiente.

También se cuenta que estuvo a punto de costarle su matrimonio con Kate Capshaw, y que no fue hasta que ella acudió al set de rodaje cuando se iba a filmar la escena de las duchas de Auschwitz cuando se dio cuenta de la magnitud del trabajo que tenía su marido entre manos. Y de regalo estaba con la edición y montaje de Parque Jurásico, casi nada...

El simbolismo del color y el sonido

A día de hoy, estamos acostumbrados a ver todo en color, y en los 90 también. Lo primero que choca de la película es que se optase por grabarla en blanco y negro. Pero la ausencia de colorido en el film es lo primero que nos marcará y hará que empaticemos con una época y situación que casi nadie conoce por suerte.

La ausencia de esperanza marca cada fotograma de La lista de Schindler, porque ¿Qué esperanza puede haber en el lugar más miserable del mundo? La ausencia de color, marcará la película, y hará que las escenas más dramáticas ganen en profundidad.

Los únicos atisbos de color que hay son la niña de rojo, que simboliza dos cosas importantes, el momento en que algo cambia en el interior de Oskar Schindler, y al mismo tiempo la pasividad de los gobiernos aliados que, conociendo de sobra las atrocidades que estaban sucediendo bajo el régimen nazi, no hicieron nada por bombardear o sabotear las lineas ferroviarias para ralentizar o detener el exterminio.

El fundido a blanco y negro de las velas de Sabbat al inicio de la película reflejan como la esperanza del pueblo judío se desvanece a medida que las SS se acercan a Cracovia.

Schindler's List

A pesar de contar con la batuta del maestro John Williams, que nos tiene acostumbrados a esos golpes musicales y fanfarrias tan características de él, la ausencia de música marcará muchas de las escenas más dramáticas. Veremos varias ejecuciones arbitrarias cuyo único sonido relevante será el eco del disparo y algún grito horrorizado.

La guerra no tiene banda sonora más que la percusión de las armas. No obstante Williams tendrá su ocasión de lucirse en determinados momentos del film, y fue determinante al seleccionar las canciones de la época que nos acompañan en algunos intervalos de la película. No es de extrañar que fuera premiado con el Oscar a la Mejor banda sonora.

El poder del dinero

Una de las cosas que Spielberg y la propia historia nos deja claro desde el principio es que el poder del dinero rara vez se ve ensombrecido por los demás tipos de poder. Desde el primer minuto de la película Oskar Schindler dará buen uso de sus marcos alemanes para ganar poco a poco la notoriedad que necesita entre los mandos alemanes, que pasan de no tener idea de quien es a tutearse y admirarle.

También veremos la importancia del dinero entre los judíos, especialmente los que invirtieron en la fábrica de Schindler, la Deustche Emailwarenfabrik que tuvieron que aceptar pagos en especie.

Schindler's List

Pero cuando el dinero, y sobre todo las riquezas cobran especial protagonismo es sin lugar a dudas en el momento en que se elabora la lista final. Tras haber visto a Schindler y a todos los alemanes derrochar durante el grueso de la película, llegará un momento en que Schindler apelará a la codicia de Amon Göth (Ralph Fiennes) para comprar, literalmente, a más de 1.100 personas, salvándolas de ese modo de su fatal destino en Auschwitz. No será hasta el final de la cinta cuando Schindler repare en que habiendo derrochado menos habría salvado a más personas.

Un vistazo profundo a unos años oscuros

Pero si algo caracteriza a La lista de Schindler es su brillante perspectiva desde ambos lados de la tragedia del Holocausto, si bien es cierto que comprensiblemente tiende a centrarse más en la vista del pueblo judío. Desde el momento en que son hacinados en el gueto de Cracovia, pasando por la brillante recreación de la limpieza del gueto por parte de las SS -probablemente los mejores 15 minutos de la película por su cuidado rigor histórico-.

Las formas que utilizaron los judíos para huir o esconderse de las SS, la brutalidad de éstas al encontrarlos o al realizar ejecuciones sumarias, y todo ello acompañado de ese respeto que le infunde el blanco y negro que nos hace sentir que estuviéramos viviendo la historia a través de un documental con imágenes reales. Tras la limpieza del gueto se dejará claro, en más de una vez, que la vida de un judío no valía nada para muchos alemanes.

Schindler's List

Aunque la visión desde el "lado alemán" es probablemente mucho menos profunda, se pueden ver varios matices importantes. Por ejemplo el lavado literal de cerebro que el régimen de Adolf Hitler realizó tanto a sus tropas como a la población civil.

Igual que el odio irracional que muchos polacos sentían por sus compatriotas judíos, porque no olvidemos que todo esto fue de religiones.

Una de las cosas que más nos llama la atención es que, si bien la cinta se centra en la figura de Oskar Schindler, varios alemanes más compartían su visión de no exterminar a los judíos, ya fuera por usarlos como mano de obra esclava o, porque sencillamente pensaban que matar a alguien por sus creencias estaba mal, aunque decirlo abiertamente solo tenía un final posible.

Tres interpretaciones dignas de elogio

El peso de la acción durante las tres horas y cuarto de la película recae sobre tres actores que, a día de hoy, no necesitan presentación. Liam Neeson se meterá en el papel de Oskar Schindler, el empresario alemán que inicialmente es, a grandes rasgos, un charlatán que usará el dinero de otros para acabar lucrándose él.

Su personaje, al igual que la propia historia marca, será el que más evolucione. Si bien queda claro desde su primer encuentro con Itzhak Stern que no siente odio por los judíos, tampoco tendrá especia afinidad hacia ellos más allá de usarlos como herramientas. Pero a medida que se desarrollan los acontecimientos, se acaba generando un vínculo especial con sus trabajadores. La interpretación de Neeson le valió la nominación al Oscar, aunque no pudo superar a Tom Hanks en su papel de Andrew Beckett en Philadelphia.

Quien ya se metió en la piel de un sufridor anteriormente inmortalizando a Gandhi en la película homónima de 1982, Ben Kingsley, tendría la dura papeleta de dar vida a Itzhak Stern, el contable judío que ayudó a Schindler en su aventura empresarial. Gran parte de la historia será "narrada" a través de los ojos de Stern, por lo que el papel de Kingsley es uno de los más importantes y probablemente el menos reconocido de la cinta.

Se cuenta que tuvo problemas con algunos antisemitas en los sets de rodaje que se construyeron a las afueras de Auschwitz. Su personaje será quien guíe a Schindler poco a poco hacia una moralidad más humana, ya que el empresario alemán personificará en muchos momentos el sufrimiento del pueblo judío en su contable. El propio Stern pasará de ser cauto y desconfiado con Schindler a confiarle su propia vida.

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Y si algo tuvo el Holocausto fueron villanos, y el campo de Plaszow tuvo a un psicópata de libro al mando. Ralph Fiennes resucitó a Amon Göth, el comandante del campo de concentración que no dudaba en matar a los judíos a su cargo por cualquier motivo.

Si de algo entiende Fiennes es de inmortalizar a villanos, habló con supervivientes del campo de Plaszow para saber cómo era Göth, y del resto se encargó su propio físico, ya que era muy parecido al del capitán alemán. Mila Pfefferberg, una de las supervivientes de la lista de Schindler, se encontró en uno de los sets de rodaje con Fiennes caracterizado como Göth, y vestido con el uniforme de las SS, y se echó a temblar de manera descontrolada. El papel de Fiennes fue brillante, y merecedor del Oscar que acabó llevándose Tomy Lee Jones por El fugitivo.

Quien salva una vida salva el mundo entero

La inmersión en la Cracovia de los años 40 habría sido imposible si Spielberg no hubiera dejado frases en alemán y polaco a lo largo de los momentos más dramáticos de la película. Los soldados alemanes gritando con total crueldad a los civiles judíos habrían perdido mucho si hubieran estado doblados.

Si hay algo que nos ha descolocado un poco, a pesar de ser necesario para un film de esta duración, son esos momentos ligeramente cómicos que ayudan a liberar el ambiente de tensión y dramatismo, pero que en algunos momentos nos sacan del contexto histórico que estamos viviendo a través de los fotogramas.

Por lo general, la película ha envejecido muy bien, no deja de ser una película que ya era histórica en su estreno. La lista de Schindler es una película imprescindible para cualquier cinéfilo, y un documento histórico importante para cualquiera que quiera ver "de primera mano" parte de los acontecimientos del Holocausto.

Diez años dan para mucho, y La lista de Schindler no es la única película histórica memorable de esa década. No dejéis de echar un vistazo a nuestro especial de cine de los 90 para más joyas de la última década del siglo XX.

Valoración

Una obra maestra que nos sumerge en una de las épocas más sombrías de la historia de la humanidad. Una película indispensable para cualquier cinéfilo con un rigor histórico muy alto y que lanza un mensaje de esperanza cuando la esperanza no parecía tener cabida.

Hobby

95

Excelente

Lo mejor

Las magníficas interpretaciones de Neeson, Kingsley y Fiennes. El simbolismo del montaje en blanco y negro y los pocos toques de color.

Lo peor

Aunque está hecho de modo que descargue un poco el dramatismo, algunos momentos cómicos sacan al espectador durante unos instantes del contexto.

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