Análisis

La loca historia de las galaxias (Spaceballs) - Especial cine de los 80

Por David Martínez
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ARGUMENTO: Parodia de la trilogía original de Star Wars, en que la princesa Vespa escapa de un matrimonio de conveniencia con el príncipe Valium, para caer en las manos del malvado Casco Oscuro, al frente de los Spaceballs. Un héroe canalla, como Lonestar, y su compañero Mog (mitad humano y mitad perro) Vomito, se encargarán del rescate de la princesa.  1987 - DIRIGIDA POR: Mel Brooks - PROTAGONIZADA POR: Mel Brooks, John Candy, Rick Moranis, Bill Pullman y Daphne Zuniga.

ACTUALIZADO (22/12/2015): Recuperamos nuestra crítica de La loca historia de las galaxias (Spaceballs) con motivo de la confirmación de que podremos disfrutar de una secuela. Aquí podéis leer todos los detalles sobre Spaceballs 2. El detonante de la noticia ha sido, por supuesto, el rotundo éxito de taquilla que está teniendo Star Wars El despertar de la Fuerza en todo el mundo. Aunque no sabemos si esta parodia de Mel Brooks estará a la altura. ¡Que la suerte os acompañe!

En 1987, cuatro años después del estreno de El retorno del Jedi, Mel Brooks tuvo la -poco sorprente- idea de parodiar la trilogía completa de George Lucas. La verdad es que después del éxito de Sillas de montar calientes (Blazing Saddles) y El jovencito Frankestein, se trataba de un proyecto muy prometedor. Para llevar a cabo La loca historia de las Galaxias, además, contaba con la participación de actores de gran nivel. Destaca el trabajo de Rick Moranis, que ya lo había hecho de lujo como secundario en Cazafantasmas, pero no nos podemos olvidar de John Candy, Bill Pullman o Daphne Zuniga. 

Hay que reconocer que la película no se queda corta en referencias a Star Wars. Vespa es una digna heredera de la princesa Leia, Lonestar y Vomito son un buen intento de Han Solo y Chewbacca, pero sobre todo Moranis, como Casco Oscuro, es el auténtico protagonista. Las bromas acerca del señor malvado son lo mejor de la película, siempre rozando lo absurdo (como la velocidad máxima que alcanza su nave). Además de estos papeles principales, nos cruzamos con el mafioso Pizza el Hut, con el maestro Yogur o con un droide metálico dorado que encajan bien en esta locura.

Eso sí, en ningún momento Spaceballs se atreve a "meter caña" a La guerra de las galaxias, sino que todos los chistes son políticamente correctos. Olvidáos de detalles "frikis" como las conversaciones sobre la saga en Clerks; a película está hecha para que también la disfruten quienes no sean fans.   

Lo peor de todo es que la trama es previsible y sin gracia. Es verdad que se trata de una parodia, pero no sabe explotar la riqueza de escenarios y criaturas del material base, y se queda en una sucesión de escenas de telecomedia en el espacio: desde una socorrida boda al intento de robo de aire del planeta Druidia. Tampoco hay que cargar las tintas, porque las bromas que sí funcionan (y hay unas cuantas) se producen cuando se rompe la cuarta pared y se busca la complicidad del espectador: los anuncios de merchandising de Spaceballs, las explicaciones a cámara o la búsqueda de respuestas en el vídeo pirata, que ha salido antes de que termine la película. Los otros momentos en que la cinta sube de ritmo son parodias a clásicos de la ciencia ficción, como El planeta de los simios o Alien, el octavo pasajero (con cameo del propio John Hurt).

Los efectos especiales no ayudan demasiado. Casi como Lucas hizo 10 años antes en Star Wars, Mel Brooks se apoya sobre todo en el maquillaje y secuencias en el espacio poco evolucionadas. Eso sí, el ojo entrenado puede descubrir al Halcón Milenario (el auténtico) en una de las secuencias de Spaceballs. El diseño de la nave imperial destaca por encima del resto, aunque reconozco que cuando ví la película en el cine flipé con el transformer. Casi 30 años después no puedo decir lo mismo, ha envejecido muy mal. 

Pero como referencia "ochentera" (y más teniendo en cuenta el fenómeno de Star Wars el despertar de la Fuerza) Spaceballs no tiene precio. Es ingénua, artificiosa, con su propio tema musical de estilo hip hop (el resto de la banda sonora tiene un estilo instrumental que trata de imitar el tono de John Williams en las originales) y con mucha inocencia. Las parodias de películas actuales entran en temas mucho más polémicos, pero La loca historia de las galaxias trata de homenajear más que ridiculizar.  Nos quedaremos con uno de los mensajes de la película, el hipotético lanzamiento de Spaceballs 2: a por más pasta, para subsanar sus errores. Si queréis echar unas buenas risas, tampoco os perdáis las mejores y peores imitaciones de Star Wars. Os dejamos con el tráiler. 

¡Ah! Y recordad que estamos analizando muchos otros clásicos de los año 80. Mirad nuestro especial de críticas de los 80... Y no olvidéis nuestra crítica de Star Wars Episodio VII.

Valoración

Mel Brooks no estuvo muy inspirado al recoger todo el material clásico de Star Wars y convertirlo en una parodia sin gracia, con buenos actores, pero incapaz de sorprendernos. Ha envejecido fatal.

Hobby

64

Aceptable

Lo mejor

El humor absurdo y las referencias a otras películas.

Lo peor

Bromas infantiles, argumento previsible, efectos "justitos".

Lecturas recomendadas