Análisis

Crítica de La mejor oferta

Por Raquel Hernández Luján
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ARGUMENTO: En La mejor oferta conocemos a un excéntrico tasador de obras de arte: Virgil Oldman. Su vida transcurre al margen de cualquier sentimiento afectivo hasta que conoce telefónicamente a una hermosa y misteriosa joven aquejada de agorafobia que le encarga hacerse cargo del patromonio artístico heredado de sus padres.2013 - DIRIGIDA POR: Guiseppe Tornatore - PROTAGONIZADA POR: Geoffrey Rush, Jim Sturgess, Sylvia Hoeks, Donald Sutherland, Philip Jackson, Dermot Crowley, Liya Kebede y Kiruna Stamell. Ya en cines.

Con Giusepppe Tornatore está perfectamente medido el qué y el cómo. Me explico: ya desde que presenta a su envarado Virgil Oldman (que incluso con su nombre viene a subrayar su carácter rancio) personificado en un Geoffrey Rush cuyo papel es un caramelo, sabemos que su evolución será la clave de la película.

Como una suerte de misántropo comparable con el célebre personaje de Molière, Virgil es incapaz de saltarse sus propias normas, solo se relaciona con tres personas y prácticamente porque no le queda más remedio: su secretario, un experto en reparaciones (Jim Sturgess) y un pintor (Donald Sutherland) que le provee de retratos de mujeres. Su único contacto físico es con esas pinturas, a las que ha aprendido a amar como sustitutivo de la realidad: solo come en un selecto restaurante donde cuenta con su propia vajilla y cubertería y siempre lleva guantes.

Su paladar para el arte es tan selecto como para las personas, pero todo su universo se pondrá patas arriba cuando se tope en su camino con alguien que no se lo pondrá todo en bandeja. Se trata de Claire, una joven que padece agorafobia y que se parapeta en su mansión (una hipnotizante Syvia Hoeks), y que le encomienda la tarea de tasar sus obras de arte y subastarlas.

A partir de este momento y ante la imposibilidad de ver su rostro (ella permanece recluída en una estancia cubierta por un mural tan hermoso como inaccesible), el mausoleo de mujeres de Virgil comienza a hacerle sentirse profundamente insatisfecho. La busca a ella en las pinturas, pero no puede ni siquiera adivinar cómo serán sus facciones. Como si de una falsificación se tratara, el reflejo de las mujeres que inundan los retratos no son más que una imagen vicaria de la original y el tacto del lienzo se torna ya una ilusión insoportable.

La zozobra que supone el enamoramiento, la imposibilidad de saber realmente hasta dónde arriesgar o si la nuestra será la mejor oferta ante el ser amado son los grandes temas que toca Tornatore con la intensidad de un verdadero maestro de lo íntimo.

Consigue hacernos empatizar con un personaje que desde el comienzo produce rechazo por su falta de humanidad y su empedernida soledad representada en una tarta con una única vela que se consume ante él. Y lo consigue por medio de una excelente fotografía engrandecida por las partituras de un Ennio Morricone que aporta la banda sonora original.

Los espacios son fundamentales en esta historia porque, al igual que él no ha conseguido hacer de su apartamento un hogar, se siente plenamente identificado con Claire, cuyo refugio es precisamente su único hogar posible.

El thriller que se desarrolla como trama secundaria y en la que Virgil se verá involucrado, cautiva la atención del espectador mientras podemos ver y sentir la evolución su evolución (reitero los elogios a Geoffrey Rush) desde el ostracismo autoimpuesto hasta su aventura de abrirse al mundo. Y que me aspen si el plano secuencia final no es uno de los más románticos que he visto en toda mi vida.

Valoración

Giuseppe Tornatore firma uno de los dramas románticos mejor rodados del año volviendo a hacer gala de una sensibilidad que transmite al espectador a la perfección.

Hobby

88

Muy bueno

Lo mejor

La originalidad de la trama, la interpretación de Geoffrey Rush y la cuidadísima puesta en escena.

Lo peor

En cierto momento sabes los derroteros que seguirá la historia, aunque fascina de todas formas.