Análisis

Crítica de Mi otro yo, con Sophie Turner

Por Raquel Hernández Luján
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2013 - CRÍTICA DE: Mi otro yo (Another Me) - DIRIGIDA POR: Isabel Coixet - PROTAGONIZADA POR: Sophie Turner, Claire Forlani, Jonathan Rhys Meyers, Rhys Ifans, Ivana Baquero, Geraldine Chaplin, Gregg Sulkin, Leonor Watling, Sara Lloyd-Gregory. En cines a partir del 27 de junio.ARGUMENTO: La vida de la joven Fay parece perfecta, pero todo va a cambiar de la manera más insospechada. Un día, empieza a tener la molesta sensación de que alguien la está siguiendo. Aunque parece absurdo, Fay juraría que ese alguien es su doble, una persona exactamente igual a ella.

Isabel Coixet cambia de tercio adentrándose en el thriller psicológico que se inspira en la novela "Another Me" de la escritora escocesa Catherine MacPhailAcostumbrados como estamos al habitual intimismo de sus obras cinematográficas, resulta un tanto chocante que la realizadora se haya planteado una película de tintes sobrenaturales.

Mi otro yo nos presenta a Fay (Sophie Turner) una joven de vida comodada y casi perfecta: sus padres la adoran, sus estudios marchan bien y todo va sobre ruedas, sin embargo una voz en off nos adelanta que el desastre está a punto de cernirse sobre esa realidad de casa de muñecas.

El punto de inflexión lo marcará la repentina aparición de la esclerosis múltiple en el organismo de su padre (Rhys Ifans) que deteriorará la convivencia con su madre (Claire Fortani) y desencadenará una serie de acontecimientos que van a marcar a Fay.

Más allá de los problemas familiares que comienza a atravesar, empieza a sentirse perseguida por una suerte de doble de sí misma, ¿se trata de una broma pesada, de un fenómeno sobrenatural o está volviéndose loca? He aquí el talón de Aquiles del guión de Coixet al que le falta esa capacidad de jugar con el espectador. De haber desarrollado mejor este punto crucial de la película, su metraje inferior a los 90 minutos sería más extenuante y menos predecible.

Intérpretes como Geraldine Chaplin y el exquisito trabajo de fotografía de Jean-Claude Larrieu (habitual colaborador de Coixet en películas como Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras o Mapa de sonidos de Tokyo), que se recrea en los reflejos, los espejos y las dualidades, contribuyen a crear una atmósfera cargada e interesante, pero otras torpezas del desarrollo de la trama y las reiteraciones de ciertos pasajes, frenan el ritmo del thriller.

En el lado positivo de la balanza tenemos las interpretaciones en general, muy solventes (y con decisiones de casting muy acertadas) y la constante metáfora de la obra de teatro de Macbeth, una de las obras más famosas de Shakespeare, que abunda en las ideas de la ambición y la traición.

Bien mirada, esta referencia se podría haber explotado más y mejor, o al menos de una forma más evidente, aunque está bien introducida y viene a enlazar con el comienzo de la cinta, poniéndole una buena guinda al pastel.

Si nos atenemos a la sensación final que nos deja Mi otro yo, podría decirse que es una película un tanto fallida, un puzle con piezas que no terminan de encajar a la perfección y que se saca algún que otro conejo de la chistera, pero que, no obstante, cuenta con momentos y reflexiones interesantes.

El tirón comercial de la cinta se prevé discreto a pesar del protagonismo de Sophie Turner, tremendamente popular por la serie Juego de tronos o Jonathan Rhys Meyers, protagonista de la última adaptación televisiva de Drácula recientemente cancelada. Pero a pesar de todo, supone una verdadera curiosidad de la filmografía de Isabel Coixet, y, será debilidad por esta mujer tan peculiar de nuestro cine, pero creo que merece un visionado.

Valoración

Mi otro yo no consigue darnos el mal rollo que sería preciso para dejarnos clavados en la butaca, no obstante, se apoya en buenas interpretaciones y algunas ideas que, aunque podrían estar mejor desarrolladas, son interesantes.

Hobby

65

Aceptable

Lo mejor

El elenco principal y la atmósfera de la película, impecable la fotografía.

Lo peor

Algunos giros de guión muy forzados y los tiempos internos: la resolución se hace esperar.

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