Análisis

Crítica de la película de terror La cueva

Por Daniel Quesada
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CRÍTICA DE La Cueva (2014)- DIRIGIDA POR Alfredo Montero - PROTAGONIZADA POR Marta Castellote, Xoel Fernández, Eva García-Vacas, Marcos Ortiz y Jorge Páez. ARGUMEMENTO: Un grupo de 5 amigos viaja a Formentera para pasar las vacaciones aislados del mundo. La mañana después de una borrachera, uno de ellos descubre una cueva, en la que todos deciden internarse. Lo que parece una aventura más de las vacaciones acaba convirtiéndose en una lucha desesperada por encontrar la salida.

Ay, el cine español, tan grautitamente vilipendidado a veces y tan obcecado en hacer siempre lo mismo en otras. En nuestra industria hay mucha endogamia, pero también gente con enorme talento que solo necesita una oportunidad. Ese es el caso del personal de La cueva (no confundir con el juego de Ron Gilbert, auntue tiene alguna cosilla en común), la película que ahora nos ocupa.

Presentada en Sitges 2012 como una de las sorpresas del evento, comenzó como un proyecto de ínfimo presupuesto pero grandes ideas, que Morena Films decidió apadrinar y reformar. La película original duraba 80 minutos, de los que la mitad se rodaron de nuevo con más presupuesto y personal, para que el conjunto tuviera un aspecto más "pro". El resultado: una película aún de bajo presupuesto, pero tan sólida y contundente como una cueva milenaria.

Mochileros a la sombra

El principal punto a favor de La cueva es que se fundamenta por completo en los 5 protagonistas, unos chavales que podrían ser cualquiera de los miembros de nuestra pandilla: quieren hacer una excursión a la naturaleza, se hacen "putaditas" simpáticas entre sí, compiten de forma velada por la chica que les mola... Los primeros minutos del metraje se centran en lo emocionados que están en el viaje o en cómo hacen el ganso en el aeropuerto, para que empaticemos con ellos y realmente creamos ser nosotros en el viaje de fin de curso o el Erasmus que recordamos con cariño.

No podemos avanzar más sin destacar el estilo narrativo y visual por el que se ha optado: el found footage. ¿Os suena a chino? Sí, hombre, también se lo conoce como metraje encontrado y es la misma técnica que se usó en El proyecto de la bruja de Blair o en la también española REC. Es decir: todo está grabado con una cámara doméstica por uno de los protagonistas, de tal forma que parece que estamos viviéndolo todo en perspectiva subjetiva. Además, el montaje incluye a propósito cortes bruscos, o segundos en los que no pasa nada, como si se tratara de verdad de una grabación casera. Las imagenes muestran abundantes desenfoques, iluminación muy brusca... Lo que sería inaceptable en una película grabada de forma ortodoxa, aquí se usa a propósito para impregnar de realismo y contundencia a toda la experiencia.

El recurso del found footage suele llevar aparejado un problema. ¿Cómo justificas que "el cámara" siga grabando en todo momento lo que interesa al espectador, aun cuando el instinto de supervivencia o el sentido común parecería dictarle lo contrario? En ese sentido, el director Alfredo Montero y los guionistas hacen verdaderos malabarismos para lograr encajar las piezas. El resultado es realmente meritorio, aunque en ciertas ocasiones no podamos evitar pensar que se cede peso a lo cinematográfico en detrimento de lo realista.

En cualquier caso, la mayoría de las ocasiones pasamos por el aro sin complicaciones, al convertirse la propia cámara en el único asidero con la supervivencia que tienen los protagonistas, gracias a su antorcha, el hecho de que sea acuática o la visión nocturna (sí, al más puro estilo Outlast). Y es que la gestión de los recursos es crucial en el guión. Aquí no hay seres paranormales, ni asesinos en serie que los persigan. Sólo están ellos, perdidos en un laberinto de estalacticas en el que no hay agua potable, cobertura de móvil, comida o luz natural. El tiempo y la deshidratación juegan en su contra...

Así llegamos a ciertos puntos de no retorno, en los que los pequeños matices del carácter de cada personaje son llevados al extremo, porque la situación también es extrema. Si alguien es llorica no es más que una molestia en un camping, pero cuando luchas por sobrevivir... ¿Qué harás con las personas que se conviertan en un lastre? La película refleja a las mil maravillas (y, de hecho, te deja pensando al respecto) los límites de la humanidad que todos llevamos dentro. ¿Hasta cuándo aguantarán nuestros principios y nuestra ética si la razón más fría te dice que la única forma de sobrevivir consiste en traicionarlos? ¿Y si la desesperación está nublando nuestro juicio o el de los demás? En ese sentido, también nos ha recordado a la estupenda Cube de Vicenzo Natali.

No more heroes

Con todas esas premisas en el guión, se necesitaba a unos actores que dieran el tipo... Y no hay ninguna queja a ese respecto. Todos están perfectos en su papel, aunque tienen más margen para "lucirse" Eva García-Vacas (genial en su papel de niñata necesitada de atención constante) y Marcos Ortiz, el "fantasmilla" del grupo que poco a poco va demostrando su naturaleza.

 

En general, todos resultan creíbles en sus bromas primero y en sus gritos desesperados después, algo crucial en una película donde ellos y solo ellos llevan sobre sus hombros toda la progresión dramática. Percibimos de forma natural cómo se van encerrando en sí mismos y la forma en que van transformando su solidaridad en egoísmo.

 

Por supuesto, también hay algo de hueco para el humor (inolvidable y real como la vida misma, el "momento ojete") y hasta para la acidez del propio director (atentos a las llamadas de móvil que suenan en los primeros segundos de película, porque tienen más miga de lo que parece), pero de lo que se pretende que se hable de verdad es un par de momentos terroríficos y clave en la historia, de esos que te hacen apartar la mirada... Y que, por supuesto, no desvelaremos aquí.

 

 

A propósito de esos momentos de tensión, es verdad que esta cinta tiene en su contra el haber salido, quizá, demasiado tarde. Algunos de esos "hits" ya se han visto, de forma más o menos similar, en otros filmes, lo que puede robar un poco de factor sorpresa. Pero, en cualquier caso, son segundos duros, que dedican poca piedad al espectador y que, en definitiva, funcionan.

 

En ese sentido, también ayuda a apuntalar la atmósfera el hecho de que la película está grabada de verdad en una enorme y laberíntica cueva. No hay grabación en estudio ni efectos especiales increíbles. Aquí hay actores crubriéndose de barro y moratones de verdad.

 

La cueva es una película claustrofóbica, tensa e intensa. Una propuesta de terror sólida, que demuestra cómo a veces basta con una idea adecuada y buen hacer para convencerte en la sala de cine. Podría haber sido aún más redonda con alguna que otra vuelta de guión y con menos licencias dramáticas (¿de verdad la cámara en visión nocturna no proyecta nada de luz hacia el exterior, ni siquiera un pilotito de encendido?), pero nos sabe llevar de la mano con estupendo pulso hacia las profundidades de esta gruta balear... Y las de nuestra propia condición humana.

Valoración

Una de esas sorpresas del cine español reciente, una propuesta "pequeña" por fuera pero muy intensa por dentro. No nos extrañaría que el boca a boca hiciera de ella un éxito.

Hobby

84

Muy bueno

Lo mejor

Lo real y tangible que resulta. Transmite la angustia muy bien.

Lo peor

Faltan capas de profundidad a algunos personajes. Algunas licencias de guión.

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