Análisis

Crítica de Sex Tape. Algo pasa en la nube

Por Fátima Elidrissi
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CRÍTICA DE Sex Tape. Algo pasa en la nube (2014) - DIRIGIDA POR Jake Kasdan - PROTAGONIZADA POR Cameron Diaz, Jason Segel, Rob Lowe, Jack Black, Rob Corddry, Ellie Kemper, Jolene Blalock, Randall Park, Timothy Brennen, Giselle Eisenberg. Ya en cines.   ARGUMENTO: Cuando Jay (Jason Segel) y Annie (Cameron Diaz) eran jóvenes cualquier sitio era bueno para mantener relaciones sexuales. Literalmente. Ahora, diez años después y con dos hijos, les ocurre exactamente lo contrario. Con el objetivo de reavivar la pasión decidirán grabarse en vídeo mientras mantienen una maratoniana noche de sexo en la que harán de todo menos borrar el vídeo.

La comedia se parece mucho al sexo. Existen unos preliminares (en este caso, la presentación del gag) seguidos de un aumento de la excitación originado por una combinación de la repetición o la referencialidad y la sorpresa. El clímax llega, en el caso de la comedia, cuando la película consigue arrancar al espectador una carcajada pero, del mismo modo que en el sexo, puede que el orgasmo nunca llegue. Esa sensación de haberlo pasado bien pero no salir completamente satisfecho es la impresión que se lleva el espectador de Sex Tape. Algo pasa en la nube, una cinta que pasa de ofrecer una comedia sexual a un inesperado producto familiar. Expliquemos por qué.

En primer lugar se encuentran los protagonistas. Los baluartes de la comedia Cameron Diaz y Jason Segel encabezan el elenco de esta cinta de Jake Casdan, director con el que ambos trabajaron en la película de 2011 Bad Teacher. Pensando en la mitad femenina de Sex Tape, uno recuerda títulos como Algo pasa con Mary, La cosa más dulce, Los ángeles de Charlie..., y la expectación aumenta. En el caso de Segel sus irregulares intentos por triunfar en Hollywood vienen seguidos de su papel en la comedia televisiva de la década: Cómo conocí a vuestra madre. Y el fanático del género no puede más que regodearse en su suerte ante tal pareja.

A continuación, el argumento. Diaz y Segel interpretan a Annie y Jay, un matrimonio en horas bajas, al menos sexualmente hablando. Porque, como la película recalca en repetidas ocasiones, cuando eran jóvenes los protagonsitas no podían dejar de f****r. Literalmente. En el coche, en la biblioteca, del derecho, del revés, cualquier sitio y forma era bueno. Pero la llegada del matrimonio, los niños y el trabajo hace que los jóvenes amantes se descubran buscando fecha en el calendario para ver cuándo pueden acostarse juntos.

Con el fin de superar esta sequía sexual (y de paso celebrar el próximo contrato de Annie) la pareja decide vivir una noche loca grabando un vídeo de porno casero de tres horas de duración con todas las posturas del libro de Alex Comfort La alegría del sexo. La cuestión es que finalizada la maratón Jay olvida borrarlo. Y lo sincroniza accidentalmente con todos los dispositivos conectados a su iPad, que incluyen una serie de tabletas que el padre regaló a familia, amigos y hasta al cartero. Sí, para que la premisa de la película funcione, Jason Segel va ofreciendo iPads como si fueran chucherías.

Tras esta larga introducción donde apenas hemos soltado una sonrisa viendo a los protagonistas fornicar como bonobos, la película se convierte en una carrera por recuperar los iPads, borrar el vídeo y salvaguardar su intimidad. Es decir, la que prometía ser una comedia sexual se convierte en una especie de road movie familiar gracias a la inestimable ayuda de los mojigatos vecinos y amigos de la pareja, Robbie (Rob Corddry) y Tess (Ellie Kemper).

Gatillazo narrativo

Antes de seguir, un apunte. Para funcionar la comedia, y más la comedia sexual, necesita ser extrema. Y ésta no lo es. En lo que respecta al sexo desenfrenado, lo mejor de la película ya ha ocurrido y estos son todos los culos y algún atisbo de tetas que podréis encontrar. El potencial cómico del vídeo porno desaparece en el momento en que Sex tape se convierte en una carrera por hacerlo desaparecer. Porque, ¿cómo va a sentirse identificado el espectador con el matrimonio cuando lo que le ha llevado al cine es precisamente esa cinta? No obstante, sigamos.

Annie y Jay salvan los primeros obstáculos con facilidad, pero el verdadero reto llega cuando tengan que entrar en casa del futuro jefe de Annie (¿recordáis ese nuevo trabajo?) para impedir que vea el picantón vídeo en el iPad que la protagonista le regaló para enseñarle una presentación.

Rob Lowe interpreta a Hank Rosenbaum, de cara a la galería el tradicional director de la megacompañía familiar que quiere contratar a Annie y un cocainómano tatuado cuando su mujer y sus hijos están fuera de casa. Tanto la interpretación del actor de El ala oeste de la Casa Blanca o Parks and Recreation como la histérica mansión que habita aportan cierta frescura al conjunto, aunque los espectadores más exigentes puedan encontrar ciertos momentos excesivamente absurdos. Como el hecho de que la casa esté guardada por un pastor alemán con instintos homicidas o los cuadros Disney que decoran sus paredes, como si de un "Flanders" se tratara.

A partir de este momento el ritmo y los gags de la película caen de forma estrepitosa. Tanto que salvo un cameo final, que no desvelaremos para no estropearlo, uno acaba cansado de que Cameron Diaz le reproche a Jason Segel no haber borrado el vídeo (¡haberlo borrado tú!) y espera que el muy patán se arme de valor y pida el divorcio.

Ni qué decir tiene que esta comedia no llega con intención inventar nada. Más allá de la defensa del sexo en matrimonios con hijos por encima de la cuarentena, la película no podía ser más convencional tanto en las herramientas que utiliza como en la moralina que deja caer.

Entre los trucos del libro de cómo hacer una comedia encontramos: el jefe estirado que al final no sólo es muy enrollado sino más bien un demente. El niño brillante y maléfico con alma de chantajista. El perro asesino y las convenientes caídas y persecuciones al estilo slapstick. El marido simpático y bonachón que no es demasiado listo y que no comprende las nuevas tecnologías (“Nadie entiende la nube. Es un puto misterio”, se oye decir a Segel por ahí) y la mujer cañón. La rutina acaba con la pasión, pero el remedio acaba siendo casi peor.

En lo que respecta al mensaje, la película recomienda encarecidamente practicar sexo. Pero con tu esposo/a, sin que nadie lo sepa y, sobre todo, sin que nadie lo vea. De acuerdo que nadie quiere que un vídeo personal de contenido sexual esté rondando por ahí sin permiso, pero los esperpénticos esfuerzos de la pareja llegan al extremo de arriesgar la vida por impedirlo. Y, si bien al principio se plantea la interesante idea de que la falta de relaciones sexuales entre los protagonistas puede ser el síntoma de un problema mayor, cualquier alusión posterior a este hecho termina por desaparecer de un plumazo.

En resumen, quien busque pasar un rato entretenido y vaya al cine con unas expectativas bajas disfrutará de Sex Tape, una sucesión de gags más o menos potentes sustentados en una precaria trama cuyos giros argumentales parecen sacados de un manual de cómo hacer comedia. La película tiene sus momentos, pero no es la comedia hilarante que con esta materia prima pudo haber sido y no fue. 

Valoración

Resulta difícil creer que una película que comienza con Jason Segel y Cameron Diaz despelotándose y protagonizando todo tipo de posturas sexuales puede llegar a resultar tan monótona.

Hobby

56

Regular

Lo mejor

Rob Lowe y las revisiones de momentos míticos de Disney que adornan su casa.

Lo peor

El malvado y brillante niño chantajista. ¿Hay un recurso menos tópico por ahí?

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