Análisis

Crítica de Snowpiercer (Rompenieves)

Por Raquel Hernández Luján
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ARGUMENTO: En Snowpiercer, un fallido experimento para solucionar el problema del calentamiento global acaba helando la Tierra. Los únicos supervivientes viven en un tren que recorre el mundo impulsado por un motor de movimiento eterno. Se trata de la adaptación de la novela gráfica "Le Trasperceneige", escrita por Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb.2013 - DIRIGIDA POR: Bong Joon-ho - PROTAGONIZADA POR: Chris Evans, Song Kang-ho, Tilda Swinton, Jamie Bell, Octavia Spencer, Ewen Bremmer, Ah-sung Ko, John Hurt y Ed Harris. Ya en cines.

Snowpiercer (Rompenieves) es un mazazo de realidad contenido en un tren de movimiento perpetuo que recorre el orbe a toda velocidad. Con titulazos a su espalda como Memories of Murder, The Host o Tokyo! en la que compartía el trabajo de dirección con otros dos grandes como Leos Carax (Holy Motors) y Michael Gondry (La espuma de los días), Joon-ho Bong

compone en esta película de reparto internacional una alegoría de cómo funciona la Humanidad y hacia donde nos lleva nuestra propia concepción viciada de la sociedad.

Arrolladoramente incómoda en todo (puesta en escena, premisa principal, desarrollo de los personajes, uso de la violencia, etc.), cuenta con el acidísimo sentido del humor de un cineasta que no tiene ningún pudor en señalar con el dedo la propaganda que incide en la secesión de la sociedad, en un injusto reparto de poder, en el miedo al otro sobre todo si es aspirante a escalar en la pirámide social y en el poderoso que pisotea a la masa en favor de unos cuantos privilegiados que, ojo, se creen su propio cuento de hadas y viven de espaldas al sufrimiento de la mayoría. Ahí es nada.

El sombrero y el zapato

Qué gráfica es Tilda Swinton desde su desagradabilísimo papel cuando describe el orden social del tren... Vayamos por partes: ante el calentamiento global del planeta se opta por la difusión de una sustancia en la atmósfera que genera una glaciación. La vida perece ante el frío y solo unos cuantos afortunados consiguen sobrevivir en el interior de un máquina ideada por un visionario: Wilford. Se trata de un microcosmos que reproduce el modo productivo de una sociedad piramidal, con él en la cúspide, por supuesto, ocupando la cabecera del tren en la que se encuentra el motor.

Pero en la selección realizada para entrar en dicho salvoconducto a la vida no todo el mundo corre la misma suerte. Al final del tren se encuentran las clases más pobres y desfavorecidas, condenadas a una vida miserable, una comida infecta, la suciedad, las drogas y la podredumbre.

Algunos son "niños nacidos en el tren" que no conocen siquiera el exterior y otros han vivido durante años y apenas tienen recuerdos del ayer. Sin embargo, se gesta una revolución, una lucha de clases (riéte tú de Marx) por atravesar todos los vagones, o lo que es lo mismo, ir accediendo al poder de forma paulatina. La masa quiere alcanzar a la élite acomodada y derrocarla.

Tilda Swinton, la clásica ayudante que lidia "sin mancharse las manos" con la "chusma", como decíamos, se vale de una terrorífica alegoría para esbozar su instrumentación del ser humano: o eres un zapato o eres un sombrero. Nadie se pone un sombrero en los pies ni un zapato en la cabeza, pero ¿quién decide cosificarte? ¿Por qué tienes que renunciar a tu libertad individual para ser degradado de semejante manera? La peli tiene muchísima miga y no es en absoluto elegante a la hora de mostrar las atrocidades, ni tiene por qué serlo, a mi juicio.

Violencia al modo coreano

La revolución parece ir íntimamente ligada a lucha y no se escatima en mostrar la violencia de forma descarnada. No hay posibilidad de zafarse de la sangre, del enfrentamiento y la muerte. Muchos tienen que dejarse la vida para que solo unos cuantos consigan, con suerte, alcanzar la meta. Lo mejor del cine coreano que nos llega es que es violento, sí, pero siempre está justificada cada burrada que vemos en pantalla. Hay una parte estética en cómo se retrata, pero también un fuerte componente narrativo: nada es baladí.

La concepción del espacio y la fotografía (ya flipamos con los bocetos artísticos), como imaginaréis, son fundamentales en la película: en primer lugar porque se desarrolla prácticamente en su totalidad en ambientes cerrados, en algunos de los cuales no penetra nunca la luz natural y en segundo lugar porque la metáfora alcanza también a la forma en la que se narra la acción. Abrirse camino conlleva pasar penalidades y apreturas, incluso pasar por tramos a oscuras, descubrir estancias con personas que parecen sacadas de otra dimensión a las que ni entendemos, etc.

Memorable la secuencia de las hachas y la de la escuela, una clara alusión a las dictaduras personalistas en las que se adora a un líder y se les lava el cerebro a los niños desde que son bien pequeños. Seguro que os viene a la mente el régimen nazi, pero echad un ojo a las dictaduras actuales y lo mismo os da un jamacuco...

Un reparto para quitar el hipo

Como bien ha señalado Joon-ho Bong, su película es coreana por más que parte de sus actores sean angloparlantes: su producción, refrendada por Park Chan-wook; su financiación y su punto de vista (dirección y guión) es coreano al 100% por tanto no es una película de espíritu hollywoodiense ni mucho menos. Es decir, que no es fácil de interpretar ni sigue las convenciones de ningún género en concreto, sino que se rige por sus propias reglas. 

Chris Evans ha encontrado la ocasión ideal para demostrar que tiene un registro mucho mayor del que le ofrece el cine comercial y realiza una magnífica interpretación de principio a fin, pero es que tela con el elenco que tiene alrededor: a la camaleónica y siempre compleja Tilda Swinton, a John Hurt, Octavia Spencer, Jaime Bell, Ed Harris, Tómas Lemarquis y, sobre todo, al magnífico Kang-ho Song. Canela fina, señores. Hasta Alison Pill (The Newsroom) encandila. Nada que tener algo que contar para extraer lo mejor de los intérpretes.


Quienes se queden en una primera lectura o no estén acostumbrados a ver cine oriental, encontrarán Snowpiercer (Rompenieves) abiertamente absurda en algunos momentos porque no es una película para ser comprendida de forma literal sino metafórica, quizás les resulte histriónica e incluso maquinea a veces, pero es desde luego un grito, una válvula de escape por la que el director y guionista ha dejado escapar una última llamada de atención al poder. Cuidado, podemos llegar a la cima y a lo mejor no nos acomodamos en ella y luchamos para detener la barbarie. Solo por este mensaje ya se merece cada céntimo de la entrada, aunque nos descoloque, no nos satisfaga del todo o, mucho peor, nos parezca un reflejo certero y angustiante de la situación mundial. Miedo, mucho miedo.

Valoración

Bong Joon-ho realiza una película visualmente despampanante, consiguiendo brillantes interpretaciones, pero de conclusiones demoledoras. Golpea al espectador sin piedad.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

Las lecturas que pueden hacerse de la película: cuanto más la piensas, más enjundia le sacas.

Lo peor

El final parece muy precipitado y poco creíble, aunque no deja de ser metafórico.

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