Análisis

Crítica de Spider-Man El Hombre Araña (1977)

Por Rubén Guzmán
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ARGUMENTO: Al ser picado por una araña radiactiva, la vida del joven estudiante Peter Parker sufre un terrible cambio. Peter tiene ahora los poderes proporcionales de una araña, y su sentido de la responsabilidad le lleva a combatir el crimen convertido en... ¡el asombroso Hombre Araña! 1977 - DIRIGIDA POR: E. W. Swackhamer - PROTAGONIZADA POR: Nicholas Hammond, David White, Michael Pataki.

Había comenzado a escribir esta crítica con un par de aburridos párrafos de contextualización, pero lo que mola es contar directamente lo cutre que es Spider-Man, el Hombre Araña (1977), el episodio piloto de la serie de imagen real del personaje que, en España, se estrenó en cines. En más o menos una hora y media, se nos narra como el joven Peter Parker consigue sus poderes y se enfrenta a su primer enemigo, todo ello con un presupuesto de saldo y en una época en la que los efectos visuales por ordenador no es que fueran ciencia-ficción, es que no pasaban por la cabeza de nadie. 

El origen del superhéroe

  

Curiosamente, la cosa no empieza con Peter Parker, sino con la presentación de la amenaza: un misterioso criminal capaz de controlar las mentes de los ciudadanos neoyorkinos, que amenaza con obligar a 10 ciudadanos anónimos de Nueva York a suicidarse si el ayuntamiento no le entrega 50 millones de dólares. Eh, no está mal, es un plan muy “pulp” que bien podría firma un supervillano sesentero de Marvel.

Luego pasamos a Peter, interpretado por Nicholas Hammond, que no me preguntéis por qué pero me cae bien, parece majete el hombre (el otro gran papel de su vida había sido el de uno de los niños de Sonrisas y Lágrimas). Peter no tiene un duro, quiere venderle fotos al Daily Bugle y además trabaja en el laboratorio de la Universidad, donde estudia la radioactividad con unas medidas de seguridad tan lamentables que en varias ocasiones su compañero de laboratorio señala que se están jugando la vida. Todo en un mundo de decorados cutres e interpretaciones escalofriantes, que me han recordado a las de las obras de teatro del cole.

A Peter le pica la araña y consigue sus poderes. Y lo de este Spider-Man tiene mucho mérito: el Spidey de los cómics combina superfuerza, superagilidad, sentido arácnido y su versátil telaraña para convertirse en un combatiente formidable. Vale, no entra en las ligas de Hulk o Thor pero, si nos ponemos puristas, debería ser capaz de sacudir sin problemas al Capitán América o Lobezno y disputar un reñido combate con Iron Man. Lo de “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” en los tebeos tiene sentido, pero es que aquí Peter tiene unos superpoderes de mierda, básicamente trepar por las paredes y no con mucha agilidad precisamente, así que lanzarse de esta guisa a combatir el crimen es de tenerlos bien puestos. En honor a la verdad también tiene sentido arácnido, que le sirve para advertir que alguien está haciendo algo malo, lo cual ya es más que en las películas modernas DONDE PASAN COMPLETAMENTE DE UNO DE LOS PODERES MÁS CHULOS DE SPIDER-MAN. 

El “rico” universo de Spider-Man

Ya tenemos a Peter con poderes. ¿Qué es lo siguiente? Los perpetradores del telefilme iban tan sobrados que se permitieron el lujo de pasar del tío Ben. Como suena: el origen de Spider-Man es el mejor de la historia de los superhéroes, una lección moral perfecta que Stan Lee y Steve Ditko narraron con precisión de cirujano en las 11 páginas que conformaban el primer cómic del personaje. Más allá de los poderes, están la responsabilidad y el compromiso por ayudar a los demás, el altruismo y todas esas cosas que Peter aprende de la manera más dura posible. Pues aquí no hay Tío Ben ni na, está Tía May que es un poco pesada y pasa por allí. Y Peter se convierte en Spider-Man para venderle fotos al Bugle porque necesita pasta.

Hablando del Bugle, hay que reconocer que el elenco de secundarios nos deja algún momento medio decente. Está Jameson, que es un tipo desagradable pero mucho mejor periodista que su ayudante Robbie Robertson y que el propio Peter, empeñados todo el rato en publicar cosas sensacionalistas. Y un inspector de policía sarcástico e ineficiente, que no está mal. En las conversaciones de J.J. y el policía mantienen con Peter es donde más se nota que los propios creadores del telefilme son conscientes de que lo que están contando es completamente inverosímil, como demuestran algunos irónicos diálogos. 

Defectos especiales

Ya entramos en la parte buena de la peli, con Spidey vestido de superhéroe y dispuesto a enfrentarse al malo porque, qué diablos, Peter Parker es un buen chico. Incluso ya ha inventado la telaraña. El traje es cutre de narices, claro (aunque fiel al diseño del cómic), y todavía lo es más Spidey andando por las paredes, efecto que se consigue de tres formas: con transparencias, colgando de cables a un doble o haciendo al actor andar a cuatro patas por un decorado que simula ser una pared y girando la imagen 90º grados. El resultado siempre es brutal, si bien quizá lo mejor son las transparencias, en las cuales Spider-Man pasa sobre las irregularidades de los edificios como si no existieran.

Al director E. W. Swackhammer debieron molarle, porque se recrea en ellas en un par de escenas: la primera con Peter aún de civil descubriendo sus poderes (y aquí no habría desentonado para nada que se hubiese visto a Nicholas Hammond trepando por la Torre Eiffel o la Esfinge de Gizeh, por poner unos ejemplos); y la segunda, con Spidey ya con el traje rastreando a los malos en una fachada, suponemos que usando su sentido arácnido, aunque al verle ir pa’rriba y pa’bajo da más la impresión de que se la caído una Spider-lentilla y la está buscando.

Tras descubrir que el villano es un gurú de la autoayuda (lo cual mola, porque anda que no proliferan actualmente timadores de este tipo), Spidey va a por él. ¡Empieza la acción! Sin justificación aparente, los guardaespaldas del malo son tres kendokas que resultan un hueso demasiado duro de roer para el trepamuros. Spidey corre y los sacude un poco, en una ocasión desde la pared para que veamos que tiene superpoderes (suponemos que desde esa posición tiene “la ventaja de la altura”, que diría Obi Wan Kenobi). Aunque los malos reciben, siempre se levantan como si nada, y Spidey juega al despiste corriendo semiagachado (debe ser otro poder arácnido) hasta que huye por telarañas.

Como te puedes imaginar, el uso de la red también es un espectáculo, quedando los míticos balanceos del personaje en un par de escenas en las que se desplaza de una cornisa a otra para fastidio de sus perseguidores. Una vez hemos asistido ojipláticos al despliegue de poderes arácnidos, la verdad es que poco queda ya de interés aquí, y podemos dormirnos media horita hasta que llegue los títulos de crédito. 

Pero, ¿esto es Spider-Man?

El vídeo de arriba es el opening de la serie que llegó después, para que te hagas una idea de como era la cosa en movimiento. Pero volviendo al piloto, con tanta cutrez y "licencias artísticas", podríamos preguntarnos si esto de verdad es una adaptación de Spider-Man. Pues mira, como gran fan que soy de personaje, yo te diría que… sí. No sabría muy bien por qué, quizá por el traje, o por los intentos burdos de traer a la pantalla la visión más humana del superhéroe que Stan Lee había popularizado en los tebeos. Vemos que Peter tiene alergia, que le salen las cosas mal en los encargos del Bugle, que J. J. Jameson es un tipo desagradable y que las autoridades no confían en el trepamuros. Así que este es un Spider-Man cutre, quizá el más cutre que ha habido jamás, pero Spidey al fin y al cabo. 

Por ello, y aunque objetivamente The Amazing Spider-Man es terrible, la nota la decides tú. Yo le pongo un 10, pero tú sabrás si prefieres creer que es un 10 sobre 100 porque es una auténtica porquería, o un 10 sobre 10 porque parece un milagro que alguien fuera capaz de hacer y emitir algo tan absolutamente surrealista. Y si queréis leer las críticas de todas las películas de Spider-Man, no os perdais nuestro especial.

Valoración

Si la juzgas como testimonio de una época en la que ser "friki" era algo muy duro y las adaptaciones de cómic, salvo honrosas excepciones como Superman, eran lamentables, puede tener su interés histórico. Si no, la dormirás bien a gusto.

Hobby

10

Malo

Lo mejor

Sale Spider-Man. Solo por eso es una de las mejores pelis de la historia. Algún retazo autoparódico.

Lo peor

Vivir después de haberla visto.

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