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Análisis

Crítica de Sueño Lúcido - Lo último del cine coreano en Netflix

Por Rafa Dominguez
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Crítica de Sueño Lúcido (Loosideu Deurim), la última producción coreana distribuida por Netflix, dirigida por Kim Joon-Sung y protagonizada por Go Soo, Sul Kyung-Gu y Jun Suk-ho, entre otros.

Soy de esos cinéfilos a los que una buena ración de cine coreano le sienta tan bien como un gazpacho fresquito en verano. Las apuestas del Lejano Oriente suelen ofrecer una versión alternativa del cine de Hollywood, adulterada con su cultura, pero en una mezcla que siempre suele ser llamativa. En Netflix tenemos un buen menú de películas de origen asiático, como es el caso de Pandora y del que hoy nos ocupa: Sueño Lúcido, la última producción de Rod Pictures en colaboración con Netflix en tierras coreanas, dirigida por Kim Joon-Sung.

Sueño Lúcido (Loosideu Deurim) narra la historia de Dae Ho (Go Soo), un periodista coreano que busca desesperadamente a su hijo, secuestrado cuando disfrutaban de un parque de atracciones. El detective Bang Sub (Sul Kyung-Gu) y una amiga psiquiatra de renombre, So Hyun (Kang Hye-Jung), le prestarán su ayuda para rastrear las pistas que han quedado mediante un novedoso sistema: adentrarse en los sueños lúcidos, propios y ajenos. Como sé de primera mano que a más de uno ya se le habrá encendido la bombilla con la sinopsis, vamos a entrar en materia dejando suspendida, momentáneamente, la lógica física en la que se asienta.

Sueños, secuestros y clichés

Cualquier usuario medio de las salas de cine se habrá agarrado el bombín cuando estaba leyendo la sinopsis del párrafo anterior dada la premisa que popularizó el género en Hollywood: Origen (Inception), la experta en manipular sueños y mentes que con tanto acierto dirigió Christopher Nolan en 2010. Sea como fuere, un servidor se prestó de buena gana a disfrutar de una película que, si bien de primeras podría resultarme familiar, tenía opciones para jugar con los nuevos conceptos que plantea su trama. Eso sí, la comparación ya genera un fuego que será complicado de apagar.

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Arrancamos la cinta con uno de esos rasgos que nos sitúan en el origen de su producción: contrastes fuertes y un estilo visual realmente llamativo. Dae Ho es un periodista que ha metido en la cárcel a más de un político y empresario corrupto, lo que le ha hecho ganarse unos cuantos enemigos. Curiosamente, esta premisa es una parte fundamental sobre la que se asienta la trama y el posterior impacto de uno de sus puntos de giro, pero se la ventilan en apenas 30 segundos de apertura sin más pena ni gloria. Y claro, toda decisión conlleva una consecuencia que, en este caso, marca la base que se repetirá a lo largo de todo su metraje: una falta total y absoluta de empatía, un gancho que nos una a su protagonista y que nos transmita el infierno que está viviendo un padre que lleva tres años buscando a su hijo secuestrado. El rostro angelical de Kim Kang-Hoon y su enternecedora sonrisa no serán instrumentos suficientemente poderosos como para ello, por desgracia.

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El concepto de la película no es difícil de seguir: Dae Ho se adentrará en sus propios recuerdos mediante un sistema de escaneo de las ondas cerebrales que sólo una psiquiatra en toda Corea del Sur y, posiblemente, del mundo; pone en práctica. Sí, y además es su amiga. Sea como fuere, el desesperado padre comienza la búsqueda de pistas que puedan llevarlo al paradero de su hijo y, de paso, comenzar con un baile de clichés dramáticos que es difícil pasar por alto: el niño secuestrado que se aleja felizmente de la mano con el primer desconocido que encuentra, el tatuaje como único rasgo visible con el que capturar al secuestrador, el cerebrito que puede resolver el caso y que se dedica a perseguir al protagonista con ninguna lógica más que ser capturado, el jefe de policía parco y taciturno, las persecuciones producidas por una mirada en mal momento, y mi favorito en este corte: el anciano experto en artes marciales, capaz de luchar desangrándose contra un asesino preparado. ¡Ah! No guardéis el contador antes del clímax de la película, que tendréis para rato.

La originalidad de Sueño Lúcido, como es comprensible, no es su principal fuerte. El tema de los sueños, ya tratado en anteriores líneas, y los secuestros son temas harto repetidos en la historia del cine. Si partimos de la base en el que el contador se encuentra en desventaja, la renovación de los conceptos a través de la trama tendría que convertirse en el principal foco de atención para su director y guionista. En la cinta se aprecian ideas que, más que reforzar el eje central, lo emborronan, y todo se debe a la escasa atención que han recibido, como es el caso de los peligros físicos de someterse en demasía a los sueños lúcidos.

El reparto

El apartado interpretativo es otro punto negativo para Sueño Lúcido. Después del visionado y realizando un verdadero esfuerzo, no consigo encontrar un solo protagonista que merezca la pena destacar en su trabajo actoral. Y ojo, digo protagonista, porque el papel secundario de Kim Kang-Hoon y sus muecas me robaron el corazón desde su primera aparición; amén del divertido detective interpretado por Park In-hwan.

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Go Soo, sobre el que recae gran parte del peso de esta película coreana de Netflix, no termina de cumplir en su tarea. Como mencionaba líneas atrás, no he podido evitar una falta absoluta de empatía para con su personaje y el dramatismo de su situación, y en gran parte es debido a sus sobre-actuaciones que me sacaban completamente de la pantalla. Hollywood ha marcado irremediablemente la producción cinematográfica de cualquier rincón del planeta, y esa es la sensación que me transmite Soo: una personalidad surcoreana que lucha por transmitir emociones por la vía americana, en detrimento de sus raíces. Todos sabemos de la intensidad dialéctica que nos trasladan en las cintas de origen asiático, pero en este caso es un rasgo interior que trata de romper el disfraz exterior, convirtiéndose en una suerte de híbrido que no convence.

Luego tenemos el caso de Park Yoo Chun, encargado interpretar al personaje de Kwon Yong-hyun, el misterioso hombre que se cuela en los sueños de los demás y que mencionaba anteriormente en este análisis como el cerebrito. Partimos de una caracterización que roza el límite de lo absurdo, a pesar de su justificación dramática. El personaje es minusvalido, obligado a moverse en silla de ruedas en su vida diaria, por lo que decidió vivir en sus propios sueños y en los del resto lo que le era imposible en la realidad. Hasta ahí bien, pero la introducción en su base de operaciones a ritmo de altavoces a todo trapo con una marcha imperial logra convertirlo prácticamente en una caricatura.

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Por último, me gustaría analizar la figura de un último personaje, pero antes de comenzar, insto a todos aquellos interesados en evitar un spoiler del tamaño de Godzilla a que huyan al siguiente apartado. ¿Listos?

*Spoilers ON*

Allá vamos: Sol Kyung-Gu, que interpreta al jefe de policía Song, es una de las grandes losas a las que nos enfrentamos para levantar la película. Su personaje, invadido por todos los clichés imaginables, se convierte en el principal sospechoso a los pocos minutos de comenzar la investigación y según entiendo por la escena mega-dramática-lloviendo-a-mares en la que confiesa que su hija está enferma del corazón, esa era la intención. No sé qué es más preocupante, si la intencionada previsibilidad o la intención de hacernos empatizar con su situación con más ímpetu que con el propio protagonista mediante una escena con su hija en el hospital, que se me antoja completamente evitable. ¿Por qué? Porque uno no puede cerrar el clímax pensando que la pobre niña enferma no sólo va a morir, sino que lo va a hacer en absoluta soledad. En Sueño Lúcido nadie gana. Ni el espectador ni los protagonistas de su historia, por mucho que así intenten hacerlo creer en su epílogo.

*Spoilers OFF*

Conclusiones

Sueño Lúcido es una película que merece la pena... en una de esas tardes en las que no tengamos muchas más opciones donde elegir. Un thriller que entretiene de forma raspada sin buscar un ápice de riesgo e innovación y que podríamos incluir en ese cajón de películas que no da pie a recomendaciones al amigo de turno. A pesar de lo trillado de los temas, su trama nos podría haber ofrecido alternativas más interesantes con la base ya construida y la mitología conocida detrás de los sueños lúcidos, en lugar de escoger lo manido y enlazarlo con unas grapas que afean el resultado. Ni siquiera destaca en sus efectos especiales que, pese a ser correctos en una producción de bajo coste, necesitan un par de vueltas para estar a la altura de las exigencias técnicas actuales. Y dicho sea de paso, no deberían ser necesarios como para buscar una razón con la que levantar la película.

A pesar de las sensaciones que me ha transmitido la cinta, me gustaría terminar rompiendo una pequeña (e insisto en lo de pequeña) lanza a favor de ella: es un gusto que Netflix decida apostar por producciones surcoreanas para su catálogo, y esperemos que la tónica los lleve a publicar contenidos que eleven algo más la cuota de riesgo.

Valoración

Sueño Lúcido es un thriller de ciencia ficción que sufre de la sobre-actuación de sus protagonistas, una falta de empatía absoluta para con su trama principal y un baile de clichés que emborrona el resultado.

Hobby

55

Regular

Lo mejor

El pequeño Kim Kang-Hoon y las escasas dosis de mitología detrás de los sueños lúcidos.

Lo peor

Las interpretaciones protagonistas y el abuso de clichés del género.

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