Crítica de Una verdad muy incómoda: ahora o nunca con Al Gore

Al Gore lanza un mensaje muy claro: “las multinacionales están hackeando nuestra democracia”. No exenta de mensaje político, la continuación lógica de Una verdad incómoda titulada Una verdad muy incómoda: ahora o nunca es tan poderosa a nivel inspiracional como contundente en su oposición a la idiosincrasia republicana que ha encontrado alas en la figura de Donald Trump.

Sin darle a su contendiente ideológico más protagonismo que el imprescindible, quedan en entredicho con suma facilidad los “negacionistas del cambio climático" sobre todo teniendo en cuenta de que el primer documental fue tachado de exagerado y ahora hay ocasión de percibir que se quedó corto...

La película no se cansa de exponer datos, estadísticas, relaciones causa-efecto, y de repetir un leit-motiv: lo importante es la verdad. La cuestión es que la verdad depende de la óptica con la cual se contemple... (y pongo un ejemplo: el término de "energía limpia" es de por sí falaz, no hay ninguna que lo sea. Renovable sí, limpia no; todas generan un impacto medioambiental considerable).

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¿Es Una verdad muy incómoda: ahora o nunca manipuladora? Pues sí, por supuesto. El exvicepresidente Gore no tiene reparos en demostrar lo poderoso que es como comunicador y su sagacidad a la hora de vincular el desastre medioambiental que se supone que estamos aún llamados a evitar (yo juraría que es una batalla perdida) a la consecución de los derechos civiles o el sufragio universal. El ecologismo como deber y derecho.

Al Gore "nos vende la moto", pero es que estamos deseando comprársela y lo sabe: como bien expone el ser humano necesita ser tocado en sus sentimientos para ser conmovido, es decir, movido a la acción, que es la exortación final de la película. Esa canica azul es nuestro hogar y tenemos que tenerla siempre presente.

Del metraje hay varios momentos que son magistrales pero me quedo con el gol por la escuadra que le mete a los republicanos cuando visita al alcalde de Georgetown, bastión trumpista por excelencia, en el que se han marcado el objetivo de ser una ciudad limpia en 2018. “No me lo tienen que decir los científicos, me lo dice el sentido común” dice Dale Ross cuando Gore le pregunta de dónde nace su empeño ecologista. “Necesitamos dejarles a nuestros hijos un planeta mejor que el que encontramos. Y es barato”. Esto sí que debe haber sido un puñetazo en el estómago... 

El eje central del relato no obstante es la Cumbre del Clima de París, de la que era necesario salir con acuerdos firmes para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera y asegurar que la temperatura global no ascienda 2 fatídicos grados. Entre bastidores asistimos a los terribles atentados de la sala Bataclan que interrumpieron a agenda del evento y a las tensas negociaciones con India una vez reanudada la relativa normalidad tras los atentados, cuyo crecimiento económico parece en gran parte supeditado al consumo masivo de combustibles fósiles.

El papel de la vieja Europa y de Estados Unidos era muy complicado: hacerles entender que su modelo no podía ser el mismo pasando al uso extendido de renovables sin pasar por la construcción y explotación de cientos de centrales térmicas. Evitar, en suma, repetir un error que estamos pagando muy caro los países desarrollados ahora que se dispone de la tecnología adecuada. El de los responsables de India y otros países en vías de desarrollo proteger sus intereses: conseguir acceso a esas tecnologías para que su superpoblada nación consiga el menos tener red eléctrica.

La película es muy efectista en determinados momentos para apuntar al corazón de sus audiencias: muestra cómo la devastación causada por el cambio climático se ceba con la gente más pobre y para ello muestra incendios, inundaciones, el aumento del nivel del mar en determinadas zonas y otras que están anegándose paulatinamente, el derretimiento de los polos, la incidencia del zika, os problemas respiratorios de comunidades enteras ahogadas por los humos y hasta a las personas que literalmente se quedan pegadas al asfalto al quedar derretido por las altísimas temperauras que no hacen sino aumentar.

Pero no hablamos de una película catastrofista o que pretenda quedarse con esos escabrosos datos sino de un discurso que pretende convertir esta lucha ideológica en cierto resarcimiento personal para el propio Gore (que llega a admitir que en algunos momentos se ha sentido fracasado personalmente o que la victoria de Trump en las urnas fue como un puñetazo en la cara) y en esperanza para el resto de los mortales.

¿Qué propone entonces Una verdad muy incómoda: ahora o nunca? Cambia lo que puedas desde donde puedas: en tu escuela, en tu casa, en tu comunidad. Porque al final, los cambios los logramos las personas, los logra la educación, el empeño personal y la propagación de un mensaje claro. Y sí, la película es muy clara, aunque también da la sensación de llegar bastante tarde. Si ésta era la hoja de ruta hace dos años, ¿en qué punto nos encontramos ahora? ¿Qué impacto ha tenido la presidencia de Trump en estos tres trimestres teniendo en cuenta su programa político en lo que a materia medioambiental se refería? ¿Estamos avanzando para que las cosas mejoren realmente? Superpoblación, deforestación, sobreexplotación de recursos, desigualdades sociales cada vez más pronunciadas, ganadería extensiva, programas de reciclaje anticuados o inexistentes... Hay tanto por explorar que es inevitable pensar que el documental es a la postre anecdótico a la hora de hablar de algo tan complejo como el cambio climático a día de hoy. Claro que había que superar el batacazo de los acuerdos de Kioto, pero queda taaaanto por hacer... Por si os pica el gusanillo aquí tenéis las conclusiones de la Cumbre del Clima de 2015.