Análisis

Crítica de Zipi y Zape y el Club de la canica

Por Raquel Hernández Luján
-

ARGUMENTO: En Zipi y Zape y el Club de la canica, los dos traviesos mellizos son internados en el Centro Reeducacional Esperanza, un colegio donde los juegos están prohibidos. Allí fundarán el Club de la canica, la resistencia infantil que desafiará la autoridad de los adultos y que les llevará a descubrir el secreto del fundador del internado.2013 - DIRIGIDA POR: Óskar Santos - PROTAGONIZADA POR: Raúl Rivas, Daniel Cerezo, Javier Gutiérrez, Álex Angulo, Claudia Vega, Marcos Ruiz, Fran García, Javier Cifrián, Christian Mulas, Joseba Apaolaza, Santi Ugalde y Alberto López. Ya en cines.

Dos reflexiones previas antes de entrar a analizart Zipi y Zape y el Club de la canica. Por un lado, quien espere una adaptación fiel de los personajes de Escobar, puede ir cambiando el chip porque poco tienen que ver con su origen en las viñetas y, por otro, como cinta de aventuras, resulta casi cortada con un patrón en cuanto al esquema de los personajes y a la trama.

Sin lugar a dudas, trasladar los personajes de los tebeos de antaño (¡que Escobar se los sacó de las meninges en 1948!) a la gran pantalla es un reto singular, pero, particularmente, desde mi punto de vista y a día de hoy, lanzar a Zipi y Zape en imagen real se me antojaba casi un salto con doble tirabuzón. ¿Por qué? Porque si nos paramos a pensar un poco y a recordar a la familia regida por don Pantuflo Zapatilla, no hay que ser un lince para darse cuenta de que esta España nuestra ha cambiado mucho, pero que mucho, mucho.

¿Cómo solventar el salto generacional? Porque no creo que los niños/jóvenes de hoy lleguen a comprender a personajes como Carpanta o métodos expeditivos como el cuarto de los ratones, y, sinceramente, dudo mucho que jueguen con tirachinas o con canicas... El guión de Jorge Lara y Francisco Roncal ha optado por la caricatura y por la excepcionalidad: extrae a los gemelos de su hogar, los hace crecer un poco situándolos en una inocente adolescencia y los introduce en un centro de corte casi militar en sus métodos correctivos en los que todo está llevado al extremo (y así, de paso, también justifican el uniforme sempiterno de los chavales con su chaleco rojo y su corbatita).

Sea como fuere, Zipi y Zape se caracterizaban por sus zapatiestas particulares, ya que "la liaban" a la menor ocasión, de hecho, sus nombres provienen de zipizape, que significa armar alboroto o, como dice la RAE de forma textual "riña ruidosa y con golpes". Su gamberrismo habitual es sustuido y suavizado aquí por una especie de alzamiento ante la injusticia del autoritarismo, creando el Club de la canica, cuyo lema es una "b" de victoria dando así cuenta de su rebeldía (y de paso haciendo que nos sangren los ojos a los correctores que hayamos ido al cine, ¡snif!).

Que no os engañe la apariencia, Óskar Santos sabe rodar (bien lo demostró en El mal ajeno) y cuenta con un excelente equipo en el plano de la fotografía, la dirección artística y el diseño de producción, que se encuentra más próximo al espíritu de Los Goonies que al de las aventuras en papel de los dos jovenzuelos revoltosos.

El correccional de Zipi y Zape y el Club de la canica es una especie de laberinto que da muchísimo juego y tiene su atractivo, pero la película no pasa de ser entretenida y de resultar demasiado anacrónica. Es difícil que la chavalería de hoy se sienta implicada en la trama si tenemos en cuenta lo desfasado de la ambientación que no sentirán como suya y cierta falta de sentido del humor.

En cuanto a las interpretaciones, Daniel Cerezo y Raúl Rivas, los creciditos Zipi y Zape respectivamente a los que les asoma la pelusilla del bigote ya, se desenvuelven con bastante naturalidad, aunque la dicción no es su mayor fuerte y han tenido la ocasión de trabajar con una joven intérprete que lo borda: Claudia Vega (Eva), el único personaje femenino reseñable. De hecho, se habría agradecido un poco más de imaginación a la hora de abordar al grupo: están los protagonistas, "la chica", el gordito gracioso y el empollón marginado.

Por su parte, Javier Gutiérrez (Falconetti, el villano de turno), hace un papelón digno de mención y sorprende por la solidez de su interpretación, a pesar de su obligado aspecto caricaturesco con parche en el ojo incluido.

El mensaje queda muy claro: jugar es una vía de aprendizaje y la amistad el pegamento que une a la gente para poder salir adelante. En este sentido la cinta es muy positiva y recomedable para el público menudo, que seguramente pasará un rato agradable en el cine, aunque más de dos referencias se les escaparán entre tanto juguete "no digital".

Valoración

Extraña adaptación a la gran pantalla de los mellizos traviesos creados por Escobar en lo que supone una desconcertante traslación en la que son despojados de sus señas de identidad y de su núcleo familiar. Intrascendente pero entretenida.

Hobby

65

Aceptable

Lo mejor

El diseño de producción y la dirección artística.

Lo peor

Le falta sentido del humor y un clímax final.

Lecturas recomendadas