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Análisis

Dragon Quest Builders - Análisis de la versión para PS4

Por Alberto Lloret
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Versión comentada: PS4

¿Qué pasa si mezclamos dos fenómenos como la veterana saga de juegos de rol Dragon Quest y las posibilidades jugables de Minecraft? Pues que puede salir algo tan grande y divertido como este título que nos ocupa...

Con más de nueve meses de retraso respecto a su lanzamiento nipón llega a Europa Dragon Quest Builders, un “spin off” de la obra de Yuji Horii catalogado a menudo como un clon de Minecraft. Para un amante de la serie Dragon Quest, pero que no ha conectado con ninguna de las versiones de Minecraft (ni la original de PC, ni la mobile, ni la de consolas), el temor, la sombra de la duda, estaba ahí. Pero tras haber pasado más de 30 horas con el juego sólo puedo deciros una cosa: no veo el momento de volver a ponerme con él. Y es algo que, cada vez, me pasa con menos títulos...

Por si ese primer acercamiento no ha sido suficiente, no está de más puntualizar que para mi, el “problema” de Minecraft está que no tiene una “historia”, un fin. Es un mundo abierto, con unas reglas, en el que puedes hacer y construir lo que quieras, sin apenas límites. Hay servidores online dedicados a la construcción pura y dura, en los que se dan cita verdaderos arquitectos para dar forma a verdaderas maravillas... Pero, más allá de esas infinitas posibilidades constructoras, para mí es un título “vacío”, un “sandbox” en el verdadero sentido de la palabra.

Con una historia de fondo

En el otro extremo, Dragon Quest Builders (que llega a PS4 y Vita) explora justo la idea "opuesta". Se erige sobre una historia bien definida, que toma como punto de partida un momento clave del primer Dragon Quest. Ni más ni menos que cuando Draconarius, el señor del mal, ofrece al héroe la posibilidad de gobernar medio mundo. Builders arranca con el héroe aceptando la propuesta, lo que culmina con su derrota y la práctica eliminación de la humanidad, ciudades incluidas.

Por si eso no bastara, los supervivientes también son condenados a olvidar su capacidad para crear. Y en este desolador contexto, es justo cuando una misteriosa voz nos despierta de un largo letargo, en el interior de una cueva, metidos en el pellejo de “El Constructor”, un joven que no recuerda muy bien sus orígenes, pero que es el elegido para devolver la esperanza a la humanidad. Como su apodo adelanta, él sí retiene la capacidad de crear, algo que descubriremos muy pronto...

Ya en los primeros compases, Dragon Quest Builders nos enseña las mecánicas básicas: tenemos puntos de vida que disminuyen cuando caemos desde grandes alturas (o somos golpeados por enemigos), un indicador de hambre -sí, debemos comer con cierta frecuencia-, un inventario con hueco para acarrear 15 ítems distintos... Solo en los primeros cinco minutos, aprenderemos a crear nuestro primer arma, un remedio curativo y a erosionar el terreno para improvisar escaleras con los bloques de tierra obtenidos. Un comienzo parecido a Minecraft, sí.

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Dragon Quest Builders nos invita a explorar un mundo elaborado con vóxeles o píxeles cúbicos, que podemos destrozar para conseguir materiales.

Pero, una vez en la superficie, comenzamos a rascar lo que ofrece el juego y que, a grandes rasgos, es, un planteamiento que se repite con variaciones e lo largo de los cuatro capítulos que lo componen. Cerca de la cueva descubriremos los vestigios de una antigua ciudad, y en ella tendremos que clavar un estandarte para convertirla en nuestra base. Al hacerlo, llegará algún curioso, con el que estrecharemos lazos y nos hará peticiones, como crear un objeto ir a buscar a un conocido o que creemos una sala con fines específicos.

Levanta tu ciudad, Constructor

La dificultad inicial es que, de primeras, carecemos de todo. La base no tiene salas definidas, no tenemos materiales para reconstruir las habitaciones... Pero pronto, con los materiales que vamos “rapiñando”, desde tierra a plantas, ramas, y un larguísimo etcétera, podemos empezar a construir todo lo que necesitamos: puertas, camas, cofres, vasijas, antorchas... de todo. Nuestros primeros pasos serán crear habitaciones simples, donde poder dormir y guarecernos de los peligros nocturnos, en forma de unas criaturas que nos acosarán incansablemente.

Para construir cualquier objeto, eso sí, hacen falta mesas de trabajo, que pueden ser desde simples tocones de árbol a mesas más sofisticadas. Cuanto más “compleja” sea la mesa de trabajo (también las creamos), mejores ítems nos permitirá crear. Por ejemplo: podremos crear una forja, pero si la mejoramos gracias a los consejos de un personaje, podremos crear un “alto horno”, con el que se podremos fabricar ítems más refinados, como armas más poderosas o armaduras más resistentes.

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Dragon Quest Builders nos permite crear armas, utensilios y todo tipo de complementos para reconstruir un mundo arrasado. Estas mesas y otras muchas nos permiten fabricarlos.

Al principio, estas opciones de construcción y fabricación son muy limitadas, pero a medida que vamos descubriendo nuevas materias primas y acogiendo a nuevos inquilinos en la ciudad, las opciones de creación se van ramificando exponencialmente, abriendo nuevos campos como la cocina, la mampostería, la sastrería... Cada uno de los cuatro capítulos hace hincapié en aspectos distintos (en el segundo debemos crear una especie de hospital, remedios curativos y aprender a cultivar) y las áreas de creación, los ítems a fabricar y parte de las materias primas cambian.

Como decimos, al incorporar nuevos personajes, la ciudad va creciendo y hay que adaptarse para acoger a los “nuevos”. Hay que crear dormitorios o pensiones para que todos puedan dormir, salas como mesones donde poder cocinar, talleres... Algunas de estas salas nos las descubre el propio juego durante los tutoriales, mientras que otras son peticiones de los habitantes, que nos entregan un plano indicando todo lo que necesitan que haya en su interior.

"Fácil y sencillo, amigos" 

Así, el proceso para dar vida a estos planos es sencillo: al seleccionarlos, podemos “plantar” el boceto en el suelo, para tener una guía que indica de forma esquemática donde van las paredes, las puertas, los objetos... Para comprobar de forma visual qué va exactamente en cada sitio, sólo hay que pulsar el panel táctil del mando, para que aparezca una recreación de la sala, que muestra los objetos que ya están en la posición correcta y los que aún nos faltan.

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La acción está presente en Dragon Quest Builders. Es simple, pero nos enfrenta con mucho humor a esqueletos, limos y otras criaturas clásicas del universo Dragon Quest.

Al completar la habitación en cuestión, obtendremos una puntuación, que es distinta para cada sala. Podemos “engordar” la puntuación añadiendo todo tipo de objetos, desde un letrero que indique quien habita ese cuarto a una cama de mayor calidad, un suelo o paredes mejores, adornos como estandartes o librerías... Hagamos lo que hagamos, debemos controlar que la puntuación no baje: si el ataque de unos enemigos destruye, por ejemplo, una pared, perderemos los puntos de la sala destruida... al menos hasta que reconstruyamos la habitación.

En cada capítulo de Dragon Quest Builders, el nivel 5 es el tope de cada ciudad... y debemos alcanzarlo para poder acceder al combate contra el jefe final (que viene a ser como un puzle, en el que hay que usar los ítems correctos). Construir y mejorar la ciudad suele ser una de las tareas que nos piden los habitantes de la ciudad y, lo cierto es que divierte gracias a lo sencillo que resulta derribar y levantar paredes y colocar los objetos. Da igual que detestes la parte de creación de Los Sims o que no te vaya en exceso Minecraft: aquí resulta rápido, divertido y simple.

Un control apto para todos los públicos

Como decíamos al principio, el inventario inferior de la pantalla alberga hasta 15 objetos, que pueden ser bloques de madera, puertas, comida, taburetes... Relativamente pronto en cada capítulo, podemos crear un cofre especial, que nos permite guardar automáticamente y acceder a muchísimos más objetos y piezas de equipo. Es una inteligente forma de agilizar el proceso de acumular recursos y acceder a ellos rápidamente para crear objetos allí donde lo necesitamos, al tiempo que queda clara la vocación del juego de entretener a toda costa, eliminando limitaciones y evitando viajes repetitivos o inútiles (existen también objetos que nos devuelven inmediatamente a la base).

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La gestión del inventario es otro de los aciertos de Dragon Quest Builders. Muy al principio, aprenderemos a crear cofres con grandes capacidades que ahorran paseos inútiles.

Este cofre especial nos permite transferir objetos al inventario inferior y viceversa, de forma rápida, un detalle que agiliza bastante la creación de las salas y objetos. Así, con la cruceta a izquierda y derecha nos movemos entre los objetos del inventario inferior, y con cuadrado, colocamos el objeto en cuestión. Si, por ejemplo, son bloques de tierra u objetos apilables, al mantener pulsado cuadrado apilará automáticamente los objetos. Si, además, al tiempo nos movemos en una dirección sin soltar cuadrado, el Constructor seguirá apilando materiales hasta que paremos o se acaben.

¿Qué quiere decir esto? Pues que en cuestión de segundos podemos haber levantado una pared, o incluso una habitación entera. De verdad, el proceso de creación es muy rápido y funciona muy bien. Incluso tiene opciones para afinar aún más a la hora de colocar los objetos: con L1 y R1 podemos depositar el objeto por encima o por debajo del personaje para colgar por ejemplo antorchas de pared por las alturas o, por ejemplo, rellenar un suelo agujereado.

El control queda rematado con el botón X para desplegar el menú (nos da acceso a los objetos del cofre especial, modificar las armas y protecciones que llevamos equipadas...), mientras que con Círculo saltamos y con Triángulo atacamos. Si, porque aunque que construcción es una parte importante del juego, también lo es la acción y exploración de un mundo desconocido. Un mundo con una característica peculiar: se trata de un archipiélago y no podemos recorrerlo “entero” de forma continua como en, por ejemplo, GTAV.

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Los portales nos permiten acceder a otras islas de Dragon Quest Builders. En cada una suele haber nuevos enemigos, materias primas... Podemos tener hasta tres portales en cada capítulo.

Y también acción y exploración

Pronto descubriremos que estamos confinados en una isla, pero al ir avanzando en la historia de cada capítulo, obtendremos o desarrollaremos unos portales especiales que nos conducen a otras islas cercanas, donde nos aguardan nuevos materiales, enemigos y secretos. Cada isla suele tener una ambientación distinta, como el desierto, la selva... aunque todos comparten algo: están compuestos por vóxeles o píxeles cúbicos que, con las herramientas adecuadas, podemos destrozar a nuestro antojo, ya sea para ascender por una montaña o crear túneles en busca de mineral.

Eso sí, cambiar de una isla a otra a través de estos portales es inmediato, no hay tiempos de carga. Sólo los hay nada más que al iniciar un capitulo o cargar la partida, un detalle que también ayuda a que el juego no decaiga, a que su ritmo sea siempre el adecuado.

En cuanto a la acción, atrás quedan los combates por turnos típicos de la saga, para abrazar la acción. Pero no una acción al estilo Dragon Quest Heroes, sino algo más simple y, hasta cierto punto, “machacabotones” y limitado. Pero, como hemos dicho anteriormente, está pensado y diseñado para que cualquiera pueda disfrutarlo sin dificultades. De hecho, los combates son sólo una pieza más del juego, y salvo en los duelos con los jefes finales, suelen tener siempre el mismo esquema (golpear un par de veces, alejarse y repetir).

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Dragon Quest Builders está dividido en cuatro capítulos independientes, con zonas, objetos y materias primas distintas. Al final de cada uno, nos espera un enorme jefe, como este coloso.

Combatir sirve también para obtener recursos de los enemigos y, en ocasiones, la propia historia nos va obligando a defender la base de diversas oleadas de enemigos. Por suerte, a pesar de su sencillez, los combates resultan simpáticos por los propios enemigos, que en su mayoría son los clásicos de la serie. No faltan los limos de colores, los dragones, los zombis, caballeros... Todos son un dechado de amor y humor, en el que incluso se han cuidado los nombres (ese “camarón de la península” nos ha matado).

Esa es otra de la gracias del juego: cada isla que visitamos suele estar poblada por poblada por distintas criaturas, lo que ayuda a que, pese a la sencillez de la acción, siempre estemos combatiendo contra enemigos distintos y obteniendo nuevos recursos. Además, los combates suelen ser opcionales (vemos a los enemigos en el mapa, y podemos evítalos)... pero no dejan de ser una fuente necesaria de recursos. Al equilibrarse con el resto de elementos del juego, como la construcción y la “rapiña” de materias primas, nunca llegan a resultar aburridos.

Con la variedad y la duración por bandera

Por si esta variedad no fuera suficiente, también aprenderemos a cultivar el campo, a pescar... y más cosas que no contamos por no reventar las sorpresas. Todo orquestado para aburrirte, incluida la historia, de la que no podemos contaros mucho más por petición expresa de Square Enix. Dragon Quest Builders es un juego inmenso, gigantesco, pero que dosifica muy bien el ritmo al que va introduciendo sus novedades para dejar siempre la sensación de que estamos haciendo o descubriendo algo nuevo.

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Dragon Quest Builders no tiene tiempos de carga ni al cambiar de isla, ni al acceder a esta vista aérea que nos muestra la zona alrededor nuestro.

Un mérito aún más grande si tenemos en cuenta que completar la trama principal puede llevar, como poco, 30-40 horas. Pero, a poco que te detengas, que intentes acaparar muchos materiales, cuidar tu ciudad y explorar a fondo las islas (que están plagadas de secretos y tareas opcionales), esa cantidad seguro que se disparará. Sólo en los dos primeros capítulos hemos invertido más de 40 horas... Y eso no es todo. Cada capítulo cuenta además con desafíos extra, que descubriremos al terminarlos.

Mata a tres dragones, supera el capítulo en menos de X días (que viene a ser un modo “speed run”) o realizar algunas tareas concretas para algunos personajes, son algunos de ellos. Algunos de estos desafíos nos obligarán a volver a empezar de cero el capítulo, mientras que otros nos permitirán continuar con nuestra partida (las partidas guardadas son independientes en cada capítulo).

Y aún hay más: al completar los capítulos vamos desbloqueando modos extra, como Terra Incógnita, un mundo de creación libre donde podemos acceder a las islas que hayamos desbloqueado en cada capítulo. Tiene funcionalidad online, como poder compartir nuestras creaciones o invocar las de otros jugadores.

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Pesca, cultivo, desarrollo de medicinas, cocina... Dragon Quest Builders ofrece un enorme abanico de entretenimientos y opciones de creación.

Podría seguir ahondando en las maravillas que encierra Dragon Quest Builders: la inolvidable banda sonora a cargo de Koichi Sugiyama (son temas orquestales de los primeros cinco Dragon Quest), su fabulosa traducción al castellano -con chanzas y chascarrillos en cada diálogo-, el respeto y guiños a otros juegos de la saga (no falta la obligada referencia al “puf puf”) o su notable apartado técnico, que deja en pantalla un juego muy bello y que se mueve con soltura.

Podría ahondar en las diferencias y limitaciones frente a Minecraft, como que las islas de Dragon Quest Builders no son generados proceduralmente (la configuración del mundo es una, no es aleatoria, porque recrea el mundo del primer Dragon Quest), que la parte de minería es infinitamente más superficial que en el juego de Mojang, como que dentro de la historia no podemos construir ni hacer lo que queramos. 

Podría hacer leña, incluso, de sus defectos, como los problemas de cámara al crear estrechos pasillos mientras ejercemos de minero. O la ausencia de una opción para elegir el número exacto de ítems que queremos crear (tenemos que hacerlos de uno en uno o bien crear todos los posibles con los materiales que tenemos). Podría volver a incidir en lo simples que son los combates... pero eso solo afearía la realidad. Dragon Quest Builders es una pequeña maravilla que en muchos sentidos le pasa a Minecraft la mano por la cara, tanto en lo técnico (animaciones, nivel de detalle...) como en lo jugable, y eso sin contar con la historia de fondo.

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Dragon Quest Builders también llega a Vita (sólo en formato digital). Técnicamente se nota un leve bajón gráfico, pero la experiencia de juego es idéntica.

Podría seguir aburriéndoos con otras 2000 palabras más, pero lo mejor que podéis hacer es probar la demo, ya disponible en PS4 y PS Vita, y salir de dudas. Os lo dice alguien a quien se le ha atragantado Minecraft en todas sus formas posibles, pero que, cada minuto que pasa, solo sueña con volver a Alefgardo, el mundo del juego, para seguir horadando sus tierras y desentrañando hasta el último de sus secretos. Porque, para mí, Dragon Quest Builders ha construido algo más grande con unos pilares similares a los de Minecraft...

 

NOTA: la versión de Vita es idéntica en lo jugable, aunque con ciertos sacrificos en lo técnico. Le cuesta un poco más mover el mundo con soltura (no va a tirones, pero se nota tras haber jugado en PS4), algunos elementos gráficos -como ciertos tipos de planta- son más difíciles de distinguir... pero en todo lo demás, mundo y opciones, es idéntico. Un juego que por filosofía, duración y estilo de juego encaja con la portátil incluso mejor que en la versión de sobremesa (aunque eso puede ser más una cuestión de gustos).

Valoración

Dragon Quest Builders fusiona la fórmula de Minecraft con la tradición rolera de Dragon Quest, y el resultado no podía ser mejor. Un juego que atrapa a lo bestia, que siempre va a más, que dosifica con maestría sus novedades y que, a pesar de sus enormes posibilidades, logra mantener una sencillez capaz de hechizar a cualquier tipo de jugador.

Hobby

92

Excelente

Lo mejor

Como va dosificando e introduciendo novedades, la opciones para crear, la banda sonora, la gran traducción, su sentido del humor, la duración...

Lo peor

La cámara en zonas estrechas. Los combates pueden resultar simplones. Faltan opciones al crear ítems (como elegir número). Minería algo simple.

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