Análisis

Final Fantasy XIII en versión limitada

Por Óscar Díaz
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Cada vez que Final Fantasy llega a una nueva consola se ve rodeado de tanta expectación que le resulta imposible contentar a todo el mundo. Sin embargo, es necesario reconocer que en Square Enix se les da muy bien hacer felices a millones de jugadores de los que saben perfectamente lo que buscan. Desde los fans que se aferran a Final Fantasy VII y sus trucos de lágrima fácil, hasta los que jamás se habrían imaginado a un dios convertido en moto (sí, de las buenas, con cañones a los lados). Y es que una virtud de esta saga es que se reinventa una vez tras otra y, como nos ha pasado varias veces anteriormente, este Final Fantasy XIII se deja querer tanto por los nuevos jugadores como a todos aquellos que se terminaron X-2 y todos los Tactics.

La eterna lucha entre el bien y el mal nos coloca en el centro de una gigantesca revolución que tiene lugar en un planeta imposible (de comprender) que se divide tanto en el plano físico como en el social. Los gobernantes rigen a su pueblo con puño de hierro y, para justificarse, le echan toda la culpa a una amenaza exterior que, dicen, puede acabar con su estado de bienestar. Magia, plomo, acero y tecnología se mezclan, a partes desiguales, con seres poderosos que hacen y deshacen a su antojo. Todo ello, ante la atónita mirada de unos dioses que no dudan en bajar al plano terrenal para demostrar quiénes son los que parten el bacalao. ¡Vamos!, Final Fantasy en estado puro.

Las conversiones tienen estas cosas

Lost Oddyssey consiguió un efecto que sorprendió en su momento, cuando hace cuatro años alternaba entre escenas cinemáticas y el juego en sí. Luego resultó no ser tan espectacular, pero su escuela sigue presente en Final Fantasy XIII. Lo que tenemos delante es una película interactiva, en la que poco a poco descubrimos una historia más o menos compleja. Entre medias, se ha colado un sistema de combate por turnos que es tan complicado como queramos configurarlo, así como unos personajes que apenas tienen oportunidades para interactuar con otros elementos del escenario.

Cuando acaban los vídeos (a las dos horas), la cámara nos enseña con una perspectiva en tercera persona todo lo que va ocurriendo delante de nuestros ojos. La libertad, así, se convierte en un bien preciado que escasea y que, paradójicamente, sólo se vuelve abundante cuando hemos avanzado lo suficiente en la historia como para poder investigar ciertos elementos de la trama. Esto puede sonar mal de primeras, pero se justifica por la intención de Square Enix de predicar la palabra de Final Fantasy XIII a todo tipo de jugadores. Sobre todo a los recién llegados que todavía no se conocen los entresijos de las costumbres japos.

Cada concepto de Final Fantasy XIII está pensado hasta el más mínimo detalle. Si el sistema de lucha puede resultar complicado, las instrucciones detalladas nos salvarán con sólo leer el texto oportuno un par de veces. De todas formas, estas ayudas se pueden ocultar con una opción del menú, así que no molestan en absoluto.

El sistema de juego se centra más en desarrollar las habilidades y armas que en los personajes propiamente dichos. Hay objetos que se pueden transformar en experiencia para armas y complementos, de una manera sencilla y eficaz. Otros se emplean en medio de la lucha. Este sistema transmite la sensación inmediata de haber hecho la elección correcta o de quemar un cartucho a destiempo. Mientras que las habilidades se pueden mejorar libremente, salvo en medio de la batalla, la tienda y los talleres están en terminales que pueblan cada nivel. Estos son numerosos y siempre hay uno antes de cada momento delicado. El proceso de prueba y error antes de gastar puntos en un arma, por ejemplo, nos invita a grabar la partida justo antes y volver a ella en caso de pifia. Por supuesto, los más valientes aceptarán sus errores con valentía y una muerte segura.

Como es tradición, cada enemigo tiene sus afinidades y puntos débiles, los cuales podemos comprobar con el hechizo de turno. Averiguar la táctica oportuna nos costará algún que otro fracaso, pero en este Final volvemos a la idea de los elementos contrarios y complementarios. Es decir, el agua apaga al fuego y estropea las máquinas. La electricidad afecta a ciertas bestias y la lista se extiende bastante más allá de los cuatro clásicos más tradicionales. Con un vistazo a la ficha del enemigo en cuestión y algo de tino al elegir las armas, el sistema de combate se vuelve bastante divertido. Pero la forma en que se ha colocado dentro del juego no deja de ser una serie de pausas entre vídeos, donde a veces da la sensación de que están metidos a la fuerza. Como para no perder la tradición.

Según avanza la historia, cada protagonista encuentra su transformación en forma de dios. En estos Eidolones podemos sentir de nuevo la creatividad en estado puro. Para los seguidores de Final Fantasy, apenas habrá sorpresas, pero los recién llegados pueden ver ciertas magias como algo totalmente sin sentido. El control de las entidades es uno de los puntos álgidos de las batallas, ya que pueden luchar a nuestro lado o pasar al control directo. Con golpes al estilo de cualquier otro juego de lucha en tercera persona, incluidos algunos combos. La duración de esta modalidad es limitada y todo vuelve a los turnos cuando la barra oportuna llega a cero, pero con la posibilidad de liberar el poder en un golpe final que se lleva los momentos más espectaculares, las magias gordas están aquí, concentradas.

Identificarse con los personajes de esta aventura es algo relativamente difícil. El público de Final Fantasy ha crecido con la saga, pero eso no quiere decir que sus responsables desoigan el clamor popular. La variedad abruma, pero las historias se entremezclan de tal manera que no conseguimos encariñarnos demasiado con nadie. Eso sí, las manías aparecen pronto y algunos protagonistas parecen poner empeño en que así sea. Los guionistas del juego presumen de buscar esas sensaciones en el jugador, así que no se puede decir nada malo de ello. Si acaso, que los estereotipos abundan y las cosas se hacen bastante predecibles. Los niños, los adultos precoces, los héroes que se lo creen, los que no lo tienen tan claro y, por supuesto, el Jar Jar Binks de turno, perdón, el gracioso. Precisamente, este último es el que mejor conecta con el público. Sus patochadas resultan medidas y el chokobo que, inicialmente daba algo de pánico, apenas molesta.

Un protagonista cada vez, el que toma las decisiones y sobre el que recae la historia en cada nivel, es el que puede morir y hacernos repetir un combate. De ahí que hasta que llegamos a tener el equipo al completo, las manías hacia un personaje concreto nos sacuden repetidas veces. Es lo que tiene este Final Fantasy XIII, que sólo avanzados en la aventura llegamos a disfrutarlo verdaderamente y nos enseña de lo que es capaz. Casi se podría decir que tenemos dos juegos en uno, con recorridos obligados y, de repente, un mundo abierto en el que podemos elegir las misiones y repetirlas cuantas veces queramos para subir el nivel de nuestras habilidades.

Lo veo y no lo creo

El aspecto gráfico convence durante las partes jugables. Sin embargo, no aprovecha el hardware de la máquina como han conseguido otros títulos a estas alturas de generación. El paso desde PS3 a la consola de Microsoft bien se merece un respeto, aunque sólo sea por la celeridad con que se ha tratado el tema. El efecto del pelo en los personajes a resolución de 1080p, por ejemplo, hace que a algunos se nos vaya la mirada a una serie de puntos inconexos. Tan notable resulta, que parece sacado de un mal programa de retoque fotográfico. La buena noticia es que, quien disfrute de una consola de alta definición en un televisor viejo de tubo, tendrá ante sí el Final Fantasy con mejor aspecto de la historia. Sí, esos defectos gráficos se camuflan con un alisado de todos los objetos y personajes, que incluso supera a la versión de PS3. La suavidad de las animaciones es perfecta en 480p. Sin embargo, no es para esto para lo que la mayoría de usuarios hemos cambiado de generación.

Los vídeos, que ya superan en importancia a la parte jugable de muchos juegos, tienen la factura que cualquiera puede esperar de quien estuvo detrás de La Fuerza Interior y Advent Children. Modelos perfeccionistas, texturas e iluminación espectaculares, movimientos tan reales que asustan… pero también unos artefactos de compresión que rompen un poco la magia del momento. En PS3, el Blu-Ray se ve justificado por fin con este tipo de situaciones. Sin embargo, en Xbox 360 se echa en falta un cuarto DVD para alcanzar el nivel de su competencia directa. Sólo un disco más y seguramente se habría conseguido el mismo nivel de calidad en las partes de película. Pero aquí también se da una sutil paradoja. Mientras que unas escenas están creadas ex profeso para el juego, con los estándares más altos producción, otros se quedan incluso por debajo de la parte jugable. Vídeos creados directamente con el motor gráfico del juego, que con los problemas mencionados se ven incluso peor que cuando manejamos a los personajes. Un sinsentido que sólo parece confirmar la inmadurez del sistema que mueve el juego y que vuelve a dar la razón al Blu-Ray frente al DVD. Este Final Fantasy se nutre en gran medida de los vídeos y, si esta pata cojea, lo hace el juego en su totalidad. Punto para PS3.

Si algo hemos aprendido desde que salió al mercado Xbox en 2001, la primera generación de esta, es que el sonido 5.1 se puede aprovechar de muchas formas. En 360 se presupone que la música tendrá una claridad cristalina y cada efecto sonoro vendrá del lugar que le corresponde. Aún así, en Final Fantasy XIII, el sonido no ayuda a sentir las balas junto al oído o un vacío en el estómago cuando caemos desde gran altura. Sencillamente, los efectos nos rodean y suenan de forma estándar. El contrapunto lo pone la producción musical, con piezas que se convertirán en nuevos clásicos y que se suman al repertorio de Masashi Hamauzu. El responsable de la banda sonora de Final Fantasy VII: The Erge of Cerberus vuelve con piezas memorables, pero también con notas desafinadas que cumplen su función, crispar los nervios.

El trece es un número que a muchos nos gusta por encima del siete, pero que suele quedarse por detrás del 42. Así, sin mojarse mucho, lo sencillo es afirmar que este juego ofrece algo para contentar a todos, con lo que resulta aconsejable sin más. En cuanto a la versión para Xbox 360, se antoja más descafeinada de lo esperable, aunque no tan pobre como anunciaban los más agoreros. Las prisas no son buenas, pero si la base es sólida, resulta más difícil echar a perder un proyecto tan ambicioso como Final Fantasy XIII. Un juego realmente notable cuando se valoran todos sus aspectos. Si es que se llena la boca sólo de nombrarlo, venga, todos juntos, Final…

Valoración

Horas y horas de combates te llevan a una recta final digna de los mejores Final Fantasy. Sin embargo, en 360 se han descafeinado los gráficos del original para PS3.

Hobby

85

Muy bueno

Lo mejor

Una producción visual impresionante

Lo peor

Tramos muy lineales y una conversión pobre desde PS3

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