Jackie
Análisis

Jackie - Crítica de la película protagonizada por Natalie Portman

Por Raquel Hernández Luján
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Crítica de Jackie, la película protagonizada por Natalie Portman y dirigida por Pablo Larraín que narra los días posteriores al asesinato de John F. Kennedy. En cines desde el 17 de febrero de 2017.

Un agudo guión en manos de un narrador brillante y con una protagonista entregada en cuerpo y alma a disolverse en la identidad de Jacqueline Kennedy. Así es Jackie, una película que explora las múltiples facetas de una mujer tan mediática como esquiva, de apariencia frágil pero férreas convicciones acerca de la obra inacabada de su marido y empeñada en reivindicar su figura post mortem.

Para comprender en toda su extensión este atípico biopic no basta con conocer las archiconocidas y mil veces retransmitidas imágenes de uno de los magnicidios más conocidos y televisados de la historia reciente, sino que Pablo Larraín, el director, nos propone caminar en los zapatos de esta mujer: esposa, madre, primera dama y encargada póstuma de transmitir de alguna manera el legado inconcluso del presidente asesinado brutalmente a su lado en los cuatro días posteriores a ese terremoto emocional y social.

Y para darnos una visión tan poliédrica y compleja nadie mejor que Natalie Portman en uno de los mejores papeles si no el mejor de su carrera. Larraín no escatima a la hora de tratar de meternos en su mente haciendo que sea el centro en sentido literal en multitud de planos en los que predomina la simetría y la arquitectura con marcadas líneas de fuga.

Jackie

Como os hemos comentado en la tertulia pre-Oscars, Jackie exige un visionado en versión original y acaso también acudir a los registros documentales en vídeo para recordar cómo se movía y gesticulaba esta mujer para darse cuenta del enorme trabajo de Portman para expresarse con una mimética dicción e idénticos tics, como el de apartarse el cabello de la cara o apretar los labios con coquetería.

Hay elementos que son parte ya del imaginario colectivo en esta historia como el traje rosa que vestía el día de los sucesos que marcarían un antes y un después en su vida y que deliberadamente decidió portar durante horas a pesar de estar manchado de la sangre de su esposo. Larraín no evita mostrar ningún momento clave (incluyendo el del propio tiroteo abordando cómo se sintió al tener que sostener un trozo del cráneo de John) e incluso juega con los recovecos del metalenguaje cuando nos muestra a Jackie preparándose para aparecer en televisión mostrando la Casa Blanca tras su renovación.

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El película parte de la entrevista que sostiene con un periodista de la revista Life (Billy Cudrup) al que le hará revelaciones inconfesables y, desde ese momento vuelve la vista al programa televisivo con el que abrió las puertas de la residencia presidencial para mostrársela por dentro a toda Norteamérica valiéndose de un formato en blanco y negro.

A lo largo de la película también somos testigos de los preparativos del funeral, sus diálogos con Bob Kennedy y Lyndon B. Johnson o momentos de intimidad y rabia como cuando prepara en soledad la mudanza del despacho oval o rememora el disco del musical “Camelot”, una de las piezas favoritas del matrimonio y que lanza esa metáfora acerca de la tierra prometida, lo que pudo ser y no fue.

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Todo un recorrido que nos lleva de su candidez inicial como novia de América deslumbrada por los oropeles del cargo a ser destronada y pelear por reivindicar (por no decir reinventar por completo) la dimensión pública de la obra de su marido. A sabiendas de que su tren se ha marcado de la forma más imprevista posible, sin posibilidad de ser retomado.

La banda sonora de Mica Levi (Under the Skin) acompaña de maravilla toda ese intenso torrente interior que se muestra al descubierto en la película y que desborda las previsiones iniciales mientras que el vestuario es, efectivamente, uno de los pilares fundamentales en los que Portman encuentra un aliado imprescindible en su metamorfosis.

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Es la primera vez que el guionista Noah Oppenheim se adentra en este género tras haberse encargado de los libretos, mucho más ligeros, de El corredor del laberinto y Divergente: Leal, y, lo cierto es que el cambio de registro le sienta fenomenal. El guión resulta agudo y arriesgado, muy lejos de lo que muchos quizás esperaban que sería una película de manual de cara a los Oscar.

Sin efectismos pero buscando permanentemente primerísimos primeros planos de la actriz ya sean picados o contrapicados (Larraín no parece tener miedo a comprometer la estética mostrarnos a una Jacqueline distorsionada, amplificada e incluso fea) tenemos la sensación de meternos en su cabeza traspasando el mito para ver más allá de él. Es casi como descubrir a la mariposa en el momento en el que sale de su crisálida. Me encanta hasta el hecho de que en el cartel de Jackie, la tengamos plantada siendo el centro de atención, pero apretándose las manos y rehuyendo la mirada, es esa pugna interna entre lo que se es y lo que se quiere ser lo que narra la película. Muy bien jugado.

Valoración

Jackie tiene muchas capas: nos permite ver múltiples facetas de Jacqueline Kennedy a medio camino entre lo real y lo que los medios de comunicación nos han transmitido de ella. Entre la mujer y el mito está una excelente Natalie Portman transfigurada.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

La prodigiosa interpretación de Natalie Portman y las lecturas que pueden hacerse de la película, muy poliédrica. Larraín es un excelente narrador.

Lo peor

Te romperá el corazón ver a John Hurt de forma póstuma, encima en un breve pero precioso papel.

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