La joven del agua - Crítica especial del ciclo Shyamalan
Análisis

La joven del agua - Crítica en el especial M. Night Shyamalan

Por Jesús Delgado
-

La joven del agua (Lady in the Water) es una película M. Night Shyamalan narrada en clave de cuento moderno protagonizada por Paul Giamatti, Bryce Dallas Howard y Jeffrey Wright.

La joven del agua (Lady in the Water) es una de esas películas de M. Night Shyamalan que el público recuerda o con desagrado o con un grandísimo buen sabor de boca. Vamos, que es una de esas cintas que aún dividen enormemente a la crítica en lo relativo al trabajo de Shyamalan. Y no es para menos, la verdad.

****Ojo, hay spoilers de la película en esta crítica****

La joven del agua llegó en el año 2006, en medio de esa fiebre que dio a Hollywood por proponer y al público por consumir películas con truco y cuyos guiones eran una mezcla de sudoku y gymkana. La Meca del Cine nos tenía habituados a finales sorpresa como los de El Sexto Sentido, Señales o El Bosque. De ahí que, cuando la gente fue en masa a ver la película que hoy nos ocupa, todos esperaran algo en esa línea. ¿Pero acaso nos dieron lo que esperábamos? 

Este es mi cuento y lo cuento como quiero

Esta fue la idea que se le debió pasar por la cabeza a M. Night Shyamalan cuando se puso a escribir y a dirigir La joven del agua. Su idea de dos mundos, uno terrenal de los hombres y otro habitado por narfs (sirenas o nereidas) y otros series mágicos, y la interrelación entre ambos debía de ser algo original, pero también emotivo, destinado a tocar la fibra moral. Sobre todo porque hablaba del encuentro entre un ser destrozado, interpretado por Giamatti, y su salvadora espiritual, encarnada por Howard.

De esta forma, Shyamalan construía una suerte de "autoayuda para todos los públicos" que, desgraciadamente, no está exenta de problemitas ya desde su concepción.  Y es que, cuando el cineasta se decidió a sacarse de la manga este cuento moderno escrito por él mismo, realizó un "Juan Palomo" que casi se le atraganta. La joven del agua, como sus antecesoras en la filmografía del director, iba a haber sido producida por Disney. Pero, debido a que el entonces presidente de la compañía, Dick Cook, dijo no haber entendido la historia, Shyamalan se ofuscó, cogió la puerta y le vendió la película a Warner, quien no esperaba que aquello no fuera otra cosa que un regalo envenenado. 

La película costó solo 70 millones de dólares, de los de hace diez años, pero únicamente recaudó 72 millones. El público no salió muy convencido del cine, aunque sí dividido. Y algo similar ocurrió con los críticos, que se debatían entre su agrado y desagrado. En común hubo dos tipos de críticas que fueron constantes: Una, el papel secundario de Shyamalan como escritor en la película, cuyos textos algún día cambiarían el destino del mundo. Un ejercicio de egomanía que pocos perdonaron. El segundo, la misma pega que le puso Dick Cook: la de no entender la historia. Además, hay un tercero, que quizá nadie dijo, pero que molestó a más de uno: Que el crítico de cine que sale en la película fuera un esnob, arrogante y sabelotodo, que acaba como pienso para perros. Este último y feo detalle pudo hacer gracia a Shyamalan, pero obviamente no tanto a quien va a ver su película a un pase de prensa.

Para rematar, fue tal la debacle que la película ganó 2 Razzies. El de peor director y el de peor actor secundario (el propio Shyamalan). Pero, volviendo al tema general de la crítica, La joven del agua recibe aún a día de hoy palos muy grandes en agregadores y páginas de cine. Las notas oscilan entre el 24 y el 36 sobre 100. ¿Pero es realmente una película tan nefasta o es que les pilló con el pie torcido a los críticos (que aunque haya quien lo niegue, os aseguro que son personas y también tienen días malos)? Vamos a hablar un poco de eso y este que os escribe os va a decir lo que piensa de manera algo más personal.

Emoción antes que razón

Como decíamos antes, La joven del agua no está exenta de problemas. El primero de ellos se debe a su planteamiento espiritual y moralizante. Frente a otras películas anteriores, Shyamalan en esta parece obstinado en aleccionar al espectador acerca de la pérdida de espiritualidad que sufre el ser humano, estableciendo moralinas en su historia. Esto, per se, no es malo, pero para el espectador con un modo de vida más materialista, la idea de una trascendencia metafísica, amparada en un cuento ad hoc del director indio puede sonarle a haber pagado una entrada para ver un acto pseudoreligioso en el cine, sin saberlo. Algo que no es del gusto de todo el mundo.

Luego, como bien señalaron los críticos en su momento, la película adolece de algunos fallos de guion, de incoherencias en la historia y cambios abruptos de ritmo y desarrollo que, salvo que entres al juego y entiendas que Shyamalan te está contando un cuento, no lo disfrutarás. Y es que la aceptación de la idea de que todo es un cuento de realismo mágico es la clave para digerir esta cinta. Si intentamos buscar al "Bruce Willis muerto" o "Qué es realmente el Bosque" mal vamos. De hecho, los giros de guión, y de tuerca, son elementos necesarios para el desarrollo del cuento y metanarrativos, antes que elementos buscados con el fin de sorprender al público para que diga "oh, qué listo es el guionista y qué listo soy yo por haberlo captado". 

Ahora, no todo es culpa en sí de Shyamalan y de sus decisiones. Buena parte del problema digestivo de esta película está en cómo nos la vendieron. No hemos de olvidar que los "genios" de marketing nos la quisieron presentar en su momento como un título de terror sobrenatural, al estilo del cine fantástico y oscuro de Guillermo del Toro. ¡Nada más lejos de la realidad! La joven del agua no va de eso. Pero como pasa con muchas películas, los responsables de la publicidad volvieron a hablar sobre el título sin saber qué diablos estaban vendiendo. De ahí que las expectativas frente al producto final sean tan diferentes. 

Dicho todo esto, Shyamalan logra lo que busca, que es la lágrima del espectador, emocionarle y tocarle la fibra sensible. La joven del agua no es una película que hable un discurso racional, sino emotivo. Toda su construcción, funcionamiento y final radican en este diseño. Y solo hay que atender al montaje, la música y los diálogos, así como las piezas de información cuidadosamente dosificadas, para entenderlo. Shyamalan no quiere que "pensemos", sino que "sintamos". Y eso lo logra.

Amparándose en composiciones de James Newton Howard, la historia llega al corazón y consigue que el espectador entre al trapo, debilitando sus defensas. La fotografía, los encuadres y el color ayudan mucho en una creación de atmósferas que, de manera racional, logran que el ojo capte todas las secuencias, aceptándolas como válidas si no va preparado para el "chantaje" emocional al que se le va a someter.

Y, al margen de lo que nos pueda gustar o no el guión, hay que reconocer el sólido trabajo de Shyamalan como compositor de planos. Por otro lado, el casting no pudo ser más acertado, con una Bryce Dallas Howard que realmente parece un ser de otra era, vulnerable y poderoso a la vez. Mención especial para un Paul Giamatti apoteósico, capaz de conmover al más pintado con una expresividad y una capacidad para proyectar sentimientos fuera de toda duda.

En resumen, La joven del agua no es la debacle que se dice que es. Sencillamente es una pellícula de Shyamalan que debe verse y sentirse, no medirse ni viviseccionarse en un laboratorio, porque entonces la magia que la rodea se pierde. También, dicho sea de paso, es muy posible que sea de lo más original y personal que ha hecho el director en toda su carrera (cuyas principales películas repasamos en este especial de cine dedicado a la filmografía de Shyamalan). Es una cinta hecha desde dentro y se nota que tiene mucho del director indio. Quizá, solo por eso, haya de tener en mayor consideración. Eso, salvo que quieras que tres monos malvados vengan al final de la película para darte para el pelo. Tú mismo. 

Valoración

Bonito cuento de hadas mezclado con dosis de realismo mágico. Shyamalan opta por un relato de fantasía con toques mitológicos, logrando emocionar al público.

Hobby

79

Bueno

Lo mejor

La premisa de cuento y de la fuerza de la narrativa que da forma a la realidad. Su potencial para emocionar. La interpretación de Paul Giamatti.

Lo peor

Puede ser una película muy difícil de encajar para el público escéptico debido a que prima emoción sobre razón. Algunas incoherencias de guion.

Lecturas recomendadas