Análisis

Del juego al cine: BloodRayne II Deliverance

Por Daniel Quesada
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ARGUMENTO: Rayne viaja hasta el lejano oeste para enfrentarse a otro poderoso vampiro, que tiene aterrorizado al pueblo de Deliverance. 2007 - DIRIGIDA POR Uwe Boll - PROTAGONIZADA POR Natassia Malthe, Zack Ward, Michael Paré y Chris Coppola.

Meclar universos diferentes no tiene por qué ser una mala idea. A Rockstar le salió muy bien la jugada de fundir western y zombis en la expansión Red Dead Redemption: Undead Nightmare. Así pues, ¿por qué no mezclar western y vampiros? La idea suena divertida, ¿no? Estamos convencidos de que, bien dirigida, esta fusión podría haber dado pie a una película de lo más disfrutable. Pero, para nuestra desgracia, detrás de las cámaras de BloodRayne II Deliverance se encuentra... sí, amigos, Uwe Boll. He´s back.

Después de la triste BloodRayne, el cineasta alemán decidió volver a dar una oportunidad a la dhampir (medio humana, medio vampira) Rayne. Eso sí, esta vez se trataba de un lanzamiento directo a vídeo, lo cual ya decía mucho sobre lo "ambicioso" de la producción. La historia se mueve desde la Europa del siglo XVIII hasta el EEUU del siglo XIX. Nuestra heroína llega al pueblo de Deliverance (no se nos explica qué pinta ella allí, pero ¿qué más da?), donde debe detener a Billy the Kid. Pero no se trata del forajido tal cual lo conocemos, sino de un vampiro que secuestra a los niños para chuparles la sangre. Mala gente, os decimos.

Rayne cambia de look

Aunque el papel protagonista fue interpretado por Kristanna Loken en la primera parte, la actriz no pudo volver a la secuela por problemas de agenda (claro, claro), así que Uwe Boll buscó una sustituta: la nueva Rayne fue la noruega Natassia Malthe. Y, de nuevo, toca reconocer que la actriz es guapísima, con unos rasgos irresistibles (es de padre noruego y madre malaya). Sin embargo, ahí queda todo el atractivo de su personaje. Rayne es más seca que un palo en esta película, ha perdido el toque erótico que tenía en la primera parte y no dispone de ninguna escena de acción o diálogos con los que lucirse especialmente. En las fotos fijas, ver a la vampira vestida con el guardapolvos y con sus cuchillas en la espalda, queda de lo más "pulp". Sin embargo, una vez en movimiento no hay lucimiento posible.

Las cuchillas se ven cutres, como compradas en un puesto de la feria, las poses no dan de sí y el hecho de que el conjunto de Rayne deje el ombligo al descubierto falla en su objetivo de quedar sexy. Más bien, parece que el corpiño le ha encogido...

El resto de los personajes también apuntan maneras, pero se quedan en eso. El bonachón Pat Garret (basado en un personaje que existió realmente e interpretado por Michael Paré) pasa bastante desapercibido, mientras que el predicador interpretado por Michael Eklund promete dar de sí (y llega a brillar momentáneamente durante el tiroteo final), si bien se viene abajo por estar tan sobreactuado y porque, simplemente, no tiene tiempo para llegar a desarrollarse.

Pero si alguien sale mal parado, ese es el propio Billy the Kid. Interpretado por un Zack Ward que es incapaz de distinguir dónde acaba la actuación extrema y comienza la ridícula. En primer lugar, no acaba de aclararse con el acento de su personaje, que a ratos parece venido del mismo castillo de Drácula y en otros momentos suena como un Lord inglés. Además, su esfuerzo por hacer de malo psicópata resulta excesivo a todas luces. Y el caso es que su cara pega para un tipo así, pero lo único que da miedo es pensar que estamos perdiendo el tiempo al ver la película.

Boll no es Leone

Se nota que Uwe Boll toma los spaguetti western del gran Sergio Leone a la hora de afrontar la puesta en escena. Lo vemos en el uso del primerísimo primer plano y, especialmente, del plano detalle: ojos de mirada aviesa, dientes "podríos" que sonríen al rival... Y, por supuesto, mucho plano-contraplano y flashazos de la mano jugando con la culata del revólver. Sí, Boll, todo eso lo hacía Leone, pero no basta con copiarlo. Hay que colocarlo en el lugar justo. Si repites ese mecánica cada dos por tres y te da por ralentizar continuamente los enfrentamientos, todo queda muy baratuzo.

Porque si algo sobra en esta película, son los planos ralentizados. Se muestran cada dos por tres. En algunos momentos aciertan (la muerte de un personaje a manos de una ametralladora Gatling es muy estética), pero más por pura estadística que por una planificación correcta.

Otra mecánica que resulta pesadísima es el uso de la "cámara en mano". Boll opta por que casi todos los planos den la sensación de estar grabados a pulso, como si el cámara fuera un personaje más o se estuviera registrando un documental. Ese recurso, bien llevado, puede funcionar bien. Así sucede en las series The Office o Misfits,pero aquí, simplemente, no pega. Además, se ejecuta de una forma tan exagerada (como queriendo decir, "eh, mira lo que sé hacer") que resulta doblemente cargante.

No todo es desastroso en la película. La música, a pesar de repetirse hasta la saciedad, captura muy bien el ambiente western e incluso invita al tarareo. Y hay algunos actores que lo hacen bastante bien. Lo triste es que esos únicos actores son los niños. Aparentar estar muertos de miedo con una soga al cuello en la que caben dos cabezas tiene su mérito. Y ellos lo hacen bien. Por cierto, una de las niñas, Jodelle Ferland, es la que interpreta a la temible Alessa en Silent Hill. ¿Se especializará en cine basado en juegos?

¡Ah! Por si os lo preguntáis, el film tiene poco que ver con los juegos, más allá de la propia Rayne, sus cuchillas y la presencia de la logia antivampiros de Brimstone. Los juegos nunca se han ambientado en el oeste y las coreografías cuerpo a cuerpo se han sustituido por los tiroteos. Tampoco creemos que le importara a nadie, incluida la propia desarrolladora, Majesco. De hecho, no hubo problema en dar luz verde a una tercera parte, que ahora nos toca evaluar. Ay, qué sinvivir...

Por cierto, si queréis ver nuestras críticas de las otras películas basadas en videojuegos, no os olvidéis de visitar nuestro especial Del juego al cine.

Valoración

Mezcla momentos de acción entretenidos con largas secuencias en las que los diálogos y los planos ralentizados nos cortan el rollo. Sobre el papel podría ser una buena película, pero está muy mal ejecutada.

Hobby

40

Malo

Lo mejor

Mezclar western y vampiros parece una idea divertida. La música no está mal.

Lo peor

Los "experimentos" estéticos de Boll se vuelven pesadísimos. Billy the Kid da penilla.

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