Análisis

Killzone 3 ataca desde su review

Por Óscar Díaz
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PlayStation 3 tiene su título insignia dentro de los juegos de tiros en primera persona. Se trata de una exclusividad total para la máquina de Sony y llegó hace un par de años. Sí, se trata de Killzone 2, uno de los más aclamados entre público y crítica. Una continuación que se quedó huérfana al perder la compatibilidad con PS2. Una montaña rusa de acción y munición que apenas dura unas horas, pero que es todo un espectáculo.

Uno de esos juegos que, a pesar de terminar una historia, deja sitio para una continuación. Pues de esto mismo va Killzone 3, de seguir una línea muy marcada e intentar no decepcionar a millones de fans que esperaban más y mejor. Algo que se cumple, según lo que busquemos.

La historia de Killzone 2 nos dejaba con un dictador derrocado y un mundo que tendría que recomponerse de alguna forma. Un imperio que osó conquistar al resto de pobladores de un universo bastante tosco, lleno de violencia y tonos grisáceos. Justo la base para algo más grande, como un nuevo caudillo que recogiera las tropas y valores restantes para levantar una gran campaña militar. Una trama siniestra que hiciera tambalearse las convicciones de los que han luchado en la guerra de ISA contra Helghast…

Pero no, en Killzone 3 nos encontraremos algo más mundano. Un planeta en ruinas donde todos lo tienen complicado. Los perdedores porque no tienen una guía clara y sólo les mueve la venganza o el instinto de supervivencia. En el otro lado, los vencedores, que observan desde lo alto o buscan una forma de volver con los suyos. Todo esto, en escaramuzas y escenas que apenas cuentan una historia. Un caos de testosterona, valor, plomo y escenarios espectaculares.

¿Dónde va a parar Killzone 3?

Aparte de viajar adelante y atrás en el tiempo, para contar una historia que despierta ya poco interés para quien superara Killzone 2, esta tercera entrega tiene momentos que merecen ser vividos. Cualquiera con la más mínima inclinación hacia los shooters en primera persona tiene aquí algo que le enganchará. Ya sea la forma en que se sienten las armas, que se transmite hasta las articulaciones, o el ángulo de la cámara, que abruma sin agobiar, Killzone 3 bebe de los mejores del género.

Cada misión tiene un desarrollo que nos mete perfectamente en la acción. No faltan las escenas en que nos quedamos con la boca abierta y hasta tenemos compañeros que nos apoyan cuando hace falta. La variedad, que tanto se echaba de menos en Killzone 2, se ha convertido en lo habitual para este tercero en la serie. Ahora nos veremos las caras con los Helghast en zonas nevadas, húmedas, boscosas, instalaciones militares o, incluso, en el espacio.

Esta diferenciación ya nos deja claro que no se trata de una expansión para el segundo juego de la saga. Pero la falta de un hilo argumental, de unos personajes con los que realmente nos identifiquemos y de un enemigo al que queramos superar para llegar al final, hacen que Killzone 3 se quede cojo en ambientación. A esto se unen algunos efectos gráficos que rompen la magia de una acción muy intensa, con pausas que sobran cuando un juego se instala en un disco duro.

Pero, ante todo, este título es espectáculo. Las tres armas que podemos llevar encima incluyen un amplio arsenal donde pronto encontramos una combinación favorita. Cada disparo cuenta y, sobre todo en los modos más difíciles, sentiremos que estamos en una guerra. La desesperación de los enemigos se contagia a cada segundo. Podremos dejarnos un cargador en un objetivo para, segundos después, descubrir que era mejor repartir las balas con los demás enemigos. Morir en Killzone 3 se convierte en algo habitual que, por un lado, hace que nos metamos más en el papel de superviviente. Pero, por otro, pone de manifiesto que la inteligencia artificial aún usa las mismas artimañas que en la anterior entrega de la serie para PS3.

Enfrentarse a un engendro mecánico de gran tamaño o meternos en un mech para repartir de lo lindo, son esos detalles que hacen de Killzone 3 una experiencia variada. Una que, en la mayoría del trayecto, nos lleva por un camino ya fijado. Esto es algo que no molesta en exceso, debido a que el diseño de los niveles nos hace disfrutar a cada paso. Paramos, pensamos cómo pillar al enemigo por la retaguardia, averiguamos en qué número llegarán, vemos que los parapetos no nos cubren lo suficiente… hay un hueco para la táctica, aunque todo parezca reducirse a cubrirse, avanzar y disparar.

Además, aunque en contadas ocasiones, tenemos un jetpack que da otra perspectiva a este Killzone. Bien es cierto que se le saca poco partido, ni siquiera está de base en el multijugador, y las cosas son demasiado sencillas cuando lo usamos. Aún así, ver a los Helghast caer y contemplar los niveles desde el aire es una delicia.

De la mano con Guerrilla Games

Si hay algo que nos ha dejado una sensación algo agridulce es la gama de niveles en los que nos limitamos a apuntar y disparar. Las armas de posición se han convertido en una marca de Killzone 3. Estas han dejado de lado la posibilidad de investigar unos escenarios muy detallados y que se sitúan entre lo mejor que hemos visto para PS3. Sin embargo, limitarnos a observar el decorado mientras los enemigos caen y las explosiones llenan la pantalla se nos antoja de otra época. De cuando no había potencia para más. Eso sí, es necesario reconocer que no deja de ser divertido y, estos niveles, son suficiente justificación para la compatibilidad con PlayStation Move o, mejor aún, el SharpShoter.

La base tecnológica de Killzone 3 es otro de sus puntos distintivos. Usar Move o activar las 3D estereoscópicas es algo que distingue a este juego y a PS3 de la competencia. Pero la forma en que están implementadas ambas opciones se nos ha quedado corta. Por un lado, el control con Move nos ha costado mucho a la hora apuntar más allá de lo que hay frente a nosotros. En el otro campo, el de las pantallas 3D, tampoco la experiencia es tan completa como esperábamos. Además de ofrecer una única opción de imagen, con un porcentaje para variar la profundidad del efecto, las sensaciones son inferiores a lo que experimentamos con, por ejemplo, Motorstorm Apocalypse.

Donde sí brilla Killzone 3, con mucho que decir en este campo, es en los modos multijgador. Con una opción para jugar en cooperativo, en la misma consola, parece que esta entrega recoge lo mejor de las anteriores y lo mezcla con todo aquello que disfrutamos en juegos como Call of Duty, Battlefield Bad Company, Gears of War 2 o Team Fortress 2. Tenemos grados por los que ascender y cinco clases que se diferencian enormemente. Desde un ingeniero que coloca ametralladoras de posición hasta una clase médico que da mucho juego. Hay para elegir y, aunque no requiere de una especialización muy estricta, las partidas bien organizadas nos proporcionan muchas horas de diversión.

Además, como pasa en el modo historia, la variedad también se ha hecho hueco en el multijugador. Tenemos, incluso, partidas en las que pasamos de objetivos concretos, como capturar la bandera, a batalla por equipos y otras modalidades que cambian cada pocos minutos. El resultado es un caos dentro del orden y toda una experiencia que promete ser lo más interesante dentro del juego online en PS3. Como colofón, además, también hay misiones para varios jugadores, con escenas cinematográficas que las convierten en una mezcla de multijugador y modo historia, para terminar nuestras sesiones nocturnas con algo más… colaborativo.

Valoración

Casi como una expansión, a base de niveles sueltos pero muy cuidados, este Killzone esconde el mejor multijugador del momento para PlayStation 3.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

Los modos multijugador son un compendio de buenas intenciones.

Lo peor

La historia es más bien un epílogo innecesario que apenas avanza sobre lo que ya sabíamos.

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